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El peine del tejedor

La cábala, el colapso de Occidente y un virus llamado “Chernobil”

 

Hace quince días que el calendario judío entró en el año 5.771 y con ocasión del nuevo ejercicio, los rabinos especializados en el misticismo de la Cábala han emitido sus profecías, nada inocentes por cierto. Básicamente, porque las profecías solo son buenas, -o muy buenas-, para Israel, donde la máxima desgracia que se vaticina es una plaga de “medusas gigantes” que invadirán sus costas allá por junio o julio. Para el resto del mundo, el catálogo de desgracias que están por acaecer en los próximos doce meses va del colapso de imperios a terremotos, por no hablar de un amenazante virus informático de nombre apocalíptico: Chernobil.

Las predicciones con el sesgo más político corresponden a Nir Ben Artzi, un rabino conocido por sostener junto a otros que el mesías de los judíos aparecerá antes de la muerte de Ariel Sharon. Estamos aún a tiempo, el primer ministro está aún vivo, aunque en coma hace casi cinco años.

Artzi insiste con la buena nueva, íntimamente relacionada con el brillante futuro inmediato que le espera a Israel. “No habrá fin para los bienes en Israel. El estado crecerá y apartaremos a Siria y Jordania. Israel será el país más rico del mundo en dinero y espíritu”, ha dicho, y “aunque suene ingenuo, el mesías se revelará en esos días”. Al cabalista se le acaba el optimismo cuando mira alrededor: “Dios limpiará el mundo y borrará a China del planeta este año, habrá allí vientos agitados”. A Europa y Estados Unidos exactamente igual de mal: se “vendrán abajo”. Los poderes sobrenaturales del cabalista han esclarecido que 2la tierra está cansada de la impunidad en el mundo y por eso habrá terremotos”.

De terremotos habla también otro experto, el rabino Mordechai Ganot, admirado como un reputado maestro astrónomo que nunca estudió Astronomía. Un terremoto, según sus augurios, precederá “muy probablemente” a la muerte de un “gran rey gentil”, -no judío-, “sin hay un eclipse lunar en el mes de Sivan (mayo o junio)”. Parece que sus cálculos cosmográficos no han dado para certificar el evento celeste. Tampoco un eclipse de sol, que Ganot dice que “se espera en el mes de Tevet” ( diciembre o enero), y que de suceder traerá “una gran confusión al mundo, y del lado en que empiece el eclipse vendrá el diablo y las más altas montañas serán destruidas”.  

En fin. Para el caso, la única catástrofe contra la que se puede hacer algo de antemano va a ser el desastre informático del virus “Chernobil”. Ya tiene fecha, el 22 de Nissan, que se corresponde en el calendario gregoriano con el aniversario del accidente nuclear ocurrido en 1986.

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