El Cuarto Objetivo del Milenio

Publicado por el nov 28, 2013

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Somalia, octubre de 1977. Ali Maow Maalin, un cocinero de un hospital de Merca es la última persona en contraer de manera natural una de las enfermedades más mortíferas que ha conocido la raza humana: la viruela. A pesar de ello, consigue sobrevivir. Después, trabaja en campañas de vacunación frente a la polio en Somalia antes de  morir a causa de un ataque de paludismo el 22 de julio de 2013, a los 59 años de edad.

Las enfermedades infecciosas han sido un azote para la humanidad a lo largo de la historia causando más estragos en la población que las guerras. Los microbios, en particular las bacterias, fueron las primeras formas de vida antes de que el Homo habilis apareciese hace 3 millones de años. Las enfermedades infecciosas de estos primeros homínidos fueron enfermedades con capacidad de transmisión muy elevada como el herpes simple, la varicela, la sífilis o la hepatitis B. Con la aparición de la agricultura y la domesticación de los animales aparecieron las  zoonosis. Con los perros, los humanos adquirieron la rabia y el sarampión; los gatos propiciaron la aparición de la toxoplasmosis; los caballos, el muermo y las infecciones por rinovirus; las cabras, la brucelosis; los cerdos, las teniasis, la salmonelosis y la gripe; los bovinos, la tuberculosis, las teniasis y la difteria; del búfalo de agua, la lepra; y de los pájaros, la ornitosis.

En la Edad Media, las plagas mortales viajaban de un continente a otro transmitidas por ratas infestadas por pulgas a bordo de buques. Actualmente viajan en avión, transportadas por pasajeros de las líneas aéreas que van de un rincón del mundo a otro. Ocurre en cuestión de horas. En la edad de las vacunas, los antibióticos y los progresos científicos, estas enfermedades deberían estar más que controladas. Sin embargo, en los países en vías de desarrollo, las enfermedades infecciosas siguen siendo la principal causa de enfermedad, provocando muertes a un ritmo alarmante. Dos tercios de la población mundial, o lo que es lo mismo, 2.000 millones de habitantes están infectados por la bacteria que causa la tuberculosis y, cada año, 1,5 millones de personas fallecen como consecuencia de esta enfermedad. Se estima que, a fecha de hoy, el virus de la inmunodeficiencia humana infecta cada año a 3 millones de personas, la mayoría en África.

A pesar del progreso médico, unos 400 millones de personas sufren malaria en el mundo y, cada año, mueren debido a esta enfermedad unos 3 millones de personas, lo que equivale a un fallecimiento cada 15 segundos. Aunque actualmente hay otras dos enfermedades –la poliomielitis y la dracunculosis– que están al borde de la erradicación, sólo hemos sido capaces de erradicar, gracias a las campañas de vacunación, una enfermedad infecciosa: la mencionada viruela.
Cada año nacen 130 millones de niños en el mundo y, cada tres segundos, muere uno de ellos, en la mayoría de los casos, debido a una enfermedad infecciosa. La vacunación frente a la difteria, el tétanos, la tos ferina, el sarampión, la poliomielitis y otras enfermedades prevenibles es fundamental para mantenerlos vivos y sanos.

En el año 2011, el 83% de la población infantil mundial recibió las tres dosis recomendadas de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. Esto quiere decir que hubo más de 22 millones de niños, la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo, que no recibieron las vacunaciones básicas durante el primer año de vida. Aproximadamente la mitad de estos niños viven en tres países: India, Indonesia y Nigeria, que tienen una gran población infantil y cuyos programas de inmunización se ven obstaculizados por problemas con el suministro de las vacunas y la inaccesibilidad de las poblaciones vulnerables.

El reto de este recién estrenado siglo XXI es asegurar que los progresos de los que disfrutamos en los países del llamado primer mundo se reproduzcan en todos los lugares y niveles para que todas las personas, vivan donde vivan y sean quienes sean, puedan ser vacunadas cuando lo necesiten. El fortalecimiento de los servicios de inmunización sistemática es fundamental para alcanzar el Cuarto Objetivo de Desarrollo del Milenio, consistente en reducir en dos terceras partes la mortalidad de los menores de 5 años para 2015, en comparación con las cifras de 1990. ¿Lo conseguiremos o nos quedaremos por el camino?

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Enfermedades infecciosas © DIARIO ABC, S.L. 2013

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