A quirófano con 15 semanas de gestación

A quirófano con 15 semanas de gestación

Publicado por el 30/12/2016

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El frío del quirófano no ayuda a calmar los nervios. Que te aten las piernas a los estribos con unas sábanas para que no puedas cerrarlas tampoco. La única vez que me habían cosido el cuerpo siendo consciente de ello fue cuando tenía siete años y me hice una brecha digna de siete puntos en la frente. Paré mi cabeza con el marco metálico de una puerta, sí, de esos antiestéticos en negro que ponían a algunas casas en los años 80. Pero la idea de que zurcieran en mi interior con los ojos abiertos no me confortaba. Lo mejor que me podía pasar en ese caso era que las cirujanas comentaran lo que habían cenado la noche anterior, que hablaran de algún restaurante de moda, de política o de su vida en general. Pero ¿y si en mitad de la conversación escuchaba “Houston, tenemos un problema”? ¿Me quedaría quieta con una aguja desafiándome donde se pierde la entrepierna?

Como a todas las que pasan por este proceso quirúrgico para un cerclaje cervical, me dieron dos opciones: epidural o anestesia general. La primera, según la anestesista -de poco tacto-, no afectaba al feto en ningún caso; la segunda, “no lo podemos asegurar”. Incluía entre las consecuencias el aborto. No había dudas entonces, así que pasé a la sala de operación solicitando el pinchazo en la médula, con la gota en la frente, todo sea dicho. Pero antes de la intervención llegó otra anestesista con un aura iluminando su bata verde y emanando música celestial de su boca. No le vi las alas, pero seguro que estaban debajo del uniforme: “¿Pero por qué no te duermes del todo? Es mejor”. Tras explicarle la experiencia con su compañera, ella me mostró el cielo abierto: “El feto ya no corre riesgos por la sedación completa. Estate tranquila”.

“El cerclaje ha salido bien”

Desperté en reanimación sin saber cómo había ido todo, si el bebé seguía conmigo latiendo, si había habido alguna complicación o todo había salido a la perfección. Pregunté a una siesa enfermera que me respondió estresada que la doctora llegaría enseguida para informarme. Como una niña pequeña, el miedo y el efecto de la anestesia hicieron que me pusiera a llorar. Pronto, mi ginecóloga apareció para tranquilizarme: “El cerclaje ha salido bien”.

Tras esta intervención toca permanecer un mínimo de dos días ingresada en el hospital, fundamentalmente para vigilar las contracciones, controladas con indometacina, y las posibles hemorragias e infecciones.  En mi caso apenas sangré, pero sí que tuve fuertes dolores similares a la menstruación cuando se pasaba el efecto de la pastilla. También se notaban pinchazos dentro. Al tercer día regresé a casa. Las indicaciones para que todo fuera bien eran claras. Fundamentalmente, reposo (de la cama al sofá y viceversa), vida tranquila, cero esfuerzos y NADA DE SEXO. ¿Sexo? ¿Qué es eso?

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Embarazo contra las cuerdas © DIARIO ABC, S.L. 2016

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