La Argentina del género tonto

Publicado por el jul 24, 2007

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Supongo que Cristina Fernández, como yo, leyó en La Nación que la ministra de Defensa, Nilda Garré, había quedado imputada en una causa de contrabando de armas. No sé qué pensaría ella pero yo me dije: debe haber un error, ese fue Carlos Menem y compañía. Como era demasiado temprano preferí darme una buena ducha antes de echarle otro ojo al diario.

Como acostumbra cualquier corresponsal que pretenda estar un poco enterada de por dónde van los tiros, me metí en el cuarto de baño con el transistor, que diría mi abuela, encendido. Entre restos de jabón y pompas de champú, la voz de la radio, como se podría definir a la histórica Magdalena Ruiz Guiñazú, hizo correr como la pólvora la bomba informativa que acaba de leer: Era verdad, Garré, militante combativa durante la dictadura y ex de un guerrillero montonero, estaba en la lista negra del juez que investigaba el presunto fraude de compra venta de varias toneladas de piezas diferentes de fusiles Fal.

El caso había explotado después de que se interceptara un envío de 6.700 kilos de gatillos, tuercas y demás partes del mecano de un fusil que Fabricaciones Militares, dependiente de Defensa hasta hace, más o menos, un año, había vendido a un argentino residente en EE UU por 2.600 dólares. Por si no está claro, una ganga. La operación había contado con el visto bueno, es decir, con la aprobación por escrito de una comisión interministerial de la que formaba parte Nilda Garré, como titular de Defensa. Por esa razón el juez la había imputado.

En un gesto castrense que parecía distanciarla de Felisa Miceli (la ex de Economía que guardaba miles de dólares en el baño de despacho oficial), Garré dio un paso al frente de inmediato. Se puso al mando de la contraofensiva mediática y apuntó al juez, al Ministerio de Economía, al de Planificación y a la Aduana para jurar que ella tenía las manos limpias de polvo, paja y dinamita. En su afán por convencer de su inocencia dijo: No sé lo qué es un Fal y algo así como que en materia de armamento ella, la ministra de Defensa, tiene el mismo conocimiento que Doña Rosa, en español equivalente a una Maruja.

No sé si Nilda Garré es culpable o no del contrabando de material bélico, tampoco me consta si el dinero del baño del ministerio de Felisa Miceli era un soborno o de verdad se lo prestó su hermano. Mucho menos si Romina Picolotti, la secretaria de Medio Ambiente, hace bien en viajar en jet privado y contratar a toda la parentela pero lo que tengo claro es que me resulta mucho más molesto, por razón de género, tener que escribir de estas mujeres que de los hombres. Me fastidia, sin género de dudas, que desaprovechen estas oportunidades históricas y justifiquen con su conducta que se conviertan en el hazmerreir de medio mundo. Llego a pensar que su jefe, el presidente Néstor Kirchner, las nombró por venganza, para demostrar que, al final, todas las argentinas son del género tonto. Menos mal que llega Cristina y con ella vendrá el escándalo pero, al menos, no la estulticia. ¿Estamos de acuerdo?

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