Argentina o cómo gobernar con las espadas en alto

Publicado por el oct 1, 2012

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“No le regalemos un muerto a Magnetto…Lo están buscando, necesitan una víctima fatal que les caiga del cielo”, para demostrar, “que el odio sale del otro…No ayudemos a la bestia… Vienen semanas complejas”. El entrecomillado corresponde a Víctor Hugo Morales, locutor de Radio Continental de Argentina. Héctor Magnetto es el CEO del grupo Clarín, el “multimedio” enfrentado con el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner desde la denominada crisis del campo en el 2008. Entonces, la posición del periódico de mayor circulación en Argentina fue contraria a la idea de subir los impuestos previos a las exportaciones del grano que la presidenta quería imponer. El fracaso de aquella iniciativa, finalmente llevada al Parlamento, dio pie al principio de una campaña de acoso y derribo contra Clarín desde el Ejecutivo, la prensa oficialista y buena parte de los organismos de derechos humanos, con Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto, titulares de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en cabeza. A partir de ahí pareciera que se impuso el principio de “todo y todos nos valen” siempre y cuando el objetivo sea “la bestia”, según expresión de Victor Hugo.

En el camino para triturar a Clarín, -periódico no exento de críticas merecidas como cualquier otro medio de comunicación-, no han sido pocos los daños colaterales con nombre y apellido. Los hijos adoptados de Ernestina Herrera de Noble, viuda del fundador de Clarín, lo saben bien. También Magnetto, ridiculizado por su traqueotomía y motivo de escarnio en una serie de la televisión argentina.

La guerra entre el poder de la Casa Rosada y sus aliados y el de Clarín, incluye una ley de medios hecha a su medida para destruir al “multimedia”, anuncios pagados por el erario público en la televisión donde se vierten amenazas y un largo etcétera. Eso, sin embargo, puede no ser lo más grave.

El Gobierno actúa como si el responsable de todos los males que le aquejan fuera Clarín. El bochorno, sin ayuda de nadie, protagonizado por la presidenta en las Universidades de Georgetown y de Harvard, donde trató con soberbia e infinito desprecio a los estudiantes, es buena prueba de ello. La seguidilla de falsedades y su comparación de la Universidad de La matanza, un barrio popular, con las prestigiosas universidades privadas que eligió para aceptar preguntas, también fueron cosecha suya. Sin embargo, su red de medios de comunicación oficial da la vuelta a la tortilla y vuelve a señalar a Clarín como si Magnetto se hubiera disfrazado de la Jefa del Estado y hubiera dicho lo que dijo ella. La secuencia resultaría hasta cómica sino fuera por la tensión que genera esta forma de hacer política en Argentina.

La polarización en la sociedad es extrema y el discurso beligerante desemboca en peligrosas declaraciones de principios como la de Víctor Hugo. El locutor, de enorme audiencia en la radio, jalea a las masas y habla como si Argentina estuviera en plena lucha armada. El cronista deportivo, reconvertido en estandarte del kirchnerismo, -famoso por bautizar a Maradona “barrilete (cometa) cósmico”– ha hecho propia la mecha de la retórica violenta. Lo hace con naturalidad y lo repite como si la vida no valiera nada. “No le regalemos un muerto”, “necesitan que les caiga del cielo”, insiste, frente a previsibles manifestaciones y cacerolazos.

Argentina no se merece escuchar el tic, tac, de ninguna bomba de relojería. La presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, ganó hace un año las elecciones con más del 54 por ciento de los votos. Tiene mayoría absoluta en ambas Cámaras, el control del Consejo de la Magistratura (Consejero general del Poder Judicial) y la decisión de nombrar jueces a su antojo. Somete a los gobernadores al actuar como la dueña de la chequera, inspira a su escuela de alumnos de La Cámpora y domina a los empresarios bajo amenaza de no renovación de licencias, creación de nuevos impuestos o directamente intervención o expropiación gratis. Cristina Fernández de Kirchner tiene el poder absoluto. Por eso, resulta aún más difícil de entender que elija y tolere entre los suyos una forma de Gobierno donde “el odio” que menciona Víctor Hugo parece estar a flor de piel. Sí, vienen semanas complejas.

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