Diana y… pérdida. Volver a empezar

Diana y… pérdida. Volver a empezar

Publicado por el 29/11/2016

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No existe un manual que te enseñe a hacer hijos. Por mucho que nos explicaran con diez o doce años en el colegio el proceso de ovulación y fecundación en la mujer -eso que desencadenaba tantas risitas entre los niños al ver los órganos sexuales al desnudo en los libros-, cuando de mayores nos ponemos manos a la obra con nuestra pareja se nos ha olvidado. ¿Qué toca hacer? O te lanzas a la aventura o preparas una estrategia de éxito que ni Steve Jobs con sus claves para Apple. ¿Cómo? Pues tirando de Internet, claro, porque no es cuestión de rebuscar entre los recuerdos de mamá el libro de Ciencias Naturales.

No soy profesional en medicina, pero existen unas cuentas para la procreación. ¡Matemática biológica pura! Consultas en la red –páginas profesionales, por favor- y te recuerdan que tenemos generalmente dos días al mes para hacer diana, que suelen coincidir en fecha con los 15 días posteriores a que te haya bajado el periodo. Pero, ojo, es variable, no somos máquinas. Yendo al quid de la cuestión, los espermatozoides ya deben pulular por el útero para cuando nuestro óvulo haya salido del ovario. Los sites con opiniones de expertos en la materia te cuentan que los bichitos masculinos duran vivos en el órgano femenino hasta tres días. Todo claro: bichitos y óvulo deben coincidir en tiempo ahí dentro.

Sacas el calendario, empiezas a contar y marcas los días clave del mes. En fosforito, y con un redondel en rojo para que no se olvide. Indistintamente de que se acabe el mundo, esos días toca faenar. Los subrayas también en azul, por si acaso. Todo muy natural y espontaneo, como en las películas y en las novelas románticas,… ¡Meh! No nos confundamos, llegados a esta fase esto ya no es solo una cuestión de placer sexual, ¿vale? En esos tres o cuatro días se desarrolla una misión de alto rendimiento para mantener la continuidad del ser humano en la Tierra.

Un año para acertar

Después de lanzar el cohete a la luna le toca trabajar a la madre naturaleza. Aquí es donde comienza el calvario para algunas parejas que no logran concebir. Dedicaré otro post más adelante a ello. Generalmente, según los médicos, lo normal es que se tarde hasta seis meses de media en acertar, como mucho un año. A partir de ahí, aconsejan, se debe consultar a los especialistas por si hay algo que falla.

Si no atinas pronto, comienza la inquietud. Si, como en mi caso, cuentas con un pronóstico ginecológico desfavorable, te desesperas. Tranquilidad. Un día empiezas a notar tu cuerpo diferente y la regla no aparece por ningún sitio,… ¿Estoy embarazada? En nuestro caso salimos de dudas con un test; bueno, no, con tres. Compramos el primero, que evidenciaba una raya rosa clarísimamente marcada y otra tenue. ¿Qué es esto? Según las instrucciones, un fallo positivo. Una lagrimita,… “No, no, espera, espera. Yo veo la segunda rayita muy borrosa. A ver si es reflejo de lo que se haya mojado la otra”; “pues no sé, a ver qué dice la farmacéutica”. Bajas ansiosa a la botica y le cuentas el episodio. “Estás embarazada. No lo dudes. No compres otro test porque vas a tirar el dinero”, te dice la mujer al otro lado del mostrador. No quiere incrementar sus ventas, pero nuestras dudas están dispuestas a mejorar su balance de cuentas. “Otro, por si acaso”, le solicitas con una cándida sonrisa.

Te esperas al día siguiente, por aquello de que, según las instrucciones, el primer pipí de la mañana es el más revelador. Llega el momento. Esperas a que el aparato se manifieste. De nuevo, una rayita definida y otra rayita tenue. Los dos os miráis dubitativos. ¿Lo celebramos o qué? “Vamos a comprar la prueba esta que te dice hasta las semanas de gestación, ¿no crees?”. Sí, sí, sí.

Vuelves de nuevo a la misma farmacia. La señora te repite que está clarinete, pero es que no sabe que los periodistas contrastamos tres veces. “Un Clearblue esta vez”, le pides con una sonrisa. Cuesta el doble, pero merece la pena. Me habría ahorrado los dos anteriores de optar por este de primeras.

Tercer día, mojas el palito y el test te grita en la pantalla digital: “EMBARAZADA”. Ya no hay lugar a dudas. Un minuto más tarde, ¡el dispositivo es capaz de descifrar de cuánto tiempo estás! “2-3 semanas”. Ahora sí. ¡Lloremos de alegría con causa! Fundamentalmente por un motivo: dentro del pronóstico médico parece que la probabilidad de ser estéril queda anulada. ¡Puedo concebir! Pero la montaña rusa de la “prematernidad” hace que esta alegría inicial dure apenas siete días más.

Hasta un 20% de posibilidades de abortar

Me encontraba trabajando cuando empecé a notar un dolor intenso en el bajo abdomen y en la espalda, similar a cuando te va a bajar la menstruación, pero más fuerte. Efectivamente, en el baño comprobé una mancha de sangre en la ropa interior. El dolor no cesaba. Llamé a mi pareja y fuimos directos a las urgencias del hospital. La hemorragia era considerable. Pese a que la doctora de guardia recomendó reposo durante una semana para ver si se cortaba, aquello no dejó de fluir. Volvían los miedos, la incertidumbre. ¿Me tendría que operar? ¿Podría tener familia? Tocaba volver a empezar, como a miles de mujeres más.

En España solo existen estadísticas oficiales sobre el número de abortos voluntarios, pero no de los que se producen de forma natural. Se estima que cada mujer tiene una probabilidad de entre el 15 y el 20 por ciento de sufrir un aborto natural (hasta las 20 semanas) o interrupción involuntaria del embarazo. Cuanto más mayor eres, esta cifra se incrementa. Lo importante es mantener la calma. No es el final.

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Embarazo contra las cuerdas © DIARIO ABC, S.L. 2016

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