España y Argentina

Publicado por el Jan 1, 2016

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En Argentina me preguntan por España y en España por Argentina. A finales del 2015 respondía lo mismo que a principios de este 2016: Cambiando. Los países a un lado y otro del Atlántico se reformulan y las preocupaciones se invierten.

En Buenos Aires, ahora, soplan vientos de optimismo. La mayoría de los argentinos cree que su futuro será mejor. Cristina Fernández de Kirchner forma parte de un poder pasado aunque, desde su remota Santa Cruz, da manotazos de ahogada (está con la justicia al cuello). En ese meter y sacar la cabeza desde su frustrante retiro ordenó a lo que queda del kirchnerismo que bloqueara el presupuesto de la provincia de Buenos Aires (tamaño de Italia). Los suyos cumplieron y los otros, los que mandan con la gobernadora María Eugenia Vidal al frente, lo resolvieron con Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) declarando la Emergencia en las áreas para las que el gobierno provincial necesita pedir créditos (se encontraron las arcas en números rojos).

El “macrismo” tuvo tiempo y encontró en “ella” (“Cristina”) a la mejor maestra para aprender a parar los goles del contrario. Buena parte de las designaciones del anterior Gobierno nacional , publicadas en el Boletín Oficial del Estado, incluso el mismo día de la investidura de Mauricio Macri, el presidente las anuló y anula  (son miles) mediante DNU. Entre otras, el destino, el último día de su reinado, de un viejo Vaca Narvaja en la Embajada de Panamá (el otro, el joven, Camilo, despidió el año anunciando su despedida de la ahora ciudadana -común y silvestre – Florencia Kirchner, la mamá de su hija Helena).

El entusiasmo de Macri por los DNU le sirve para soltar lastre del kirchnerismo. La ingeniería legal le permite crear organismos superiores y vaciar de contenido otros donde se atrincheran algunos emblemas de lo peor de lo peor del Gobierno que, como dicen los argentinos, “fue”. Pero esa afición difícilmente será aceptada como práctica sistemática de gestión a medio plazo. Macri lo sabe y entre tanto, aprovecha el tiempo de su “luna de miel” presidencial (pese a tener momentos amargos).

Mientras los argentinos se tuestan al sol del verano austral y leen las noticias en la playa, los españoles se queman, en invierno, con la política nacional. Despidieron el año y recibieron al 2016 sin saber si habrá gobierno o nuevas elecciones generales. Tomaron las uvas con la incógnita sin despejar de si Mariano Rajoy (123 escaños) logrará la abstención del PSOE (90 escaños) para reeditar su investidura o los cambalaches, a cuatro o más bandas de Pedro Sánchez, le permitirán al socialista, liquidado en términos políticos, cumplir su sueño: ser presidente por un día o algunos más.

Entre campanada y campanada de la medianoche del 31, los españoles sólo sabían que Podemos (versión española del chavismo y el kirchnerismo con maquillaje europeo modernizado) demostró ser capaz de resurgir y reinventarse con su amplio y eficaz aparato de comunicación (69 escaños).

Como decía al principio, Argentina y España están cambiando. En el primero, hace apenas tres meses, los pronósticos ante la posibilidad de continuismo del “modelo” kirchnerista no eran precisamente buenos. Hoy, con Mauricio Macri, aunque fuera difícil imaginarlo, lo son. En España es a la inversa. Hasta hace unas semanas los indicadores económicos iban “pum para arriba”, según expresión porteña. Después de las elecciones el país estos días “está hecho bolsa” (revisar prima de riesgo que en Argentina se llama riesgo país y mirar la cara de Merkel y compañía en Bruselas).

Nadie sabe qué va a pasar. Yo, en contra de la opinión de la mayoría de mis colegas, he decidido ser optimista y sigo sosteniendo que el PSOE, de una forma u otra, se abstendrá en segunda vuelta para que Rajoy, como diría Michelle Bachelet, “repita plato” por ser  el más votado. El “pepero” tiene una diferencia de 33 escaños sobre Sánchez,  54 sobre Igesias y 83 sobre Albert Rivera (Ciudadanos, el partido catalán que quiere seguir siendo España y que logró 40 escaños).

Como la política es el arte de lo posible, quién dice que, a falta de acuerdo, no surgirá el grupito necesario de diputados socialistas “rebeldes” que cierre los ojos, se tape la nariz y no vote en segunda ronda contra Rajoy. Si fuera así, el espíritu de la democracia se haría real y el presidente en funciones podría formar ese Gobierno de consenso y unidad nacional que promete.

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