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El peine del tejedor

Una proposición indecente

¿Qué hay detrás del exorbitante paquete de regalos que EE.UU ha ofrecido a Netanyahu a cambio de que congele las colonias 90 días, ni un minuto más, y además dejando fuera a Jerusalén Este?.

Que Obama haya ofrecido 20 cazas E-35, -que dispararán al infinito la capacidad bélica de Israel por encima de la sus vecinos-, más el blindaje diplomático total de los intereses israelíes en la escena internacional, -lo que implicaría segar ya de raíz las pretensiones de los palestinos de pedir a la ONU su reconocimiento como Estado-, por una tregua de tres meses en las obras de los asentamientos chirría lo suyo. Por desproporcionado, porque el tamaño de la gratificación no se corresponde de manera alguna con el esfuerzo.

Puede ser que Obama este comprando a Netanyahu algo más. Sin ir más lejos, la renuncia israelí a lanzar el tan manoseado ataque sobre Irán. Sólo así, pensando que existen contraprestaciones secretas y que el paquete tiene sorpresa, se entendería que el primer ministro judío todavía se esté pensando si aceptar o no los generosos presentes que el aliado norteamericano le está sirviendo en bandeja.

Como no podía ser de otro modo, la prensa israelí hierve hoy en análisis sobre el trasfondo de esta gran tentación norteamericana. Hay quien opina que es ante todo una trampa de Obama para comprometer a Netanyahu a hacer concesiones para un acuerdo de fronteras con los palestinos dentro de esos 90 días de moratorias. De no alcanzarse, la consecuencia sería una nueva crisis con EE.UU, posiblemente penosa para Israel.

Pero para entrar en esa fase, Netanyahu tendrá primero que convencer a sus ministros de que hay que aprovechar la oportunidad y agarrar los obsequios. Tiene la plaza dividida, con los ultranacionalistas del Yisrael Beitenu y sus 17 escaños soportando el Gobierno jurando que no tragarán con un solo segundo de congelación colonial. También hay quien piensa que esa es la baza de Obama: hacer reventar el Ejecutivo de Netanyahu y provocar la sustitución del Yisrael Beitenu por el Kadima y al inasequible Lieberman por Tzipi Livni. Con una carambola de ese calado, Netanyahu tendría que hacer frente a acusaciones de zigzageante y de claudicador, pero a los ojos de Obama habría ganado puntos como interlocutor serio en la búsqueda de la paz, lo que daría al norteamericano alas para seguir sobrevolando ese sueño suicida de pacificar Oriente Próximo.

El presidente de los Estados Unidos también ha dado a los palestinos 150 millones de dólares, anunciados la semana pasada. No es mucho, si se tiene en cuenta que cada avión de combate ofrecido a Israel vale 130 millones, por lo que no habrá que asombrarse si pronto se ve que los “incentivos” destinados a Ramala se multiplican para conseguir que se conformen con esos 90 días de moratoria y los consideren suficientes como para volver a negociar. Y eso está por ver. El presidente Mahmmud Abbás ya ha empezado a decir esta misma mañana que los palestinos están esperando sus “garantías“. También esta misma mañana, el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, ya se ha mostrado partidario en voz alta de que Israel trinque las dádivas estadounidenses y selle un “entendimiento” antes de que la Casa Blanca se canse y les ofrezca eso mismo a los árabes. Lo mismo va a ser que la política del talón y las proposiciones indecentes funcionan y echan esto a andar, aunque habrá que ver si hacia la paz o hacia el precipicio.

 

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