Peru Egubirde

Publicado por el Jun 25, 2008

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Se ha muerto Peru Egubirde, corresponsal diplomático de EL PAIS. Supongo que lo ha hecho acordándose de todos sus antepasados y, de paso, de los de la gente del hospital, donde entró con un tumor benigno en la cabeza y salió como se sale cuando ya no eres nada.
En Londres, cuando Peru era corresponsal de Diario 16, -periódico del que fue fundador- descubrí que era medio sordo. En realidad, quien me contó el secreto, -hace casi treinta años-, fue Andrés Ortega, buen amigo y, por entonces, su competencia en EL PAIS.
Volví a ver a Peru en una de las muchas Cumbres Iberoamericanas que compartiríamos. En una de ellas, la de Montevideo, Luis Ayllón (ABC) y Marisa Cruz (EL MUNDO) me contaron que era un enamorado de la ópera. Jorge Marirrodriga (EL PAIS) añadiría más tarde que Peru era un defensor a ultranza de Pavarotti, el tenor al que los críticos españoles con aires de grandeza y menos oído que Peru, abrasaban a críticas.
Al enterarme de esta pasión para mi oculta- me sorprendió que ni por amor a la música Peru fuera capaz de colocarse un sonetone o pinganillo. Tenía una explicación: Conocía las partituras de memoria y en temas de trabajo, al final y al principio-, se enteraba de todo, así que el resto, le importaba un bledo.
Capaz, por un detalle sin importancia, de sacar de sus casillas a cualquiera, el mal pronto de Peru se compensaba con su buena conversación. Excelente discutidor, didacta en sus explicaciones -y en sus crónicas- después de cenar con él tenías la sensación de que habías aprendido algo y ese algo era bueno.
En Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) le recuerdo con un traje de baño de licra, ajustado hasta a la cintura, en la piscina del hotel. Había cumplido sobradamente los 50 y ahora creo que iba camino de los 60 pero, como en sus tiempos de Londres, seguía teniendo un tipo muy masculino, al estilo de los actores de películas antiguas.
La última vez que le vi fue en Santiago de Chile. Se marchó con la tropa de colegas que sigue a Zapatero antes del, Por qué no te callas, del Rey. El contingente de prensa española se quedó atrapado en un autobús y después en el avión del Presidente, sin poder ver, oír ni transmitir el notición que estaba sucediendo.
A la mañana siguiente, lo primero que hice fue buscar EL PAIS para ver cómo lo habían resuelto. La firma de Peru estaba dando buena cuenta de lo sucedido. Había escrito la crónica a mano, a trompicones, y la había dictado volando, nada más aterrizar en Buenos Aires. Ese es mi último recuerdo de Peru pero, por fortuna, no el único.

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