“Tesoros y naufragios”. Pecios Españoles; la principal Diana de los cazatesoros en el mundo (I)

“Tesoros y naufragios”. Pecios Españoles; la principal Diana de los cazatesoros en el mundo (I)

Publicado por el May 3, 2013

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Mapa de California y su isla. 1650 aprox.

Mapa de California y su isla. 1650 aprox.

Cuanto hemos tenido que escuchar desgraciadamente la palabra “cazatesoros” durante los últimos tiempos. Sin embargo, estos “ladrones de la historia” han depredado el medio marino desde hace años y han hecho un daño irreparable a nuestra historia, y es que España es un caso excepcional en materia de patrimonio arqueológico submarino y como tal debería ser tratado y ocupado el asunto. Miles de sus pecios, es decir barcos que enarbolaban bandera de la corona Española en el momento del naufragio, se hundieron diseminados en los siete mares del mundo. No todas las naciones tienen ese rico pasado en patrimonio, fiel reflejo del esplendor de su cultura y hegemonía marítima, por lo que este es un debate que lógicamente debería interesar y muy  mucho a España por las consecuencias y el significado que posee. Deberíamos dejar atrás de una vez esa triste y gran verdad de que nuestro país “vive de espaldas al mar”. En muchos casos, y como nos ha mostrado recientemente el caso de Odyssey y la fragata “Mercedes”, la historia y la arqueología “aún están vivas”. La historia tiene esa capacidad de volver del pasado con toda la autenticidad que atesoran esos viejos vestigios en forma de pecios que yacen en el fondo del tiempo y de los mares, para ser actualidad y presente. Derechos, por supuesto obligaciones y jurisdicciones. Allí han estado y estarán. Miles de Naufragios de extraordinario valor científico e histórico que se desparraman entre el rosario de corrientes, derrotas y puertos que los navegantes Españoles descubrieron, construyeron y siguieron durante siglos. Oficiales, marineros y gentes de toda índole perecieron en aquellas tragedias dando su vida en acto de servicio, en otros casos por la esperanza de conseguir una vida mejor, y que tras la tragedia del naufragio, reposan desde hace siglos en los fondos marinos, entre el silencio y el frío; como ya en su época daba cuenta Lope de Vega.

 Por el Océano, pues

de Poniente caminaba

cuando una tormenta fiera

mi seso y nave arrebata

Cartografía

Theatrum Orbis Terrarun. Atlas Mayor

Y del momento del naufragio al lecho marino, y dependiendo de la latitud, a mayor o menor profundidad. Al silencio y la quietud, hasta que llegaron los cazatesoros para buscarlos, localizarlos y expoliarlos por intereses exclusivamente mercantilistas y económicos a lo largo y ancho de todo el mundo. Esa ha sido la gran lacra que ha tenido que soportar la ciencia y los intereses Españoles. Así tuvimos la oportunidad hace unos años de reflejar esta reprochable e innombrable “cacería” de la historia en “El problema de los cazatesoros sobre los pecios de pabellón español en el mundo. Historia de un expolio”. Una triste historia ante la cual nuestra historia ha sido la gran víctima y “diana de estos piratas a lo largo de los años”.    

