Las reglas del juego

Publicado por el jun 5, 2007

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Algunas piezas encajan mal en el puzle de la democracia porteña. Si la goleada de Mauricio Macri, en las elecciones del domingo, se hubiera registrado en el campo de juego de las Presidenciales, nadie plantearía una revancha. Tampoco pedirían una segunda vuelta si el partido en sentido figurado- se hubiera celebrado en cualquier otra provincia. La Capital Federal, salvo error, es el único distrito de Argentina que exige tener la mitad más uno de los votos para poder llevarse el título de campeón. Entiéndase gobernador, jefe de Gobierno, intendente, alcalde, presidente o como quiera llamarse. La discriminación está rubricada por una Constitución a todas luces injusta. Tanto si se compara con el régimen electoral nacional, que se conforma con más del 40 por ciento de los votos o una diferencia de diez puntos, como con los locales que siguen similar derrotero.
Es cierto que al segundo candidato, Daniel Filmus, le asiste la ley para exigir e intentar vencerle en un ballotage. Pero también lo es que eso es un derecho por cierto poco barato- y no una obligación. ¿Por qué lo que es bueno para el país no lo es para la ciudad de Buenos Aires? ¿Por qué se mide con un rasero una parte de Argentina y con otro distinto el resto?
La Carta Magna capitalina, que diría Néstor Kirchner, se escribió sobre renglones torcidos en 1996. Los intereses políticos primaron sobre el interés general de la población y hoy se beneficia de esa circunstancia, una facción del peronismo. Mañana el favorecido puede ser el propio Macri, la agónica Unión Cívica Radical (UCR) que debería entonar en alto el mea culpa- o cualquier otra formación de viejo o nuevo cuño, si no se enmienda, de mutuo acuerdo, lo que debería tener fácil arreglo para evitar, en el futuro, meterse un gol en portería propia.
Los juristas se entusiasman cuando hablan de la letra y del espíritu de la ley. Me pregunto si la intención final de esta ley es contrariar la voluntad de más del 45 por ciento del padrón. Este es el porcentaje de electores que no ha titubeado para votar a Macri que ha superado en 22 puntos a Filmus (el sueño de cualquier candidato en Europa). El resto se difuminó en otras opciones. Menos de la mitad que eligió a Macri se inclinó por Jorge Telerman (20,6 por ciento) y Daniel Filmus (23,7 por ciento). Cada uno, por su cuenta, no alcanza un cuarto de la población con derecho a voto y apenas unos miles de sufragios se han desperdigado en formaciones menores. La lectura, pese la abstención tradicional de un ausente habrá que estudiar las razones- 25 por ciento, no parece compleja: mayoritariamente los porteños han expresado su deseo de que Mauricio Macri tenga una oportunidad. Intentar arrebatársela, insisto, es legal pero, desde un punto de vista democrático, no parece muy aceptable.
El nuevo escenario da pie a una reflexión. En contra de la opinión de muchos analistas, creo que la campaña ha transcurrió dentro de unos cauces de civismo ejemplares (ojalá fuera igual en España). Si el mayor reproche que se puede hacer de juego sucio es la judicialización del uso de un título académico inexistente, como es el de licenciado, del que se ha aprovechado Jorge Telerman, creo que Argentina está de fiesta.
A la vista de las declaraciones del propio Filmus hasta ahora impecable en las formas-, la misma noche del domingo o de las de su compañero de fórmula, el banquero Carlos Heller, en la mañana de hoy y sin olvidar los comentarios a micrófono abierto tanto de Alberto como de Anibal Fernández (ambos ministros), parecería que el camino recto por el que ha transcurrido este proceso electoral corre el riesgo de desembocar en un pozo de inmundicia.
Si la maquinaria anti-Macri va a implicar el, todo vale, atribuirle el protagonismo y la responsabilidad de los que hambrearon (Filmus sic) a Argentina o identificarle con el pasado más siniestro del país, el ejemplo de serena convivencia de la primera vuelta quedará en el olvido. En ese caso, de nuevo, es posible que resucite el sentimiento capitalino de desprecio a la clase política y al Gobierno. Y esas cosas, se saben como empiezan pero nunca como terminan.
(P.D. Advertida por algunos seguidores de este blog, hago propósito de enmienda y prometo no contestar sus comentarios desde otro lugar que no sea éste. Lo hice por cortesía pero acepto que ese espacio no me pertenece. Cada cuál en su lugar aunque algún ocioso no lo entienda. Por cierto, tomo nota de las sugerencias para hablar de Ecuador, de rincones de Buenos Aires y del resto de las peticiones. Tiempo al tiempo, todo se andará)

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