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El peine del tejedor

Daños colaterales

El grupo británico de rock Placebo ha tenido problemas para actuar en Beirut después de haberlo hecho en Tel Aviv. El escritor y líder de una campaña de boicot contra los que “apoyan a Israel”, Samah Idriss, exigió a la banda en nombre de cinco ONGs que escogiera “entre actuar en el Líbano o en un Estado que continuamente viola los derechos”.

Como telón de fondo de esa actitud está el asalto reciente asalto del Ejército judío a la flotilla, en el que murieron al menos nueve personas. Idriss y los suyos consideran “ofensivo” que, al ser preguntado por un periodista si consideraba importante como artista tener el apoyo de Israel, el cantante del grupo, Brian Molho, contestara “Si, si usted viaja en barco”.

Los británicos Gorillaz y Klaxons y los norteamericanos Pixies han anulado conciertos en Israel tras el violento abordaje de los barcos que se dirigían a Gaza.

El solista israelí Idan Reichel ha visto suspendido un recital que tenía previsto en Estambul. La organización lo ha justificado alegando problemas para proporcionarle seguridad.

Ese argumento también ha sido utilizado por la Marcha del Orgullo Gay de Madrid para retirar la invitación que habían cursado al colectivo homosexual de Tel Aviv. También se les ha reprochado que no han condenado el asalto, o más concretamente, que una de sus entidades patrocinadoras, -el Ayuntamiento de la capital israelí-, no lo ha hecho.

La compañía de danza de Hora Yerushalayim se ha quedado fuera de dos festivales en Francia que habían contado con su espectáculo. Uno de ellos ha dicho no tener lugares suficientes para todos los miembros del grupo de danza. El otro ha recurrido a lo de la seguridad.

En la capital francesa, la película israelí “Cinco horas desde París” de Leoni Prudovsky ha sido sustituida por “Rachel”, la producción dedicada a la historia de Rachel Corrie, la activista norteamericana que murió en 2003 aplastada por un bulldozer israelí cuando intentaba evitar la demolición de casas palestinas. El último barco de la flotilla que intentó llegar a Gaza el pasado viernes, pero que fue detenido por el Ejército judío, llevaba su nombre.

El vice director de relaciones culturales del Ministerio de Exteriores israelí, Aryeh Mekel, ha restado gravedad a estas incidencias y ha asegurado que “la actividad cultural israelí en el extranjero continúa con regularidad”.

Para acabar por donde hemos empezado, volvemos al Líbano y a su ministro de Cultura, Salim Wardy, para dejar constancia de sus palabras sobre la “inadmisible” actitud de quienes quisieron boicotear el concierto de Placebo utilizando, -decía- un lenguaje de una “época pasada”. “No puede permitirse que continúen esa clase de comportamientos”, -reclamaba- debemos terminar con esas actitudes”. Pues eso.

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