Hasta principios del siglo XX, ese “mar de pecios” estaban protegidos para la ciencia y para la humanidad, por los sedimentos y la inaccesibilidad de los lugares en los que se encontraban, tal y como ilustra muy acertadamente la UNESCO con su definición de “cápsulas del tiempo”. El espíritu de esta convención se alía con los intereses hispanos y de la cooperación científica entre países, latinoamericanos, filipinos, australianos, etc. Donde se trata de dar “luz” y poner en común, para sus ciudadanos y el mundo, lo que unos pocos y de manera completamente privada y “secreta”, disfrutan para sus colecciones particulares o el mercado negro. Se trata de un intento general e internacional de poner freno a la actividad de los cazatesoros; es en esta misma casa donde nos encontramos con una magnífica descripción que de manera sencilla y rotunda que los define como los “ladrones de la historia”. Es así de simple, en cada una de sus actuaciones que denominan “rescates”, destruyen uno tras otro los principios de la arqueología de documentación, investigación y conservación. En el caso de los pecios de la corona Española son unos abusivos ladrones que llevan siglos robando y destruyendo nuestro pasado de manera sistemática. Nuestra cultura ha sido la principal meta de los cazatesoros por una simple razón, nuestros barcos en sus bodegas transportaron durante siglos cantidades ingentes de oro y de plata. Principal motivo de atracción de estos depredadores, la codicia que el oro aún sigue arrastrando a pesar del paso del tiempo. Es una lectura que deberíamos tener muy en cuenta desde España por diversas razones, su burda actuación (en ocasiones les ha llevado incluso a dinamitar las bodegas de los pecios con tal de llegar directamente a la masa de metales preciosos de forma rápida) les lleva a destruir y contaminar para siempre el yacimiento arqueológico; complejos sistemas de arquitectura naval que reflejaban lo mejor de la ingeniería, la intelectualidad y el I+d+i de un pasado histórico que emergía de las arcas de las monarquía hispánicas y del entorno Europeo, tal y como no recuerda Filipo de Castro, arqueólogo e historiador del INA de Texas relata con amor y pasión cada vez que puede la complejidad tecnológica de estas naves hispanas. “Los barcos Españoles eran las máquinas más sofisticadas de su tiempo”.

Diccionario de Arquitectura Naval Antigua y Moderna de Juan José Navarro de Viana y Búfalo (1687-1772), primer Marqués de la Victoria

Diccionario de Arquitectura Naval Antigua y Moderna de Juan José Navarro de Viana y Búfalo (1687-1772), primer Marqués de la Victoria

Y estas máquinas tan sofisticadas eran el reflejo de una sociedad, una historia, una tecnología, una forma de concebir el mundo que a día de hoy, en muchos casos, desconocemos por completo para la arqueología. El problema es el siguiente; mientras son contadas las excavaciones arqueológicas sistemáticas (incluidas su publicación y difusión) que se han realizado en el mundo sobre galeones de esta época, (de hecho se pueden contar con los “dedos literalmente de una mano” y siempre bajo la dirección y responsabilidad de equipos extranjeros, como son el en caso de; los suecos Vassa, el reciente Mars con sus espectaculares resultados o el Kronan , este último recientemente estudiado por Lars Einarsson por la importancia que tiene para relatar la historia naval de su pais, o la investigación arqueológica que permitió conocer mejor a los arqueólogos británicos el diseño y la construcción naval de la Inglaterra de la época Tudor, -rivales hegemónicos de la mar por aquel entonces con el Reino de España- con la intervención sobre otro barco señero para su país, la nave de Enrique VIII, el “Mary Rose” , que ahora se impulsa como museo marítimo en un país de importante tradición marina como es Inglaterra) , nos encontramos por otro lado, con la destrucción sistemática de yacimientos arqueológicos por parte de  estos “piratas del siglo XX”, en los lugares más insospechados del mundo donde suelen llegar siempre antes que los arqueólogos. Precisamente este domingo nos levantábamos con una noticia muy recurrente. La Guardia Civil comunicaba  la posible existencia de un galeón desconocido para las autoridades y en proceso de expolio en nuestras costas. Desgraciadamente es muy normal asistir a este triste espectáculo, el del arqueólogo atónito por la joya histórica que contempla bajo las aguas, mancillado por la acción vil de los piratas de la mar. Ocurre en multitud de ocasiones, y si no que se lo digan a Carlos León Amores, al excavar en Nuestra Señora del Guadalupe en la República Dominicana. Antes de sumergirse con el método científico en su área de trabajo, se encontró con el “patatal” que la compañía de cazatesoros había dejado en aquel vestigio histórico al agujerear aquí y allá la superficie del pecio en busca de “cualquier cosa vendible” .Aquel pecio estaba ya destruido irremediablemente para la historia.

