“Cristina es Boudou”. La sentencia de Ricardo Gil Lavedra, ex miembro de la Cámara que juzgó a las Juntas Militares, la pronunció después de ver una escena más que significativa. La presidenta de Argentina, en su primera intervención pública desde el jueves, sentó a su diestra al vicepresidente objeto de investigación en un escándalo de tráfico de influencias que tiene de telón de fondo la empresa elegida por el Gobierno para fabricar miles de billetes de dinero contante y sonante.
Boudou, el vicepresidente
y ex ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner,
compareció en público hace una semana y
repartió estopa en todas direcciones. De su inocencia sólo dijo eso, que era inocente. El
elegido por la jefa del Estado para acompañarla en su segundo mandato
hizo del ataque su mejor y única defensa. La
batería de acusaciones vino acompañada de la
descripción de una Argentina gobernada por las mafias. La mafia
de la justicia, la mafia
de gobernadores, la mafia
de la Bolsa de Comercio, de
la política, de
los medios de comunicación y un largo etcétera que
adornó con el recuerdo y la recomendación de volver a ver El Padrino (él lo hizo la noche anterior).
Sobornos, cohechos , presiones, concursos públicos fantasmas, sospechas de fraudes en adjudicaciones de imprentas de papeletas y sombras de delitos consentidos en las salas de juego, redondearon el discurso de
Boudou, un hombre –a tenor de su intervención- con acceso a conversaciones privadas de otros. El efecto inmediato fue la
renuncia del Procurador General, Estebán Righi, equivalente al Fiscal General de la Nación. Boudou había
acusado –y formalizado en primera instancia judicial-
al despacho de su esposa de ofrecerle inmunidad judicial a cambio de los servicios del bufete. El vicepresidente que
calló durante este tiempo los delitos que confiesa ahora, tuvo su primera satisfacción. La segunda fue que
el juez que investiga la causa, Daniel Rafecas, ahora debe someterse a un juicio paralelo. La tercera alegría apunta a
“sus compañeros” del Ejecutivo y de partido que pasaron de no “poner las manos en el fuego por nadie” a salir en su defensa. Pero
la gran victoria, el tiempo dirá si es pírrica, fue lograr
mantenerse al lado de su madrina política cuando “Ella”, después del chaparrón, decidió poner la cara junto a él. El
apoyo o encubrimiento de la única que de verdad manda en Argentina le dio, al menos de momento, un balón de oxígeno al asfixiado Boudou. Quizás, la explicación se encuentre en lo que dijo hoy Gil Lavedra, “Cristina es Boudou”.
El vídeo es la primera parte de una serie que no tiene desperdicio.