Los mapas

Publicado por el oct 18, 2007

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Al final, los mapas de Rosa Regás (R.R.) han aparecido. Bueno, no todos porque César Gómez Rivero, el ladrón, dice que sólo robo la mitad. Para ser precisos, diez de los diecinueve que le birlaron a la ex bibliotecaria nacional.
La verdad es que la historia, sino fuera por el daño hecho al patrimonio cultural, es para desternillarse.
Los personajes que han escrito este culebrón no pueden ser más pintorescos. Por un lado R.R. que, desubicada, le echó la culpa al embajador de España aun no sabemos a cuál porque todos la desmienten y ella no da ningún nombre- por entregarle al manilargo una carta de recomendación que nadie ha visto y de la que ella, dice, se fio para acreditarle como investigador.
Por otro lado tenemos al ladronzuelo, un hombre de mundo que vendió como propios dos de los mapas en Sydney y en Nueva York. Al descubrirse la estafa el hombre se quedó sin negocio, con la policía en los talones y entregó el resto de los documentos a su abogado para que los entregara en Buenos Aires.
El tercer elemento en acción no es otro que el mencionado letrado, Fernando Soto, que da su palabra de que su defendido está arrepentido y prueba de ello es que ha devuelto los mapas. Es más, garantiza que su cliente es un apasionado de los incunables pero, pobrecillo, no pudo resistir la tentación de apoderarse de unos pocos teniendo tantos a su alcance.
Al oirle se me escapó la risa en el teléfono y le dije que si algún día me da por no contenerme y cometo algún delito por envidia, avaricia, codicia, vicio, lujuria o cualquier otro pecadillo le voy a llamar para que ponga la cara por mi ya que, después de lo escuchado, la debe tener de piedra.
En cuarto lugar tenemos al juez español cuya identidad hasta ahora también es un misterio y mira que en esta peli hasta los extras han hablado de más. Mientras la Interpol de Argentina y el juez Federal, Ariel Lijo, hacían lo imposible para echarle el guante al ladrón, el magistrado español se cruzaba de brazos. Con lo cual, los polis y el juez se quedaron descompuestos y sin caco al que encerrar.
En medio del lio, otra que se da el gran patinazo y nos pone a todos a trabajar, fue la sustituta de R.R. A Milagros del Corral no se le ocurrió mejor idea que anunciar a todo trapo en Madrid la devolución de los dichosos mapas y una detención que nunca existió.
Para poner un poco de orden en este desaguisado del que los funcionarios españoles en Buenos Aires se enteraron por la prensa- haremos balance:
-R.R, como dijo alguien que la conoce, escupió al cielo (de los embajadores) y el escupitajo le cayó en todo el ojo. El ministro de Cultura, César Antonio Molina, le cerró la boca y, con portazo o sin él, la puso en la calle. No lo hizo por ser mujer como decía ella, sino por incompetente, dejarse robar sin control y trolera.
-Ahora, los mapas están guardados en un Juzgado de Buenos Aires de donde saldrán vaya usted a saber cuándo pero si las medidas de seguridad de la Biblioteca Nacional eran una broma, yo no pondría la mano al fuego por las del Juzgado.
-César Gómez Rivero, el uruguayo apasionado de los incunables, gracias a su abogado está y se va a quedar de rositas en la Recoleta mientras en España, atribulados, deciden qué hacer ahora.
-Por último, si el ladrón no miente, hay que hacerse una pregunta: ¿Dónde están y quien robó los otros 19 documentos?
Como no tengo ni idea estoy por llamar a Rosa Regás. Seguro que ella tiene alguna respuesta. Lo malo es que no tengo su número.

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