Los resultados de esta acción tan dañina para la arqueología y la Ciencia son de dimensiones terribles. Siempre y desde hace decenios, han puesto en evidencia  a nuestro país  por la impunidad con la que han trabajado, la forma, su difusión y en el tiempo en el que lo han hecho. En definitiva, allá donde sabían de la existencia de oro, allí siempre han estado ellos. Ante esto cabría preguntarnos ¿Por qué es así?, y ¿Por qué los responsables de los gobiernos (y principalmente el de España por ser su legado cultural) no hemos impuesto su hegemonía sobre estos intereses culturales desde hace decenios?, ¿Por qué hasta el momento no se ha dado ejemplo a estos cazatesoros excavando científicamente y difuniendo los resultados de investigación a nivel mundial sobre estos estos navíos?, ¿Por qué la actuación ilícita de los cazatesoros ha estado impune para la justicia durante tantos años?. El caso es que pocos conocemos fruto de excavaciones de estos galeones de las monarquías hispánicas. Si sabemos sin embargo que estos siempre han sido “la diana de los cazatesoros” desde hace mucho tiempo. A  pesar de que para la sociedad en general, la historia de los “cazatesoros” se ha conocido de forma popular a raíz del caso Odyssey, verdadero punto de inflexión sobre el asunto del expolio e incluso del descubrimiento de la arqueología subacuática de nuestro país, la triste verdad es que esta lacra, la hemos sufrido y seguimos sufriendo a día de hoy a lo ancho y largo del mundo.

La cosa ya viene de lejos. A mediados de siglo XX, en las limpias aguas de los cayos de Florida era posible ver los restos de los galeones hundidos por los temporales desde la misma superficie. Maderamen, cañones de artillería y demás historia propia de un pecio afloraba apenas unos metros por debajo. Teddy Tucker, considerado como uno de los padres de los cazatesoros, es un ejemplo de ese “sueño americano del pelotazo” a costa de los doblones y las barras de a ocho de oro Españoles. Si vivías en la Florida y tenías un equipo de buceo, explorando en tus vacaciones podías tener un golpe de suerte y hacerte simplemente millonario. No hacía otra cosa diferente que su verdadero predecesor, Asa Tift  conocedor de la cantidad de naves Españolas que se hundieron en la zona de Florida y “el mayor rescatador” para ellos del siglo XIX. El señor Tift, ya en el siglo XIX hizo sencillamente de “su modus vivendi” aquello de encontrar pecios Españoles. Nutría de sustrato al sueño Americano de “robar galeones Españoles” Y si esto del Mito de los galeones cargados de oro comienza en Florida (en Tampa tienen puerto y base las más legendarias de ellas -por supuesto nuestros astutos “amigos” de Marine Odyssey Explorer-), es allí donde en nuestro subconsciente colectivo queda grabada con una imagen, la de un sonriente buceador que sostiene en sus manos las cadenas de oro más grande que uno ha podido ver en su vida, objeto de la rapiña de Mel Fischer al descubrir el Nuestra Señora de Atocha y el Santa Margarita.De nuevo dos galeones de las flotas Españolas y de nuevo ese mito del oro Español al alcance de cualquiera (su imagen de buscador de oro exitoso sirvió de inspiración para hacer incluso una película llamada “Sueño de oro, la historia de Mel Fisher”).Su saga ha dado luz a un notable merchandising sobre dicho patrimonio, donde puedes comprar monedas de plata del yacimiento, e incluso bucear en el Nuestra señora de Atocha cuando vayas por allí de vacaciones, acompañada con la bucólica estampa de una buceadora con una supuesta esmeralda en la mano. ¿Quién no conoce la extraordinaria historia de este “granjero de pollos” metido a “buscador de tesoros” en las aguas de Florida?. Del estilo eran las aventuras de otro amigo de Fisher, un tal Kip Wagner, con el cual se dibujaban los repartos de pecios Españoles sobre los que extraer oro y plata allá donde lo encontrasen. Un objetivo común era República Dominicana, sobre los llamados “bajíos de la plata” en donde ya se tenían noticas de hundimientos Españoles, pero donde Kip realmente alcanzó fama y dinero fue con los pecios Españoles de la Urca de Lima y el San Pedro de la flota de 1733. Curiosos resultan los nombres de sus compañía “Royal Eight”, en relación a los reales de a “ocho” que transportaban las bodegas de las naves Españolas, y verdaderamente significativo el nombre que escogieron para “reventar” los pecios en una peculiar  nave llamada “Derelict”, “La abandonada”. De abandono precisamente es  la situación en la que todos los cazatesoros siempre han denunciado para “justificar” su acción depredadora. Abandonados, y por tantos disponibles para la ley de los marinos que dice “Es del que lo encuentra”. Y claro, de ahí a la presunción que los Estados abandonan a sus naves y por tanto ellos tienen derecho a actuar sobre los mismos. Tal es la declaración de uno de los miembros más destacados que defiende la actuación de los cazatesoros, Paul Horan, que incluso llega a ir más allá al declarar que los derechos de las mercancías se depositan aún a día de hoy sobre los herederos en vida, tendiendo derechos sobre los mismos, lo que podría volverse en perjuicio de la arqueología y la titularidad de los Estados. Tratan la mercancía de manera separada al pecio porque tan solo les interesa el metal precioso de los mismos. No ven al pecio como un conjunto arqueológico, como una historia, como un yacimiento que protege la ley…

