Macri y Scioli, bambalinas de un debate

Publicado por el nov 16, 2015

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Cuando una imagen vale más que mil palabras...

Cuando una imagen vale más que mil palabras…

En escena hay lo que hay y se dice lo que se dice. Ni más ni menos. Mauricio Macri sin corbata y Daniel Scioli con ella no es una casualidad. Que el primero pronunciara en 23 ocasiones la palabra Argentina, se dirigiera a su rival únicamente por su nombre, Mauricio, o que el segundo lo hiciera por su apellido, Macri, hablara del “Estado” quince veces y otras tantas se le viniera a la boca un “todos”, tampoco es fruto de la improvisación. Ni siquiera ese beso de tornillo que Juliana Awada le colocó en los labios a su marido, Mauricio Macri, fue, posiblemente, espontáneo. Los expertos en comunicación están detrás de todos esos detalles y los mejores, logran sorprender con sus decisiones y el entrenamiento de sus “pupilos”. El objetivo es ganar en una audiencia (al final superó la final del mundial de  Brasil entre Alemania y Argentina) donde hay espacio para pescar nuevos votantes pero, sobre todo, no perder ninguno.

El equipo del actual jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires estaba satisfecho con el resultado del pulso dialéctico del domingo por la noche en la Universidad de Derecho aunque reconocía, entre bambalinas, que siempre se puede hacer más (el cierre fue medio chapucero). Los jóvenes que asesoran a Macri (treintañeros y algún cuarentón, en su mayoría a excepción de Jaime Durán Barba) advirtieron falta de reflejos de su candidato cuando el gobernador de Buenos Aires, con acierto y sorna, le vino a decir algo así que, cómo se atrevía a plantear que vencerá al narcotráfico cuando fue incapaz de quitarse de en medio a “los trapitos”, aparcacoches ilegales de la capital argentina. Hubo otras confesiones de parte pero también enormes reconocimientos en un saldo que, a todas luces, les fue favorable.

Cuando Macri dijo aquello de “ahora entiendo a los periodistas, no respondes una” y le comparó con un “panelista de 6,7,8” (programa militante del kirchnerismo de la televisión pública) le acababa de hacer un guiño a la profesión de periodista, vapuleada durante esta larga década de agresiones, maltrato y desprecio, primero por Néstor Kirchner y después por su esposa y heredera de la Presidencia de Argentina, convertida en innombrable –era su turno- para Daniel Scioli.

La duración del debate, de hora y cuarto, también estaba medida y acordada para no aburrir al auditorio ni a los candidatos, hombres, por cierto, que evitaron meter el dedo o el dardo en la palabra de los desafíos de la lucha contra la corrupción o la política internacional (Venezuela es una excepción). Al hilo de esto llamó la atención que José Octavio Bordón, ex candidato presidencial y ex embajador en Estados Unidos de Kirchner, para solidarizarse con las víctimas de los atentados en Francia, recordara, al abrir el debate, que en otras ocasiones las mismas tragedias suceden en Africa. Los prejuicios a los países desarrollados son tradicionales en ese modelo de político argentino y resultan evidentes. Por desgracia,  se manifiestan mientras en París siguen contando muertos.

Tampoco quedó librado al azar el vestuario de ellas, las mujeres. Ambas están ligadas al mundo de la moda y sus ropas y peinados llevaban un mensaje implícito. Karina Rabolini eligió el moño de Evita y un modelo de cuello cerrado en dos tonos, verde y salmón. Juliana Awada, de origen sirio, fue blanca y radiante como una novia el día de su boda pero con traje de chaqueta, escote y pantalón moderno de pata ancha. La frescura de ésta última era notable. Para colmo, la eterna compañera de Scioli llegaba escaldada de una mesa televisiva donde Pilar Rahola, muy conocida en Argentina, le había sacudido de lo lindo a su marido (ojalá tuviera los mismos ojos y rasero para analizar la democracia en España y la “resolución” del Gobierno catalán).

Este primer debate y balotaje de Argentina difícilmente cambie el voto en las urnas de los que se declaran indecisos o votaron a Sergio Massa en la primera vuelta. Los analistas, en general, advierten que no tiene efecto electoral significativo. A toro pasado, lo pueden decir pero los cara a cara son siempre un riesgo para los candidatos. Haberlo asumido, por primera vez en la historia de Argentina, es un mérito aunque les mueva únicamente el interés. Someterse a un entrenamiento de esa naturaleza y grado de exigencia no es poca cosa y más cuando hablamos de hombres cuyas dotes naturales no son, precisamente, las de la oratoria o la dicción.

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