Cerclaje cervical ¿pero esto qué es?

Cerclaje cervical ¿pero esto qué es?

Publicado por el 19/12/2016

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Todo el mundo te aconseja que no cuentes que estás embarazada hasta que superas la barrera del primer trimestre, momento a partir del cual, según los médicos, hay menor riesgo de abortar. Y tú, que no has parado de sangrar desde la semana 5 diariamente, das la noticia sin tirar muchos cohetes al aire; lo transmites en voz baja, a lo Pantoja, sin separar los dientes al pronunciar la frase y dejando que salga el aire solo por un lado de la boca. Casi todos te gritan -con confeti imaginario- “¡enhorabuena! ¡felicidades! ¿para cuándo sales de cuentas?”. Demasiado optimismo, piensas. Sonríes, claro, pero todavía no sabes cómo encajarlo, ya que la mancha diaria en las braguitas indicando que algo no va bien ahí dentro te hace fijar los pies en la tierra.

Alcanzamos las 12 semanas de gestación y llega la primera gran prueba de fuego para los “prepapás”: una exhaustiva analítica de sangre y una concienzuda exploración ecográfica como ninguna de las que te han hecho hasta el momento con tu etiqueta de embarazada. Toca realizar el examen del pliegue nucal o la translucencia nucal y un análisis de cribado prenatal, donde se informa mediante valores estadísticos sobre los riesgos de que el futuro bebé presente anomalías congénitas. Las cifras se calculan a partir de un análisis de sangre, la ecografía y la edad de la madre. A partir de ahí se miden los valores para la Trisomía 21 (Síndrome de Down) y la Trisomía 18 (Síndrome de Edwards). No obstante, te detallan mediante un documento, que toca firmar, que este estudio anatómico precoz no descarta la posibilidad de malformaciones futuras, “ya que -especifican- algunas son evolutivas y pueden aparecer más adelante y otras son pequeñas o complejas y por lo tanto difíciles de identificar en el primer trimestre”. “Se debe realizar un nuevo estudio alrededor de las 20 semanas”, concluyen en el informe.

Incompetencia cervical

Lo malo de estar en reposo por complicaciones en el embarazo es que todo, repito TODO, lo consultas en la red para estar mejor informada que el médico. Sí, sí, así es. “No hagas eso”,  te recuerdan una y otra vez los más allegados, pero el día tiene demasiadas horas y tú, exceso de tiempo para pensar. Así que pones en el buscador “translucencia nucal”, te metes en foros para ver las experiencias de otras mamás, y te topas con casos –los menos, todo sea dicho- en los que a unas y a otras les detectaron por sorpresa que su bebé venía mal. Haced caso a lo que dicen los míos, los médicos, los vuestros, y hasta la tribu india de Sentinel del Norte: ¡No os metáis en internet a buscar lo que no queréis encontrar!

Para nosotros, los resultados fueron halagüeños en la consulta de alto riesgo. El hematoma se había reducido notablemente y las probabilidades de que el bebé viniera mal, según los valores marcados, eran bajas. Pero llegó un gran problema añadido. “Tienes incompetencia cervical”. ¿Qué significa? Que mi cuello del útero es corto y, sumado a mi matriz tabicada, el bebé podía llegar a este mundo antes de tiempo, cuando su vida no fuese viable. En negro sobre blanco, “alto riesgo de parto pretérmino”. Así que pasábamos del alto riesgo de aborto al alto riesgo de parto prematuro, que básicamente tenían el mismo final.

Próxima parada, el quirófano

Apareció una nueva palabra en nuestro diccionario para plantar cara a un mal desenlace: cerclaje. La doctora te explica que se trata de una operación rápida, unos veinte minutos, con anestesia –epidural o general- en la que te cosen el cuello del útero con un lazo resistente. Te anuncian las complicaciones: hemorragias, infecciones, la pérdida del bebé si se pincha la bolsa con la aguja, y no te garantizan que aun así se consiga traer a la nueva vida sana y salva. Pero de no hacerlo, las probabilidades de fracaso se disparan. Te dejan unos días para sopesarlo ¿Pero qué hay que pensar? ¿Os la jugaríais? No hay alternativa.

Regresas en tu semana 13 de gestación a la consulta para que pongan en órbita todo el preoperatorio. Afortunadamente, el hematoma ha dejado de sangrar, pero tampoco es cuestión de sacar las castañuelas y ponerse a festejar, ya que en la semana 15 toca pasar por el quirófano.

Es difícil encontrar a tu alrededor a alguien que haya pasado por un cerclaje, no es muy común. Tu cabeza no para de dar vueltas. No te habían preparado para esto. Todo ha empezado mal y queda un mundo para que se cumplan los nueve meses. Se ha frenado tu ritmo de vida: baja laboral, tu ámbito social se limita a las visitas en casa y utilizas internet para encontrar los finales felices. Googleas “experiencias con cerclaje” antes de tu operación y aparecen historias poco tranquilizadoras: “reposo absoluto”; “cuidado con toser”; “he perdido a mi bebé”; “solo puedo levantarme para ir al baño”; “he cogido una infección”; “apareció sangre”, “estoy ingresada porque se ha desgarrado mi cuello”, … En foros, las experiencias fatídicas sobre temas de salud siempre tienen más peso que las venturosas, creedme -tengo ya un máster en consultas cibernéticas-. Pero difícil no es imposible y, quizás, pensé, a todas aquellas a las que les había ido estupendamente no dedicaban su tiempo a contarlo en internet. Os hago un spoiler: en estos momentos me encuentro en la semana 26 de gestación.

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Embarazo contra las cuerdas © DIARIO ABC, S.L. 2016

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