Los Kirchner y las oportunidades perdidas

Publicado por el may 27, 2008

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El domingo, el mismo día que el matrimonio Kirchner cumplía media década en el poder, el país celebraba el día de su independencia de España.
La población, sin excepción, se arropaba con su bandera, entonaba el himno nacional y algunos comían locro, un plato a caballo entre la fabada y el cocido. Ese día Argentina, al menos en la calle, se presenta unida. Así sucede todos los años pero este 25 de mayo fue distinto.
El país se partió en dos. Los que están con el campo y los que siguen a la presidenta y a su marido. Los primeros, en huelga intermitente durante 75 días, organizaron en Rosario, provincia de Santa Fe, un acto propio. Voluntariamente asistieron entre doscientas mil y trescientas mil personas, según datos de los organizadores o de la Policía. Agricultores, terratenientes, sindicalistas rurales, dirigentes de la oposición de derecha e izquierda y hasta una Abuela de Plaza de Mayo organización leal al oficialismo-, unieron su voz para dirigirse a un Gobierno que parece sordo y ciego ante sus demandas.
El objetivo de esa movilización era pedir que se revise no anule- la actual política impositiva a las exportaciones de algunos productos del campo. En concreto,las denominadas retenciones móviles que oscilan en función del precio del mercado internacional desde principios de marzo.
Simultáneamente en la provincia de Salta, -con la de Jujuy la más al norte del país-, la presidenta asistía al Tedeum. Como en años anteriores hiciera su marido, evitó lo que es tradicional: la catedral de Buenos Aires donde el cardenal Jorge Bergoglio, un obispo que de milagro no es Papa, acostumbra a hablar sin pelos en la lengua.
Terminada la misa Cristina Fernández de Kirchner, su Gobierno, la mayoría de los gobernadores que dependen de su bolsillo, los representantes de organismos de derechos humanos que financia hasta para montar constructoras- y fieles convencidos de que ella es la mejor, celebraron juntos el día de la patria.
Entre el público, se encontraban también los pasajeros de unos mil autobuses acarreados. Muchos, como en Banfield (Buenos Aires) tentados por cien pesos (menos de 25 euros) antes de subir y una bolsa de alimentos una vez que estaban sentados.
En Rosario los discursos del campo, de los ricos y de los pobres, exigieron una negociación seria para evitar volver a los bloqueos de carreteras. Era una advertencia o una amenaza, según se mire. Los gremialistas que hablaron expresaron su confianza en que el lunes la mesa de diálogo anunciada por el Gobierno abordara el problema de las retenciones. Motivo inicial de la discordia en una batalla que supera los dos meses y llegó a dejar desabastecido parcialmente al país, las demandas ahora se ampliaron para reclamar una política diferente con el sector.
Cristina Fernández y su marido han perdido un tiempo precioso para resolver un problema que ha crecido como bola de nieve, se ha cobrado a un ministro de Economía (el efímero Martín Lousteau) y tiene a la población y a la oposición de uñas.
La presidenta, desde Salta, dio la impresión de haber puestos los pies en la tierra. Bajó el tono de crispación, dejó de llamar golpistas a la gente del campo y muchos yo entre ellos- creyeron ver una luz en una política que a veces parece iluminada por el rencor y la soberbia. La esperanza se derrumbó en menos de 24 horas. Los presidentes Kirchner se sintieron ofendidos por las palabras de un sector que, como ellos, recurrió a las banderas del nacionalismo, la lucha de los derechos humanos y la justicia social. Arrebatado el discurso oficial, el Gobierno suspendió la mesa negociadora.
Una vez más el surrealismo se apodera de este país y la dinastía K se empeña en desaprovechar las oportunidades que, generosamente, el destino les ha brindado en los últimos cinco años.

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