Mitos y leyendas sobre la vacuna de la gripe

Publicado por el Jan 31, 2014

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Durante el siglo XX, la gripe se ha mantenido en la población humana sobre la base de tres subtipos diferentes del virus de la gripe tipo A que han ido emergiendo sucesivamente. El subtipo H1N1, responsable de la pandemia de 1918, es el más antiguo que conocemos.

Nuestro sistema inmune resulta poco eficaz, en general, para evitar que el virus de la gripe nos infecte, y por eso sufrimos la enfermedad varias veces a lo largo de nuestra vida. El virus A (H1N1) se descubrió en abril de 2009 en Norteamérica, y 11 de junio de ese año se declaró la primera pandemia del siglo XXI debido a su rápida propagación geográfica y a los temores que generó por tratarse de un virus desconocido y con posibilidades de mutar. Sin embargo, conforme transcurrían los meses, se confirmaba que, globalmente, la incidencia del virus era moderada y su tasa de mortalidad era incluso menor a la de la gripe estacional. Tal y como se preveía, el nuevo virus ha desplazado casi totalmente al resto de tipos. Este es un virus que se ha adaptado mucho mejor al ser humano puesto que “mata” menos individuos infectados. Esa ha sido la clave de su éxito. Según el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de la Gripe en España, desde el inicio de esta temporada se han notificado 540 casos graves confirmados de gripe que han requerido hospitalización. El 71% de estos pacientes no habían recibido la vacuna antigripal. Desde el inicio de la temporada, se han registrado 29 defunciones por virus de la gripe A confirmadas por laboratorio. De nuevo el 71% de los pacientes susceptibles de ser vacunados no habían recibido la vacuna antigripal de esta temporada. La mayoría de estos casos se podrían haber evitado si estos individuos hubiesen recibido la vacuna.

La población general mira con recelo a una vacuna que se ha asociado a múltiples mitos y leyendas como que quien la recibe puede sufrir una gripe más grave que la estacional. Esto es completamente imposible, ya que la vacuna solo contiene virus fraccionados y muertos. Otra creencia popular muy extendida es que la vacuna produce efectos secundarios peores que la propia gripe. Lo cierto es que los riesgos potenciales de la vacuna de la gripe son muy pequeños comparados con los beneficios probados y sólidos que ha demostrado en los estudios clínicos a gran escala, así como en cientos de millones de personas vacunadas en todo el mundo a lo largo de más de 60 años de experiencia. Es obvio que las vacunas tienen sus efectos adversos, algunos de ellos potencialmente mortales, pero también es cierto que su empleo ha supuesto uno de los mayores avances en la medicina moderna.

No está de más recordar como en el siglo XVIII, cuando la viruela diezmaba a la población europea, un médico rural, Edward Jenner, tomó viruela vacuna de una lesión de la mano de la granjera Sarah Nelmes. A continuación inyectó este fluido en el brazo de un niño de ocho años, James Phipps. Cuarenta y ocho días más tarde, el doctor Jenner le inyectó al niño un caldo con viruela humana. El pequeño Phipps no mostró ningún síntoma o signo de enfermedad. Sin embargo, la vacuna no tuvo mucho éxito inicialmente debido a la creencia popular de que la vacuna provocaría el crecimiento de “apéndices vacunos” en los pacientes. A día de hoy la viruela permanece erradicada a nivel mundial en gran parte gracias a la vacunación masiva de la población, y los apéndices vacunos que observamos en algunos de nuestros pacientes no son precisamente efectos adversos de la vacuna.

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Enfermedades infecciosas © DIARIO ABC, S.L. 2014

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