El Rey, Chávez y ZP

Publicado por el Nov 11, 2007

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Hugo Chávez no lo sabe pero le ha hecho un favor enorme a media España (y a la otra media también). Los que presumían de republicanos comienzan a sentirse monárquicos y los enemigos irreconciliables como ZP y Aznar han terminado charlando por teléfono y echándose flores (no muchas pero con una basta).
Increíble pero verdad y todo gracias a Chávez que salió como un miura hasta que se topo con el Rey. Don Juan Carlos estaba tan harto de él como la mayoría de los Jefes de Estado de la Cumbre de Chile pero hizo lo que otros no se atreven: se echó al ruedo, paró, mandó, templó y silenció a la bestia bolivariana con cinco palabras: ¡Por qué no te callas!.
Algunos creen que la frase, en la mente del Rey, continuaba con la preposición de seguida de una y un sinónimo de meretriz pero eso sólo lo puede saber Su Majestad y, la verdad, no creo que nadie se atreva a preguntarle. Lo único que se pudo comprobar “in situ” fue que dijo lo que dijo y que Hugo Chávez se lo había ganado a pulso.
Repasemos los antecedentes para entender cómo se llegó a esa situación. Chávez pensó que, como hasta ahora, podía seguir jugando a ser el chistoso de todas las reuniones . Sus motivos tenía porque en América Latina, quién más quien menos le debe algo (petrocheques) y el que no tiene deudas pendientes con él, prefiere tenerlo de amigo antes que de enemigo.
Pero, al llegar a Chile, de repente, descubrió que nadie le reía las gracias. Salvo a la prensa, al resto de los mortales les importaba un bledo si iba o se quedaba en Caracas, si le parecía bien el lema de la Cumbre o un horror haberla bautizado con esa frase tan pretenciosa como Inclusión social… y bla, bla . El caso es que él no existía porque el follón, en esta ocasión, lo habían montado los argentinos y los uruguayos con la dichosa fábrica de celulosa.
Así las cosas el ex golpista decidió arremeter contra Aznar llamándole fascista y acusándole de ser cómplice de otro golpe de Estado, el de abril del 2002 que casi termina con su Presidencia bolivariana. Pensó que, como cuando llamó a Fox cachorro del imperio, no iba a pasar nada. Se equivoco y se encontró con que ZP mandó a Moratinos a quejarse con Nicolás Maduro, ministro de Asuntos Exteriores de Venezuela. Como estaba avisado, Maduro dijo que lo tenían crudo porque le había entrado una fiebre terrible y que suspendía la entrevista. Esto, -es fácil decirlo a toro pasado-, era un aviso de lo que se avecinaba.
Hugo Chávez vió el cielo abierto para recuperar el protagonismo perdido. Aprovechó su turno en la sesión de clausura y redobló la apuesta de los insultos: Aznar además de fascistas pasó a ser racista y serpiente sin humanidad. La provocación causó efecto: ZP tomó el micrófono y le exigió respeto. Lo hizo, -de verdad- con talante y firmeza al mismo tiempo pero, como quería Chávez, había entrado al trapo.
Lo que no estaba en sus cálculos es que la puntilla la recibiría él y mucho menos de que el matador sería el Rey, el único en su vida que le ha dejado mudo. Al menos, por unos minutos.

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