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El peine del tejedor

Al abordaje

El “Dignity” fue el primer barco en romper el bloqueo de Gaza en octubre de 2008

Este miércoles, las fuerzas militares de Israel están inmersas en el ensayo de dos operaciones de gran calado. Una, los ejercicios “Turning Point 4” destinados a probar las capacidades del país frente a un ataque masivo de sus enemigos. Dos, los preparativos del Comando Naval para impedir la llegada a Gaza, previsiblemente este fin de semana, de una flotilla internacional con 700 activistas, cooperantes y políticos de 50 países junto con 10.000 toneladas de ayuda humanitaria.

El comando Naval ha instalado en el puerto de Ashdod una “sala de interrogatorio gigante” y dependencias en la cercana prisión de Beer Sheva, porque la intención es detener a los nueve barcos y evitar que alcancen las costas de la franja. El embargo es el embargo. El dispositivo de seguridad ha diseñado planes para que la operación, llamada “Vientos del cielo”, no pueda ser vista por ninguna cámara.

Según Israel, se ha ofrecido a la flotilla enviar la carga humanitaria que portan a través de la ONU y la Cruz Roja, pero lo han rechazado, lo que a juicio de las autoridades judías, demuestra que aquí no hay vocación de entregar ayuda a los palestinos, sino de provocar.

Al parecer, la gran negativa a esta propuesta ha llegado desde Turquía. Las relaciones entre los dos países vecinos, caracterizadas de siempre por una suerte de paz fría, se helaron a raíz de la ofensiva judía sobre Gaza en enero de 2009, y desde entonces han dado muy pocos signos de reanimación. No hay más que leer la advertencia en las palabras ministro de Exteriores turco, Ahmed Davutoglu, sobre la expedición, algunos de cuyos barcos partirán de Antalya, además de Grecia e Irlanda. “En este incidente, -decía el martes durante una reunión de la ONU-, debemos actuar de forma racional y no intentar intensificar la tensión existente. No queremos nuevas tensiones… creemos que Israel usará el sentido común en relación a esta iniciativa civil”.

Para los más optimistas, Israel no se atreverá a bloquear el camino de la ya bautizada como “Flotilla de la Libertad” por miedo a la gran repercusión diplomática que tendría en todo el mundo. Sin duda, el hecho de que en octubre de 2008, un primer barco llamado “Dignity” lograra su objetivo de atracar en Gaza, con la Nobel de la Paz Mairead Maguire a bordo, alimenta las esperanzas. Aunque después, Israel ha neutralizado todos los intentos, alrededor de seis, con disparos incluidos a la nave “Hermandad” en febrero de 2009.

Los participantes en la expedición se quejan del silencio internacional. Israel de que nadie entiende que la franja no tiene necesidades humanitarias, que ellos ya permitieron en 2009 la entrada de 30.920 camiones de productos, y en lo que va de 2010 ya suman 94.500.

En su esfuerzo por retratar la calidad de vida en Gaza, hace apenas unos minutos, el órgano oficial de Prensa del Gobierno israelí remitía por mail una invitación para que todos los periodistas disfruten de los lujos del restaurante Roots, en la capital de la franja palestina. “Debemos deciros que el beef stroganoff y la sopa de crema de espinacas son muy recomendables. Quizás deseéis pedir un posible descuento con vuestra tarjeta de prensa”, comenta el comunicado, que incluye un ilustrativo video sobre las noches de la alta sociedad palestina.

Efectivamente, el restaurante existe y la gente que aparece en la grabación también. En Israel hay muchos lugares similares, y en el resto del globo. Lamentablemente, en Gaza son muy pocos los que tienen acceso a esa normalidad. La inmensa mayoría de la población, sin embargo, depende de la harina, las legumbres o las medicinas que llegan por las fronteras (unas veces sí y otras no) y, si es posible, por el mar.

 

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