Los planes no encajan

Publicado por el 22/11/2016

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“Quiero casarme a los 26 y tener hijos a los 28”. Cuántas veces de niñas y de adolescentes hemos planificado al tuntún con nuestras amigas o la familia lo que seríamos de mayor y cuándo tendríamos descendencia. Sed sinceras. Pero, ay, ilusas… en esa afirmación dábamos por hecho que a esas edades ya habríamos encontrado a nuestra pareja ideal, nos habríamos convertido en la profesional que soñábamos, habríamos viajado todo lo que quisiéramos por el Planeta y, además, habríamos alternado lo suficiente y cerrado muchas discotecas como para asentar la cabeza y llevar una vida familiar. Pero lo cierto es que según nos acercábamos a la fecha límite fijada, ya como adultas, nos dábamos de margen diez años más. ¡Si se puede ser madre después de los 35! ¡Y el mundo es tan grande y con tantas oportunidades ahí fuera!

No hace ahora ni un año que me encontraba con dos de mis mejores amigas en una azotea madrileña de moda tomando unos cócteles. Entre muchos asuntos, este trío de periodistas, de 33 años cada una, colamos el tema de la maternidad. No se me olvidará la frase de una de ellas: “El reloj biológico no va a ser el que me marque cuándo ser madre”. ¡JA! Siempre le recordaré estas palabras por cómo una revisión ginecológica puede modificar todos los planes.

En 2016 conocíamos el caso de la española Lina Álvarez, una mujer que, a sus 62 años, dio a luz a una niña. Era madre por tercera vez. Su segunda criatura la tuvo con 52. Pero ya hacía 20 años que dejó atrás la menopausia, así que estos milagros solo fueron posibles gracias a raciones de hormonas con las que ya no contaba y la técnica de la fecundación in vitro. Pero si este no es el patrón que quieres seguir y además cuentas con complicaciones ginecológicas –conocidas o por descubrir-, entonces sí que apremia el tic tac de la concepción.

SORPRESA

Siempre he querido ser madre, sin embargo, la vida, el trabajo, considerar que todavía no has sacado jugo a una etapa sin ataduras, en fin, muchos condicionantes externos –puro hedonismo o egoísmo, o ambos, llamémoslo X- te llevan a posponer la maternidad sin saber siquiera si podrás tener hijos. Pero un día llegas a la consulta y te dan un revés: puedes tener problemas, muchos, para concebir. Así te lo sueltan. ¡ZAS! Sin haberlo planeado, sin haberte tapado la nariz antes de que el profesional de la bata blanca te lance al océano congelado.

“Tienes un útero bicorne -o subsepto- que puede provocarte abortos involuntarios”. Traduciendo a la especialista, un útero con un tabique en la mitad que le hace parecerse en forma a un corazón. ¿Muy bonito, no? Cero. Es una malformación congénita -solo detectable con una ecografía de alta resolución- que puede ser causa de infertilidad. “Si no te quedas embarazada o si tienes varias pérdidas, habría que valorar operarte y quitártelo […] y tendrías que dejar pasar un año para que se reconstruyera el tejido del útero, porque si no, hay riesgo de que se desgarre […]”. Y, a tus 32, te enumeran los contras de esta intervención: cicatrices que te provoquen esterilidad, continuación de abortos, … el reloj empieza a correr en tu cabeza, sacas la calculadora de los años, todo da vueltas, llega la ansiedad. ¡Boom! ¡Paren, que me bajo! Y ahí, en esa estación en la que lo ves todo tan negro, ves una luz parpadeando: ha llegado el momento de intentarlo.

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Embarazo contra las cuerdas © DIARIO ABC, S.L. 2016

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