Reproches de argentinos, sindicatos y aprovechados

Publicado por el Apr 30, 2016

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El presidente de Argentina acusó recibo por la forma, traumática, de sincerar la maltrecha economía que heredó -hace menos de cinco meses- de Cristina Fernández de Kirchner. Su política de “shock” dejó en un segundo plano, en el sentir de la población, logros en tiempo récord. Salir, tras quince años, del “default”, pagar a los “fondos buitre”, terminar con el “cepo”, suprimir buena parte de los impuestos previos (retenciones) a las exportaciones,  liquidar el mercado “blue”, negro o como lo quieran llamar, no tranquiliza a un sector de la sociedad que lo único que entienden es que le duele el bolsillo y tiene dificultades para llegar a fin de mes.
El alza descomunal de las tarifas de servicios públicos (en transporte llegó al 100 por cien y en la luz hasta el 600 por cien), los despidos que se arrastran en el sector privado (unos 80.000) y el público (más de 10.000) donde el anterior Gobierno dejó un Estado mastodóntico o caballo de Troya, sumado a la inflación (camino al 35 por ciento) y a un sistema impositivo corrosivo para las clases medias, son algunas de las demandas de los sindicatos argentinos que se manifestaron, por miles, el viernes en Buenos Aires. También, exigieron ampliar subvenciones y que se apruebe una ley que prohíba los despidos o imponga una indemnización doble en caso de producirse estos. El proyecto tiene ya media sanción en el Senado y está pendiente de tratarse en el Congreso donde, si logra  luz verde, el Ejecutivo lo vetará.
¿Por qué? Porque el Gobierno trabaja para atraer inversiones imprescindibles para recuperar el crecimiento y subirse al tren del desarrollo. Macri conoce, por boca de los interesados, que el mundo del dinero está esperando a fin de año para ver si puede o no puede gobernar con garantías y ofrecer seguridad jurídica. Esa ley significaría, exactamente, el mensaje contrario al deseado. Dicho esto, en algún momento Argentina deberá tener un seguro de desempleo digno, como lo tiene, pese a todo, España.
En ese contexto de malestar y de fin de luna de miel de Mauricio Macri algunos sindicalistas advirtieron el viernes que se les colaba en su manifestación lo peor de la política  (La Cámpora, Aníbal Fernández y un largo etcétera de kirchneristas y otros grupos). Luis Barrionuevo, uno de “los gordos”(peso pesado en el argot) lo resumió con una frase “sólo faltaba Boudou”, en alusión al ex vicepresidente que colecciona querellas. Por eso, dio un paso atrás y se retiró de la convocatoria.
Es cierto que el sindicalismo, con el inefable Hugo Moyano a la cabeza, le plantó cara a Macri en la calle demasiado pronto. Pero también lo es que los mensajes no fueron incendiarios pese al fantasma que sobrevoló de un paro general si las cosas no se arreglan rápido.
El tiempo es oro para todos pero tampoco se pueden pedir milagros tras doce años de  brújula pérdida. Al Gobierno argentino se le puede, y se le debe exigir, más y que empiece a explicar mejor lo que hace bien.
Dicho esto y volviendo a las movilizaciones de los sindicatos, no me parece que el recuerdo de los trece paros generales a Alfonsín, los ocho que tuvo Menem o los nueve en los dos años que padeció Fernando De La Rúa o incluso los tres de Cristina Fernández de Kirchner, sean buenos consejeros para unos gremialistas que tienen más que reprocharse a sí mismos que a los que ahora están en la Casa Rosada.

Aprovechando la coyuntura y antes de volver a Tribunales y quizás a prisión…

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