El rescate de Lord Clive, una historia rocambolesca

El rescate de Lord Clive, una historia rocambolesca

Publicado por el Jul 8, 2017

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Por Yago Abilleira Crespo

 

Unos meses atrás se publicaban numerosas noticias en los medios anunciando el rescate del, cómo no, mayor tesoro de la historia de América del Sur, que descansaba en las bodegas del buque Lord Clive cuando éste naufragó en la parte uruguaya del Río de la Plata. Cuanto más informaban los medios, en ocasiones, más aumentaban los disparates. Así que, con paciencia, me puse a investigar qué había de cierto, qué tenían planificado de cara al futuro… y así, dato a dato, fue naciendo este artículo para Espejo de Navegantes. Para la parte histórica acudí a una fuente anterior a las noticias del rescate, para evitar que las mismas condicionaran el desarrollo del mismo. La bibliografía, Incendio y naufragio del Lord Clive de Adolfo Kunsch Oelkers y Juan Antonio Vaerse fueron dos interesantes primeros pasos.

Incendio y naufragio del Lord Clive. Historia y Patrimonio. Adolfo Kunsch Oelkers

Fotografía satélite de la desembocadura del río de la plata, cementerio de barcos de todas las épocas, como no, también del Lord Clive.

 

Los orígenes del Lord Clive

            Este buque era el antiguo navío de guerra inglés de 60 cañones HMS Kingston, conocido por participar, entre otras, en la Batalla de Barú (Colombia) donde se hundió el famoso galeón San José, que tan de moda se encuentra ahora, escapando por los pelos el San Joaquín del referido HMS Kingston. Sin embargo, y esto es un punto importante, en 1762, tras 65 años de servicio, la Royal Navy decidió venderlo a la East India Company, que lo rebautizarían como Lord Clive. El motivo de la venta no era otro que ayudar en la Expedición a Buenos Aires. Perdió así su condición de Buque de Estado, pasando a ser particular, por eso Reino Unido no se ha inmiscuido en este asunto, ya que el barco no les pertenecía.

 

La Expedición a Buenos Aires y el naufragio del Lord Clive

Aprovechando la coyuntura de la Guerra de los Siete Años, Inglaterra y Portugal decidieron en 1762 hacer una expedición de saqueo (tal cual) contra Buenos Aires, en el Río de la Plata (actual frontera entre Argentina y Uruguay, por aquel entonces frontera entre los reinos de España y Portugal), usando como bases las posiciones portuguesas. Lo curioso es que esta expedición no era gubernamental, si no que partía del capital privado de la East India Company. Se reunieron 60.000 libras, que se usaron en comprar a la Royal Navy el HMS Kingston y la fragata HMS Ambuscade, acondicionarlos y avituallarlos. Luego se les uniría la fragata pesada portuguesa Gloria.

Retrato de Pedro de Cevallos. Envíado por Carlos III, llegó a Montevideo el 20 de abril de 1777, donde dividió la flota de guerra, quedándose con 4 fragatas y algunos barcos menores para operar en el río de la Plata…

Para ahorrar tiempo y espacio, baste decir que el 6 de enero de 1763 el Lord Clive acabó incendiado por los cañonazos disparados desde la fortaleza de Colonia de Sacramento, ciudad portuguesa recién tomada por los españoles liderados por el gran militar gaditano Pedro de Cevallos, quien también dirigió la defensa ante la flotilla corsaria.

El incendió comenzó a las 4 de la tarde y, debido al calor y sequedad (en Enero es Verano en el hemisferio Sur), se propagó rápidamente, de modo que apenas unos minutos después el navío era una inmensa hoguera. Curiosamente, parece ser que las anclas funcionaron en todo momento, manteniendo el buque la misma posición que adoptara para el ataque. Durante 4 horas continuó el terrible incendio, consumiéndose casi todo el casco pues, al volatilizarse las superestructuras la línea de flotación bajaba, quedando expuesta al fuego una mayor superficie. Finalmente, a las ocho de la tarde se inflamó la santabárbara (depósito de la pólvora) que estaba en la parte más baja del barco (para evitar los cañonazos enemigos y poder inundarla en caso de fuego a bordo).

Es muy importante analizar cómo fue la ignición de la santabárbara, pues no hubo una explosión, si no una gran llamarada que obligó a los defensores españoles a cubrirse la cara del calor que producía, pese a estar a unos 400 metros de distancia. Para que esto fuese así tuvieron que darse dos circunstancias: La santabárbara ardió de arriba hacia abajo y fue “a cielo abierto”, es decir, la deflagración no encontró obstáculos en su vertiginosa ascensión. Todo esto quiere decir que el Lord Clive se quemó casi entero y, cuando la cubierta de la bodega se desmoronó por el fuego, los rescoldos prendieron la santabárbara.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, y que el navío aún continuó en llamas un rato a mayores hasta que se hundió, es obvio que se consumió casi por completo, quedando sólo la parte inferior del casco. Por no hablar de las altas temperaturas alcanzadas, que seguro podrían haber fundido buena parte del metal como el plomo y el bronce que se encontraba a bordo.

Fotografía del río e la plata desde el ISS

Imagen de detale de una de las crecidas del caudaloso Río de la Plata

Tras el naufragio

Dos semanas después del ataque, tras asegurarse de que los corsarios se habían marchado a Brasil, Pedro de Cevallos ordenó recuperar todo lo que fuese posible del Lord Clive, como siempre se hacía tras el desarrollo de un trágico naufragio. Al reposar el pecio a muy poca profundidad, seguro que se rescató numeroso material, como era habitual,  parece ser que incluso existen los diarios de dichas inmersiones, pero también parece ser que nunca han sido consultados.

