El problema catalán en Argentina

Publicado por el Oct 2, 2017

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La imagen de España en el exterior ha quedado dañada y reducida, en buena medida, a un hombre con la cabeza bañada en sangre, una mujer arrastrada escaleras abajo y a los antidisturbios porra en mano. El impacto de esas fotografías es demoledor. En sus diferentes secuencias, ocupó portadas, webs y primeros planos de crónicas de televisión.
En Argentina, donde la política española se vive con entusiasmo, se sigue el problema de Cataluña, nadie duda que es un problema, desde siempre. Los grandes medios de comunicación cubrieron con sus corresponsables y enviados especiales, el minuto a minuto del domingo más triste de la reciente historia de España. El enfoque mayoritario, salvo excepción, partía del reconocimiento de una consulta desautorizada por el Tribunal Constitucional y por lo tanto ilegal. En ese contexto, se llegaba al esperpento del 1-0.
Lo sucedido el domingo obligó a cambiar el eje informativo y destacar una victoria política pero también de imagen de los independentistas. Esta batalla la viene dando la Generalitat, seguido y sin pausa, desde hace años.
En Argentina, donde unas trescientas mil personas tienen pasaporte español, el separatismo seduce desplegando sus encantos con invitaciones de viajes a periodistas, en sus centros gastronómicos o a través de personajes que aquí son populares. El mayor exponente de estos es Pilar Rahola, recibida en Buenos Aires como una “periodista” estrella y con micrófono abierto en programas de televisión y radio de gran audiencia.
La ex teniente de alcalde de Barcelona suele aprovechar estos espacios para colocar un discurso donde las omisiones ceden paso a medias verdades o a lo que hoy se conoce como postverdad. Mientras ella hace su trabajo las voces que podrían –y deberían- contrarrestarla no se escuchan.
Un sondeo encargado la pasada semana por el programa de cable, “La hora de Maquiavelo” , sobre el referéndum ilegal, arrojaba un resultado preocupante, cuatro de cada diez argentinos ve con buenos ojos el proceso separatista catalán. La encuesta,- digital en mayores de 18 años-, de D`Alessio Irol incluyó entre sus preguntas si consideraban que una hipotética independencia “será buena para los catalanes”. El 43 por ciento contestó afirmativamente frente a un 39 que opinó lo contrario. El resto, entre los que figuran descendientes de catalanes, no sabía (11%) o consideraba que no tendría ningún efecto (7%).
Diego Dillinberg, conductor de “La hora de Maquiavelo” atribuye este escenario a “la pésima política de comunicación del Gobierno de Mariano Rajoy en Argentina.” Y destaca que en este país, “a diferencia de otros, hay una población enorme de descendientes de españoles” a los que hay que ayudar.
Contrarrestar la campaña permanente del independentismo no es fácil por el velo romántico y de falsos derechos con los que se arropa pero todavía se puede y se debe. En rigor, sorprende que, pese a sus esfuerzos -y gastos- por imponer su relato no lo hayan logrado aún.
Pese a las apariencias y pasiones caldeadas en el día después, no es tarde para buscar una estrategia que sirva para explicar y convencer al mundo de que las cosas no son como las pintan unos. Pero, para eso, hay que estar presentes, en España y fuera de ésta. Hay que acudir a los programas, dar el debate, organizarse y no ceder un minuto de libertad de expresión que permita imponer una sola voz.

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