El mercante griego de 2.400 años cambia la historia naval del mundo antiguo

El mercante griego de 2.400 años cambia la historia naval del mundo antiguo

Publicado por el Oct 23, 2018

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CONÓCETE A TI MISMO 

    Los lectores del «Vellocino de Oro», de Robert Graves, hemos viajado con los remotos exploradores griegos costeando las orillas del Mar Negro, escrutando con ellos los augurios, peleando y recuperando la célebre reliquia en Cólquide. Ellos eran los campeones que inauguran la literatura de viajes occidental, los argonautas, quienes empuñaban los cincuenta remos del pentacóntero a los que se sumaba la fuerza de la vela y las ansias por hendir el horizonte. El mercante hallado intacto este 2018 por los arqueólogos en el Mar Negro es muy posterior. No procede de la generación de los argonautas, ni de la siguiente, la de Ulises, aunque se parece más a los barcos que decoran con escenas de la Odisea los delicados jarrones griegos.
    En Delfos, Apolo alentaba a los mortales a conocerse a sí mismos y pocos objetos aportan hoy más datos que los yacimientos submarinos para el conocimiento de nuestros orígenes culturales, ampliamente estudiados en otros campos. El mar preserva los naufragios durante milenios, como en esta ocasión hemos comprobado de manera asombrosa, y permite conocer detalles que no han sobrevivido en nuestros museos. El pecio es una cápsula de tiempo, una fotografía de una época completa, que rellena zonas desconocidas de la historia. Un barco se hunde con huellas nuestras, de guerra, comercio, aventura o miedo: lo que somos. Ocurrió con los griegos y con los viejos navegantes españoles.
   Celebramos en 2019 el quinto centenario de la primera circunnavegación al mundo, española, la de Juan Sebastián Elcano. La nación desde la que Colón se aventuró al oeste y puso en marcha la primera globalización tiene mucho que decir sobre la historia del mundo. La pregunta pertinente es si España tiene voluntad de adquirir ese conocimiento sobre sí misma y su grandeza, con investigaciones sobre el pasado compartido con América en México (el Juncal) o en Colombia (el San José) o si, como parece ya, el Gobierno solo está para alimentar y financiar a quienes niegan tanto la historia como la grandeza.

“Esto va a cambiar nuestra manera de comprender la construcción y navegación marítimas en el mundo antiguo“, ha declarado John Adams, el arqueólogo director del MAP Black Sea, que halló en las costas de Bulgaria un mercante griego de 2.400 años de antigüedad, totalmente intacto. ¿Por qué? Métodos de construcción, objetos relacionados con el comercio de la constelación de ciudades estado que la Grecia clásica extendió a oriente y occidente. ¿Quién sabe?

 

Era un barco con remos y velas, exactamente igual al que decora los jarrones y cráteras de la antigua Grecia. Tenía 23 metros de eslora (largo), y naufragó cuando Pericles tenía quince años, según los análisis de radiocarbono. Eso es treinta y tantos años antes de que empezaran a construir el Partenon en Atenas. Para llegar al Mar Negro tuvo que cruzar el Helesponto, hoy estrecho del Bósforo, pasando cerca de las ya entonces ruinas de la vieja Troya, que llevaban siglos apagadas. Y una vez allí continuar su ruta comercial. El mercante naufragó, tal vez, en mitad de una tormenta con una tripulación de entre 15 a 20 marinos. Los arqueólogos de la Universidad de Southampton lo han encontrado intacto, 2.400 años después.

El maderamen está posado sobre el fondo del mar, a casi dos mil metros de profundidad, en una zona donde ya no llega la luz y el agua tiene apenas oxígeno. Por eso se ha conservado intacto, semienterrado en el lecho arenoso y, cosa inaudita, con el mástil aún en pie, señalando a la superficie. Los arqueólogos del equipo que dirige John Adams estaban asombrados: es el pecio intacto más antiguo que se conserva. El lugar del naufragio está hoy frente a las costas de Bulgaria.

Los expertos del llamado Proyecto Arqueológico Marítimo del Mar Negro (MAP, en inglés) localizaron la nave mientras inspeccionaban una zona de 2.000 kilómetros cuadrados en el mar Negro. Día y noche, han dirigido sus equipos de sónar y vehículos remotos (ROVs). En tres años han encontrado más de 60 barcos naufragados, de casi todas las épocas. Es el cementerio marino del Mar Negro, que ahora espera estudios más específicos. De momento, este carguero, idéntico al barco que representaba en el conocido como jarrón de las Sirenas conservado en el Museo Británico, una cerámica que describe a Ulises atado al mástil de su barco mientras resiste la atracción mortal del canto, permanecerá intacto. Tan solo se tomó una pequeña muestra para datar los restos.

El proyecto es un ejemplo de las posibilidades de la tecnología aplicada a la arqueología subacuática, ya que utilizaron equipos que han estado tres años peinando las profundidades del mar con sensores para aguas profundas y a control remoto, capaces de tomar imágenes de alta definición con alcance de dos kilómetros.

El timón y los bancos de remo de este mercante permanecen intactos, según los expertos, como si esperasen nuevos remeros entre las sombras. «Es como de otro mundo», declaró Helen Farr, parte del equipo de expedición, a la BBC. «Cuando el ROV baja y puedes ver aparecer este barco tan perfectamente conservado, sientes como si te transportaras en el tiempo», relató Farr al describir el momento del hallazgo.

«Está preservado, está seguro. No se está deteriorando y es poco probable que atraiga a cazatesoros», agregó. Se estima que la embarcación es del año 480 a.C. y todavía se desconoce cuál era su carga, según los arqueólogos, que admitieron necesitar más financiación para volver al lugar para proseguir la investigación.

John Adams buceando a 94 metros en otro pecio hallado en el Mar Negro

«Como arqueólogos, estamos interesados en lo que pueda aportar sobre la tecnología, el comercio y los intercambios en el área» en aquel tiempo, según la experta. El investigador principal del proyecto MAP, John Adams, se ha mostrado asombrado por el hallazgo del pecio. «Un barco que haya sobrevivido intacto desde la época clásica, yaciendo bajo una capa de agua de dos kilómetros, es algo que yo nunca habría pensado que fuera posible», enfatizó el científico. «Esto va a cambiar nuestra manera de comprender la construcción y navegación marítimas en el mundo antiguo», añadió. Maneras de comprender. De conocer.

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