Se dice que tras dar por terminados los trabajos de buceo se arrojaron grandes piedras sobre los restos, para impedir su aprovechamiento por los portugueses, pues el Tratado de París de 1763 obligaba a España a devolver Colonia de Sacramento a los portugueses, quedando los restos bajo su jurisdicción. Lo de arrojar piedras sobre un hundimiento es algo de lo que que ya se tiene referencia en otros lugares, como en la Batalla de Rande (Ría de Vigo, 1702), aunque en este caso se ha demostrado que era falso. Por lo estudiado, la operación de sepultar los restos de una nave, es una operación lenta, complicada y costosa, por lo que estimo difícil la misma. Creo que los rumores sobre esta operación viene dada, porque en el pecio se observó que en sus capas superiores se alineaban un buen número de piedras, podría ser en realidad lo que llamamos el lastre del pecio, al consumir las provisiones y dejar la bodega medio vacía, seguro que quisieron “lastrar” bien el barco para navegar con garantías por las traicioneras aguas del Plata.

 

También hubo rescates modernos, incluyendo lo que se dice que fue la aparición de “la pala del timón”, así como una expedición con buzos allá por los 60 que extrajo algunos materiales. Obviamente desconocemos los datos de las intervenciones ilegales, como siempre ocurre en el anónimo expolio, que pudieran haber existido y que seguro ocurrió.

Por último, es preciso indicar que, durante las grandes sequías, el caudal bajaba tanto que los restos del Lord Clive asomaban a superficie y quedaban en seco. Ello era aprovechado por la gente para extraer piezas, como está documentado.

 

El rescate del Lord Clive por Rubén Collado

Rubén Collado tuvo durante años el permiso para explotar el yacimiento. El Señor Collado es un caza-tesoros famoso por recuperar monedas de oro de la fragata Nossa Senhora da Luz en el Plata. Sostiene que, antes de su último combate, el Lord Clive habría apresado a varias embarcaciones y obtenido un gran tesoro (el mayor de América del Sur) que guardó en sus bodegas, pese a que sólo aporta como pruebas unos extractos de la “Gaceta de Francia” que no son muy fidedignos. Él mismo ha creado un blog donde se pueden ir siguiendo sus avances, aunque no hay novedades desde hace tres meses. El plan de rescate lo han hecho público, es más, incluso hicieron un vídeo para su difusión que, en mi opinión, roza el absurdo.

Suponen al barco totalmente intacto (pese a que fue consumido por el fuego), salvo por los agujeros que le ocasionaron los cañonazos, bajo las piedras que supuestamente “les pusieron los españoles” sobre el mismo, para evitar que reflotase. La idea es quitar “el lastre”, toda aquella moles de piedras que lo cubría y penetrar en el interior “por la cabina del Capitán” (son sus palabras) e ir taponando los agujeros con plomo fundido (bajo el agua, lo que no deja de tener su guasa) para ver si así “flota solo”. Evidentemente, también suponen que el sedimento no se ha depositado en su interior, y que es accesible, cuando la realidad demuestra que los pecios enseguida se inundan de sedimentos.

Si aún así no flotase, bastaría con cavar una zanja hacia abajo, pasar unas eslingas por debajo del pecio e izarlo… Por supuesto, en el fango no hay derrumbes y se puede excavar verticalmente, ni el agua rellena las zanjas con sedimento ni hay rocas que dificulten la excavación. A este propósito se demostrado con los galeones de Rande que la madera modifica su estructura molecular, popularmente conocido como madera que se “ablanda” al estar bajo el agua y que, al izar los pecios,  posiblemente se podrían desmoronarse ante el peso a soportar (los testigos lo comparaban con explosiones). Pero debe de ser que en el Río de la Plata las cosas funcionan de otra manera.

Como se puede ver, el soporte histórico y el asesoramiento técnico es inexistente. Y sobre la excavación arqueológica y estudio de los materiales, ni una palabra.

El Gobierno uruguayo ha puesto fin recientemente a las concesiones de explotación de patrimonio subacuático. Lamentablemente los inversores no lo han visto tan fácil y Rubén Collado se lamenta de que no haya logrado los cinco millones de US$ que necesitaba para el proyecto.

 

La escuela que se fundó con un tesoro

Es sabido que los caza-tesoros recurren al manido argumento de que con las riquezas recuperadas de los naufragios se podrían hacer muchas obras sociales, y siempre mencionan una escuela que se fundó gracias a Rubén Collado. No ha sido fácil comprobar esta historia, pero ha resultado ser cierta. En Marzo de 1993 se vendió en Shoteby’s de Nueva York el tesoro del Nossa Senhora da Luz por unos 3 millones de US$, que se repartieron al 50% entre el Gobierno uruguayo y Rubén Collado. Con su parte, el Gobierno construyó el Instituto (Liceo le llaman allí) de San Carlos nº2 en Maldonado. Lo llamativo de este centro es su escudo, formado por: un libro, el famoso molino de San Carlos… y los restos de un naufragio con una pila de monedas de oro. El mensaje que se está dando a las futuras generaciones es bastante obvio: Naufragio = oro.

Escudo del Liceo n2 de San Carlos, obsérvese las monedas de oro y los restos de un galeón.

A este respecto baste indicar que, al ser su dinero, el Gobierno uruguayo tanto podía hacer un centro de enseñanza como comprar armamento militar. Es cierto que se fundó una escuela con la venta del tesoro, pero también lo es que fue así por decisión política, pues no estaban obligados a nada. Otra cuestión bien distinta sería que, con su parte, el contratista construyese el instituto, que no fue el caso.

 

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