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El peine del tejedor

Discriminación en el nombre de Dios

Vuelve el pulso de los judíos ultraortodoxos contra el Estado de Israel. Hoy, unos 20.000 de ellos han salido a las calles de la ciudad de Bnei Brak y, aproximadamente 30.000 por Jerusalén, en desafío a la decisión judicial de encarcelar a los padres de 40 alumnas de la colonia Emmanuel, dentro de la Cisjordania ocupada, que se niegan a que sus hijas vayan a clase con niñas sefardíes.

Son niñas de piel negra. Los padres dicen que el problema es que rezan menos y peor. Pero la decisión del Tribunal Superior de Justicia habla directamente de “racismo” y les condena a dos semanas de prisión, tras haber intentado sin éxito por otros medios que entraran en razón, como ya explicamos en este blog.

Los ultraortodoxos amenazaban con montar “la madre de todas las manifestaciones” y lo han cumplido de momento. Hay 10.000 policías en alerta para tratar de evitar disturbios, aunque lo peor se espera para esta tarde, cuando está previsto que se proceda a los ingresos en el centro penitenciario. “Dios gobernará por toda la eternidad” o “Terroristas de la flotilla libre, padres a la cárcel”, eran algunos de los mensajes que se podían leer en las pancartas de la protesta.  

La escuela de Emmanuel está pagada con dinero público, con los impuestos de todos, aunque en ella no se enseña a las niñas inglés o matemáticas, sino conocimientos religiosos. Por decisión de estos padres de las alumnas askenazíes, además, las que no lo son tienen que entrar por otra puerta o ir al recreo a otra. Hoy, en el diario Yedioth Ahronot, el analista Yair Lapid hablaba de la “vergonzosa extorsión” de los ultraortodoxos a la sociedad israelí y titulaba “No debemos capitular”.

“Leyes injustas protegen su capacidad para ganarse la vida sin trabajar, -decía-, leyes injustas protegen el hecho de que continúen estudiando en las yeshivas mientras nuestros hijos son llamados a filas, leyes injustas protegen la posibilidad, escandalosa, de abrir redes de colegios que construyen muros ante la cara de una niñas cuyo único pecado es tener el color equivocado”.

Otro destacado analista, Ben Caspit, del rotativo Maariv, recordaba que el partido al que apoya la comunidad ultraortodoxa ha obtenido 1,500 millones de shekels (unos 340 millones de euros) a cambio de respaldar los dos próximos presupuestos que presente el gobierno de Benjamin Netanyahu.

Caspit ha escrito “vivir en un juego de reglas democráticas es conveniente para ellos, en tanto obtengan algo. Prestaciones, satisfacciones y derechos. Pero el día que son llamados al orden, la verdad sale a la luz. La Corte Suprema no tiene autoridad, las leyes pueden ser retorcidas por los “sabios de Israel” y la Torah está antes que el Estado. Olvidan que este estado fue establecido sin conexión con la Torah, (con todo el respeto), por gente que luchó, fue asesinada y soñó con construir aquí una sociedad democrática ejemplar, no una sociedad de la Halacha”.  

 

 

 

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