Todo es posible en Brasil

Publicado por el oct 27, 2014

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Dilma-RousseffDilma Rousseff ganó. En buena o en mala ley (la campaña sucia apestó) la presidenta de Brasil fue reelecta. La diferencia escasa entre un 51 por ciento largo y el 48 más largo de Aécio Neves, permite pensar que el socialdemócrata, con una semana más de campaña, podría haberle arrebatado el triunfo a la favorita de Lula.

Este análisis sería el lógico en muchos países pero la evolución que han seguido las encuestas en el último mes y pico en Brasil (montaña rusa con sobredosis de estupefacientes) también deja espacio para la duda y podría llevarnos a pensar que Rousseff, con más tiempo, habría sido capaz de ampliar la brecha con el “tucano”, como se conoce a los militantes del PSDB.

Me inclino a pensar en la primera opción como favorita pero, visto lo visto, todo era posible. Dicho esto, el Brasil que hereda de sí misma Dilma Rousseff le está advirtiendo que no vale todo y que más le vale que, pronto, reencuentre el sendero de mayor crecimiento para este gigante con más de doscientos millones de habitantes.

El mensaje de las urnas que, entre unos y otros casi se tiran a la cabeza en campaña, también le cuenta a Rousseff, pese a ganar, que la corrupción pasa factura (aunque la pueda pagar). En la cárcel hay unos pocos hombres del PT, entre otros José Dirceu, que quiere salir corriendo, que sueñan con un indulto o beneficios especiales por ser quiénes son. La tentación de echarle un cable a sus compañeros de partido –y posiblemente las presiones- debe ser grande. También la de echar tierra sobre el escandalazo de Petrobras y apartar al “arrepentido” que pensó que le quieren envenenar.

Los ánimos en este Brasil 2014 están más caldeados que nunca y el recuerdo de las manifestaciones callejeras aún está presente. Si Dilma lo olvida, cede a las tentaciones y sigue por la calle de en medio, -que viene recorriendo desde hace cuatro años-, no sería una sorpresa volver a ver a los encapuchados en las calles. Y para no ver eso, debe pagara un precio: Cumplir sus promesas de cambio. Eso es exactamente lo que dijo que hará en su primer intervención como presidenta reelecta. Y aunque lo pinto como un gran desafío. Tampoco parece tanto. Sobre todo si, como dijo, ahora está dispuesta al “diálogo”. “Escuché las urnas. La palabra más repetida fue cambio y el tema más recurrente reformas”, reconoció antes de anunciar “un plebiscito”.

Dilma Rousseff no olvidó ninguna de las asignaturas que tiene pendientes. Prometió, “cambios en la legislación para acabar con la impunidad que es la protectora de la corrupción”, garantizó “seguir combatiendo con rigor la inflación” y hasta  se acordó de “dialogar” con los “movimientos sociales y las fuerzas de la sociedad civil”. En resumen, demostró que tiene buena memoria. Ojalá que le duré.

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