Pecio

Proa del Pecio Santa Teresa

Y de un extremo a otro del mundo, que fue por donde navegaron los pecios Españoles nos encontramos siempre con este tipo de casos, muy numerosos siempre y en casi su totalidad, anónimos, tan solo conocemos la punta del iceberg de estos expolios. Y no sólo en lejanas y exóticas aguas se llevaron a cabo actuaciones en contra de los intereses Españoles. En Irlanda, en el seno de Europa, la nave “Gerona” procedente de la “Armada Invencible“, también fue  objeto de “historias de cazatesoros”.El temporal la hizo zozobrar cerca de Belfast hace siglos. Tras 6.000 horas de trabajo, se extrajeron de la misma miles de monedas de oro, cruces de Malta, una joya de la Orden de Alcántara, candelabros y cadenas de oro, etc, etc, etc. Robert Stenuit hablaba orgulloso de sus descubrimientos en programas televisivos y entrevistas allá donde se les reclamaba. El mito del galeón Español cargado de oro rebasaba fronteras hasta llegar a la misma Europa.

Era la época de oro de los cazatesoros y aquel negocio progresaba “adecuadamente”. El dinero fácil de estas “aventuras”, evoluciona a sistemas financieros más sofisticados (cotizando en bolsa entre otros) que les permiten ser más rentables, incluso utilizando la tecnología de exploración para fondos profundos (que facilita en todo momento la especulación, al tener medios de prospección submarino a profundidad del que no disponen los arqueólogos de este planeta por regla general) y así de esa manera, dar un salto cualitativo para convertirse en “Industria”. Es decir en una actividad que de pingües beneficios económicos en relación a la inversión realizada. Y en el momento en el que existe la posibilidad de dinero fácil, especulación y negocio, allá es donde comienza a fraguarse un “lobbie” de una industria que comienza incluso a presionar a “gobiernos”, normalmente de países subdesarrollados, con el fin de conseguir su fin. Expoliar, como hemos visto, ese barco de pabellón Español que siempre suele estar en sus costas de Filipinas, El Caribe, Sudamérica, Cabo Verde…

