El tomate argentino

Publicado por el Oct 9, 2007

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Hasta ahora los economistas hablaban de la hamburguesa Big Mac como el índice de referencia de precios de un país pero, las últimas semanas, Argentina ha incorporado otro sistema de medidas: el índice tomate. Sin embargo, su verdadero valor es motivo de acaloradas discusiones entre los consumidores y el Gobierno.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el kilo de tan preciado producto no alcanza, al cambio, 1 euro (3,99 pesos). Defendido este precio, a capa y espada por el presidente Néstor Kirchner y su mujer, Cristina Fernández, a la sazón, candidata a las elecciones presidenciales del 28 de este mes, la verdad de la milanesa (prueba del algodón, en porteño) les quita la razón.
Basta darse una vuelta por las fruterías de la ciudad de Buenos Aires para comprobar que los tomates, en el mejor de los casos, no bajan de 4 euros. En el céntrico barrio de Palermo un comerciante, no exento de gran sentido del humor, decidió esta semana poner su precio en pesos, dólares y euros. A renglón seguido escribió entre paréntesis: Con perdón.
En los supermercados y tiendas de La Recoleta, equivalente al barrio de Salamanca de Madrid, la oferta oscila entre 4,5 y los 5 euros pero la realidad parece ser ajena a la actual Administración que se mantiene en sus trece de que el tomate no vale lo que los argentinos se ven obligados a pagar. Acá en Argentina, para que ustedes lo tengan claro, el índice es perfecto, clamó Néstor Kirchner el viernes.
En este contexto, las asociaciones de consumidores se han revelado frente a lo que consideran un insulto a la inteligencia y al bolsillo y ayer mismo comenzaron una campaña para boicotear la compra de un ingrediente básico en la alimentación que ahora resulta más caro que consumir un ración para cuatro personas de milanesa de carne que cuesta 8 pesos (dos euros) denuncian.
Bajo el lema, no pague más evite la especulación intentan forzar al Gobierno para que intervenga el mercado, como hace con otros productos, y se rebajen los precios. Con este objetivo en el barrio de San Telmo, célebre por su mercadillo de antigüedades de los domingos, los comerciantes regalaron ayer un tomate con una pegatina con distintos lemas de protesta.
La polémica del tomate, que no tiene la culpa de todo, es una más de las que salpica a un organismo que tradicionalmente se respetaba como el Indec y que hoy es motivo de burla, chirigota y desprestigio por su falta de rigor.
Lo curioso es que los primeros en denunciar la manipulación de los precios fueron los trabajadores de este instituto. Como consecuencia, algunos fueron represaliados por la Administración y hasta expulsados.
Según el Indec, que está en boca de todos los candidatos a las elecciones, la inflación de este año hasta el mes pasado- es de 5,8 por ciento mientras que las asociaciones de consumidores y diversas consultoras aseguran que supera el 10 por ciento, prácticamente el doble.
El escándalo ha cruzado la frontera de los supermercados y se ha instalado en el ámbito judicial donde hay varias investigaciones abiertas para saber quién dice la verdad, si el Gobierno o la gente que, para ser justos, está de este asunto hasta el tomate.

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