Educación y futuro en Argentina

Publicado por el oct 18, 2016

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Parece normal que un Gobierno quiera conocer el grado de conocimiento de sus estudiantes. Nadie –al menos conocido- se lleva las manos a la cabeza cuando se reparten a destajo las pruebas PISA. Por el contrario, sus resultados, cuando son poco gratos para los países, suelen desencadenar una reacción en la Administración de turno para intentar mejorarlos.

Los doce años de kircherismo en Argentina han dejado un surco tan profundo en el país que serán citados y recordados –para mal- durante mucho tiempo. El de la educación es uno de ellos. Se crearon universidades por y para militantes políticos (K), se bajó el listón académico y se subió, casi por decreto, las calificaciones de los chicos. En simultáneo, los sistemas de medición y estadísticas se intervinieron para falsear los datos u ocultarlos, como sucedió con el índice de la pobreza.

El Gobierno de Mauricio Macri empezó a descubrir el 10 de diciembre un Estado devastado. En las formas y en el fondo. Las auditorias provocaron sacudidas en una Administración que, pese a temerse lo peor, en muchos casos no llegó a imaginar lo lejos que se había llegado. La gran mentira del “relato” K afloró ante el asombro del propio Macri. La voracidad del kirchnerismo que anunció y cumplió, cuando colgaba los carteles que decían “Vamos por todo”, no tuvo límites.

Con estos antecedentes el Gobierno decidió hacer una evaluación a la totalidad de los colegios, públicos y privados, para saber con certeza qué terreno del conocimiento pisan sus estudiantes y el contexto educativo. Los gremios de maestros se indignaron, cortaron calles y carreteras y bramaron contra una decisión que responde, a su juicio, a “políticas neoliberales”. Para boicotear la medida, la víspera del examen, se filtraron las preguntas.

Por fortuna, las redes sociales pusieron en evidencia que los gremios no son los docentes ni estos son todos los que, como el sindicalismo, ven en las pruebas un “golpe contra la educación”. Por mucho esfuerzo que se haga no hay modo de justificar la acción de los representantes sindicales de los maestros. Por más que se intente, no se puede explicar el asalto a las calles -aunque sean un puñado- porque no quieres que el Gobierno sepa cuánto saben tus alumnos. Tampoco está bien incitar a los chicos a faltar para reventar los exámenes porque los hace Macri. Si ese es el ejemplo y esa es la cultura de los que tienen que enseñar mejor haría el Gobierno en adelantar la edad de jubilación a los docentes. De este modo, quizás, Argentina tenga futuro y éste, en definitiva, no es otra cosa que educación.

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