Representación de América.Theatrum Orbis Terrarun. Atlas Mayor

Representación de América.Theatrum Orbis Terrarun. Atlas Mayor

A todo esto, por aquellas fechas en España todo aquello sonaba a lejanas historias exóticas, y precisamente por ser “extrañas”, ni se las entendía, ni se conocían. De hecho y de facto se les trataba prácticamente como una “res derelictae”, como cosa abandonada. Esa ha sido la tendencia general en el siglo XX hasta la aparición del caso Odyssey. Parecía no importar aun su paradero ni su fin para nuestro gobierno, aquello eran “ruinas” que formaban parte de un imperio glorioso al cual ni tan siquiera interesaba mirar, por recelo, ignorancia, falta de medios y procedimientos. En materia de arqueología terrestre la cuestión comenzaba a regularse con la ley de patrimonio histórico de 1985, y por el caso que se “dio” (en forma de financiación y actuación) la cuestión submarina quedaba en segundo lugar en la norma y la investigación. Sin embargo los cazatesoros no perdían ocasión. Se organizan en lobbies, y comienzan  a contratar a documentalistas para que revisen de arriba a abajo los archivos Españoles y así localizar asientos que hablen de “naufragios con oro y plata”. De tal manera los archivos de Indias, Simancas o Viso del Marqués son la base de su posterior actuación delicitiva. La información sobre el paradero de estas naves hundidas era información vital para comenzar a trabajar en un barco en concreto. Basta recordar que El Archivo de Indias es la fuente más exhaustiva y completa de pecios Españoles en ultramar.43.000 legajos, 80 millones de hojas, 8000 mapas, ocho kilómetros lineales de estanteríasAsí es como en nuestros archivos determinadas personas llevan trabajando para el “mejor postor” desde hace cuarenta años. Muchos de ellos se jactan de su conocimiento, una labor cargada de erudición y conocimiento que les hace, irónicamente, desconocer y olvidar que trabajan para los intereses de compañías de cazatesoros, cuyo único objeto comercial es el saqueo de patrimonio cultural subacuático. Algo completamente prohibido por la ley en los países desarrollados.

Legajo. Archivo General de Indias.

Legajo. Archivo General de Indias.

