Murió Alfredo Alcón, el Laurence Olivier argentino

Publicado por el abr 11, 2014

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Argentina llora la muerte de uno de sus más grandes actores de todas las épocas. Alfredo Alcón padecía un terrible cáncer desde hace tiempo. Tenía 84 años. Una “insuficiencia respiratoria” le robó el aire y la vida en su casa de Buenos Aires. Más de cuarenta obras de teatro y otro tanto de títulos cinematográficos forman parte de su herencia.

Las últimas horas tuvo muy cerca a Guillermo Francella, “a las cinco me nos cuarto de la mañana me volvieron a llamar. Había fallecido. Es lo más grande que he visto en teatro, único”, lamentó el actor de “El secreto de sus ojos”. Alejandro Vaneli, más de 25 años junto a Alcón, recordaba: “Jamás tuvo un gesto altisonante. Nunca  le vi alzar la voz o tener un mal gesto. Jamás reaccionaba con enojo”.

 

Alfredo Felix Alcón Riesco, su nombre de pila, parecía haber nacido para subirse a las tablas. Los clásicos fueron su seña de identidad. Shakespeare, Samuel Beckett, Ibsen, Valle Inclán, Tennesse Williams y Federico García Lorca, entre otros, formaban parte de la familia teatral que fue incorporando a lo largo de su vida.

De figura imponente pero gesto amable, su voz grave y sin fisuras inundaba teatros, salas de cine y televisión. Todos los géneros y soportes estaban a su alcance y en todos ellos brillo con luz propia.

Su primer trabajo fue en la Radio Nacional de Argentina. “Había un concurso Me hicieron una prueba y me contrataron para leer”, recordaba hace poco. Una belleza en su juventud, le gustaba reconocerlo, “ser lindo me salvo de muchas”. También, le sirvió para hacer cine, se estrenó con “tres cuentos de cine” en los que participó con la legendaria Mirtha Legrand y la difunta Tita Merello.

“No sabía si tenía condiciones de actor”, confesaba. Las tenía, hizo de cura, travestí se devoró a Hamlet (“la Capilla Sixtina”, lo definiría), Pirandello y a los autores y personajes que se colaban, al menor descuido, por las venas de un actor de raza, un poco la versión argentina de Laurencia Olivier.

Su infancia no fue fácil, “Tenía 6 años cuando perdí a papá. Tocaba el bandoneón y yo le molestaba con el tamborcito… Una vez le pedí la luna, que si me la podía alcanzar. Él fue al fondo de la casa, se subió a la escalera, hizo que la tocaba y empezó a reírse con mi mamá. Me quedé muy decepcionado. Alguien que sabe mucho de psicología –añadió jocoso- me dijo que desde entonces yo andaba pidiendo la luna. Yo, de lo que tenía ganas era de acontecimientos extraordinarios”.

En cine protagonizo medio centenar de películas. Entre otras, “Nazareno Cruz y el lobo” (1975), “Los inocentes” (1964) de Juan Antonio Bardem, “El hijo de la novia” (2010) de Juan José Canpanella, “De eso no se habla” de María Luis Bemberg o “Últimas semanas del naufragio”, de Eliseo Subiela.

Sus restos se velan en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación. Allí recibirá el actor, en su despedida, a todo su público.

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