Al parto, como en Braveheart

Al parto, como en Braveheart

Publicado por el 09/02/2017

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Semana 34 de gestación. Me siento como un ciclista en la última etapa de alta montaña del Tour de Francia. Ha costado, pero ya soy capaz de verme alzando el ramo de flores y el trofeo en mitad de los Campos Elíseos. Seguimos pedaleando, pero me permito a estas alturas que la ilusión sea la que domine al miedo, siendo consciente de que aún quedan unas semanas por delante (espero) y el momento más crucial: el parto. Supongo que, acercándose el octavo mes de embarazo, toda preñadita piensa en ello varias veces al día y fantasea con cómo será. Yo me imagino entrando en el paritorio como Mel Gibson encarnando a William Wallace en Braveheart –en este caso, la camilla suple al caballo- al grito de “¡por la libertad!”. Y no solo porque volveré a sentirme como si no estuviera enferma una vez que abandone este estado de embarazo de riesgo, sino porque voy a dar a luz como las mujeres en la Edad Media: sin clases de preparación al parto.

No es que no lo haya intentado. No es que no le haya puesto voluntad. Que sí, que sí. Mi pareja y yo nos apuntamos después de superar la semana 28. Esta cita es un hito en la aventura del embarazo, lo convierte en más real. Hasta acudimos al lugar de reunión. Llegamos a una sala donde coincidimos con una docena de barriguitas dando vueltas a nuestro alrededor, futuras madres que soportaban una orgullosa sonrisa y aspirantes a padres con la baba caída. El efecto era contagioso. Dientes, dientes. Tomamos asiento en una de las sillas que en conjunto simulaban una U para que todos nos viéramos las caras, sobre todo nosotras, que nos íbamos fijando en las tripas de unas y otras según anunciaban la semana de gestación en la que se encontraban. “Mira a ésa, está de mi tiempo y tiene la mitad que yo”, le susurrabas hincando el codo al progenitor.

Sin masaje perineal

La matrona comenzó su presentación. “Antes de empezar ¿hay algún caso complicado en la sala?”, preguntó. Levanté la mano. Sola. La experta hizo un gesto alzando la barbilla para que desembuchara. “Tengo cerclaje cervical y en la ecografía de la semana 28 me han detectado placenta previa marginal [un diagnóstico bastante complicado para quien lo padece, pero que por suerte se ha solucionado: la placenta ha subido y no obstruye el canal de parto]”, revelé. Contemplaba a mi alrededor. Todas seguían con su impertérrita sonrisa, sumada a una mueca de extrañeza al escuchar la palabra cerclaje. Yo continué con mi mirada recorriendo la U. ¿En serio? ¿todos estos embarazos van sobre ruedas? ¿incluso la que trae gemelos?

Después de aquella clase, en la que explicaban fundamentalmente las señales para reconocer cuándo nos poníamos de parto y salir pitando hacia el hospital, me dijeron que, por mis circunstancias, yo no podría realizar los ejercicios de preparación de las siguientes. Ni siquiera el masaje perineal con el que tantas ilusiones me había hecho. No seáis mal pensados, no solo quería practicarlo porque mi zona íntima volvería a tener contacto y mimos diferentes a los de un espéculo o un ecógrafo, sino porque realmente ayuda a librarse del desgarro. Unos amigos que tuvieron a su bebé en diciembre nos habían comentado que creían que era fundamental realizarlo. De hecho, ella solo necesitó un punto de sutura después del alumbramiento. Tan pancha regresó a su casa tras dos días de ingreso.

Este masaje contribuye, al parecer, a que se flexibilice la musculatura del perineo o periné -zona entre el orificio de la vagina y el ano- y evitar así una episotomía o un corte mayor en la zona, es decir, que te rajen por ahí abajo y sufras más dolor e incontinencia de los esfínteres. Pues yo no contaré con el masajito. BRAVO. Así que, teniendo en cuenta mi trayectoria desde que comenzó esta etapa de la vida y sabiendo que desde el sexto mes ya voy justita con el asunto del suelo pélvico (se me sale el pipí en situaciones límite, sobre todo con chistes buenos o incluso viendo a Donald Trump en las noticias), yo, por si acaso,  a lo Concha Velasco, ya tengo mi arsenal de Tena Lady.

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Embarazo contra las cuerdas © DIARIO ABC, S.L. 2017

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