Bye, bye, cerclaje. ¿Listos para aterrizar?

Bye, bye, cerclaje. ¿Listos para aterrizar?

Publicado por el 06/03/2017

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Durante toda la gestación, los profesionales médicos se han encargado bien de recordarte que tu embarazo de riesgo tenía altas probabilidades de no llegar a término. Ya sabéis, los médicos no crean falsas esperanzas. “Paso a paso”, te dicen, mientras duplicas o triplicas los controles de cualquier gestante normal. Cada día te levantas con ello en la cabeza y cierras los ojos con este mismo pensamiento. ¿Lo conseguiremos? Si de ti dependiera, te habrías pasado todos los días con las piernas cruzadas para que por ahí abajo no se escapara la criatura, pero, al final, la pauta la marca la naturaleza, el destino, la suerte, el cerclaje, o lo que sea.

Cada jornada que terminas sintiendo al o la renacuajo en tu interior es un triunfo. Marcas los días que dejas atrás cual reo en una celda y cuando cruzas el umbral de las 20 semanas, empiezas a tensionarte más todavía por si nace prematuro. Consultas tu oráculo de sabiduría, Google, para ver las probabilidades de supervivencia que tiene tu bebé si nace en la semana 21, 22, 23, 24,… El porcentaje de continuar con vida se incrementa, lógicamente, según se aproxima a la semana 40; paralelamente, las secuelas se reducen.

Pasando la página de la prematuridad

Una servidora ha llegado a la semana 37 (aplausos). ¡El bebé ya no es prematuro! En mi caso, el salto de la 36 a la 37 ha significado experimentar las auténticas contracciones de Braxton Hicks. Algunas habréis escuchado hablar de ellas. La primera vez que te encuentras con este palabro te quedas como si te reclutaran para resolver los problemas de unas olimpiadas matemáticas. Aha. Tripa dura. No duele. Aha. A partir del segundo trimestre. Aha. A ver, señor Braxton Hicks que puso nombre a esta sensación, el abdomen se pone duro muchas veces ¿no podía haber sido más explícito?

Lo cierto es que no hay duda cuando llegan de verdad, pero eso no lo sabes hasta que llegan. Al parecer son las preparatorias al parto y yo he estado sintiéndolas durante toda una semana. ¿Qué ha pasado? Que el cerclaje cervical que me colocaron en la semana 15 ha empezado a estorbar a mi cuerpo y de contracciones de Braxton Hicks hemos pasado a un dolor intenso que hasta ahora no había experimentado. ¿Solución? Al hospital, para no variar.

¡Pero si no duele!

Estoy convencida de que cuando cruzo la puerta de las urgencias los ginecólogos de guardia escuchen una alarma similar a la que tuvo que activarse en la central nuclear de Fukushima. ¡Ya está aquí la tía plasta! Estoy convencidísima también de que mi zona íntima es la que más han visto en los últimos ocho meses, incluso en el último lustro o década.

Mi ginecóloga de referencia tenía pensado retirarme el bendito cerclaje el miércoles 8 de marzo de este año, pero tuvieron que quitármelo tres días antes. Claro, llegas a la consulta de las urgencias y te dicen que te lo van a sacar, pero no te has mentalizado para ello. ¿Ya? (como si tres días más tarde cambiara algo). Te explican que es una forma de evitar complicaciones o un desgarro del cuello del útero. “Ya no tiene sentido que estemos tratando de evitar el parto. Tu bebé ya no sería prematuro”, te ilustran. Suena bien, pero cuando toca despatarrarse en el potro, sin anestesia, y sacan un instrumental especial para extraerlo se apaga la música celestial. En san Google cuentan que duele, que se sangra, que puedes ponerte de parto ese mismo día. Nada de eso, amigas y amigos. La profesional de guardia me lo retiró con tal delicadeza que apenas me enteré. “¿Me lo enseña?”, le solicité con ganas de echar la bilis y mareos a causa de la tensión y la hipocondría. Era como un cordón fino y esférico de zapatillas deportivas con un nudo. He encontrado la imagen de uno en la red (pinchad aquí), pero aplanado. El mío era redondo. No estaba para echarle fotos, disculpad, pero su longitud total no era superior a diez centímetros. Después de este procedimiento, que duró dos minutos, me pasaron a monitores para comprobar el latido del bebé, que iba bien, y las contracciones, que descendieron de intensidad; a continuación, el tacto vaginal para ver si había dilatado, y aquí sí ¡DUELE! Todo parecía en orden.

Ahora toca esperar. Ya voy por la vida sin cerclaje, como la que estrena unos zapatos nuevos, como una embarazada normal. Eso sí, las molestias durante la semana 37 se han multiplicado. La presión ahí abajo y los pinchazos vaginales se notan como nunca; cuesta incluso erguirse para caminar. El reloj ha comenzado la cuenta atrás. Aunque deseosa, no sé si estoy lista para tomar tierra, pero ya se ha encendido el piloto para abrocharse el cinturón y aterrizar.

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Embarazo contra las cuerdas © DIARIO ABC, S.L. 2017

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