Y así nos encontramos, mientras se reclama una atención especial a estas naves, los cazatesoros siguen a lo suyo. Siempre la astucia ha formado parte del ADN de estos piratas. Por contra, el desconocimiento y la desorientación de los que estaban llamados a tutelarla siempre se tornó en preocupante. Mientras los cazatesoros conocían muchos de nuestros naufragios desde hace años y a pesar de la importancia del asunto, en España aún no disponíamos de un listado completo y detallado de nuestros pecios en aguas de todo el mundo. Y así no sólo en nuestros archivos trabajan impunemente los cazatesoros durante mucho tiempo. Los cazatesoros necesitaban de estos documentos. El inicio del expolio de estos barcos  requiere de ese legajo que garantice su autenticidad. Sin su participación no era posible su posterior localización y lo más importante, su veracidad. Para ellos siempre ha sido un juego de niños, junto a la moneda de plata o de oro te entregan, a cambio de los dólares de rigor, un pergamino con la historia del naufragio, que casualmente era la extraída del archivo Español de turno. Así de sencillo. Así lo hizo Jerry Murphy, con la fragata de la época de Carlos III “El cazador“, para el cual era muy importante conocer la historia que rodeaba a aquel pecio encontrado de manera casual por este pescador de gambas en el Missisippi. Llegaron, lo rescatan, le dan difusión y lo disponen a la venta por los canales más directos, incluyendo e-bay. Y así mientras las monedas de la carga se venden por internet y coleccionistas particulares, nadie reclamó por parte de las autoridades su soberanía. Eran cosas del directo. Nunca sabremos cuantos pecios han sido destruidos así, sólo que nos llevan 30 años de ventaja y que para los cazaterosos la investigación archivistica es de una importancia vital para iniciar su actividad expoliadora. Y así de este modo, en esta cuestión tan controvertida de un mal uso de una información existente en nuestros archivos, ¿Cuantos pecios hemos perdido por la acción de estas informaciones provistas de dolo que le ponen en bandeja la localización y la carga de oro y de plata al cazatesoros?, ¿se puede acceder a una información consciente  de que van a ser utilizados para destruir patrimonio Estatal?.  También lo debería haber sido para los responsables administrativos de patrimonio. En relación a esta cuestión, especialmente y con detallado acierto son la propuesta de un lado de D. José María Lanchoabogado y especialista en patrimonio cultural subacuático, y de la RAH, a este propósito. El primero escenifica la necesidad de luchar contra los cazatesoros desde el derecho y en los tribunales para impedirles trabajar en cualquier lugar del mundo, impedidos por su propia naturaleza de un objeto de negocio que para las culturas desarrolladas es del todo ilícito, ya sea en el mar o en los archivos. Se trata de marcarlos expresamente “como empresas cazaterosos” que realizan actividades penadas por ley. De decir las cosas claras por su nombre. Si la ley prohíbe comerciar con patrimonio común de todos los ciudadanos y los países. Es una actuación ilegal-. En segundo lugar, y muy recientemente, el Viernes pasado, la Real Academia de la historia (RAH) de la mano de Hugo O´Donell volvía a poner “los puntos sobre las ies” respecto a un tema tan importante, como es el de imponer una “hegemonía” científica sobre una cultura de ultramar clave en la historia de España; como es todo o que rodea a los “pecios de época moderna”  (que recordemos ya criticó hace años (sobre la desidia y el abandono que sufrían) mediante su “Informe sobre la situación de la arqueología submarina en España“. Desde la RAH se volvía  a incidir en una cuestión bien sencilla y de sentido común, poner en el ojo de mira al “galeón”, mediante la protección e intervención de manera global sobre los mismos. Tras el caso Odyssey ocurrido en el 2007, era una oportunidad. Tampoco podemos olvidar que en este caso judicial, la documentación e informes procedentes del Museo Naval de Madrid (uno de los espacios más importantes del mundo en cuetión de la memoria y el pasado marítimo Español y Europeo) , y de la pericia de los estudios  de la época de Hugo O´Donell,  fueron claves en  materia cooperativa, en la batalla legal para recuperar la carga de “La Mercedes. Como decíamos al principio, la historia esta viva y vuelve, tras siglos de espera, al presente. Desde la Real Academia de la historia se deja bien clara su participación. El caso es que el revulsivo de la acción contra los saqueadores de “La Mercedes”, parece que han hecho cambiar algunos  vientos  en esto del patrimonio cultural subacuatico. Ya nos encontramos con sectores que reclaman organización frente a incuria (con esas palabras se refirió exactamente en su momento la representante de la comisión del Cultura del Parlamento Español en el diario de sesiones del mismo). En algunos casos, aún tenemos pendiente esta tarea, y fruto de esta situación también fue la elaboración del denominado “Libro Verde” por parte del Ministerio de Cultura para velar de una vez por todas sobre nuestro patrimonio cultural subacuatico. Magníficas intenciones sobre el patrimonio cultural que se estrellan en una época de crisis económica que impide llevar a cabo políticas culturales, que desde hace decenios tendría que haber tenido al pecio como principal protagonista. Curiosamente, precisamente es en esta materia donde somos una importante potencia mundial completamente desconocida. Había y hay que estar a la altura del reto. Y es así, que cuando en las aguas del mundo, tras 60 años de expolios anónimos, se agotaron los pecios localizados en aguas poco profundas, tocaba venir a aguas Españolas, donde aún se encontraban intactos por desconocer su paradero muchos de estos pecios de las flotas de Indias. Y es lo que hicieron, una vez expoliados los pecios de las aguas de medio mundo,  tocaba venir a uno de los “caladeros” más importantes del en galeones repleto de oro y plata. Nada más y nada menos que las Costas Españolas…

 

 

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