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El peine del tejedor

Lo del velo de Najwa no es nada

Judíos etíopes durante una protesta el año pasado frente las escuelas de Petah Tikva

Lo que está sucediendo en España con Najwa no es nada…, comparado con los episodios de discriminación racial que se suceden en algunas escuelas de Israel. Y no tiene nada que ver con el uso de los pañuelos islamistas. Por motivos evidentes, ese debate está muy lejos de abrirse en un país donde los niños, desde muy pequeños, van tocados con la kipá y muchas niñas, -el 20,4 por 100 de la población israelí es árabe-, con el mal llamado velo. La discriminación que se está registrando hoy en colegio religioso femenino “Beit Yaakov” de la comunidad ortodoxa de Immanuel, en el norte, o el año pasado en la ciudad industrial de Petah Tikva, próxima a Tel Aviv, es entre judíos. Judíos blancos que rechazan a judíos negros.

A saber: en Immanuel, la Corte Suprema de Justicia ha llamado a capítulo a 20 profesores y 74 padres que se niegan reiteradamente a que sus hijas compartan pupitre con otras alumnas de origen Mizrahi, o sea, judías procedentes de los países musulmanes. Las niñas tan celosamente apartadas del resto son de familias Ashkenazies, el grupo de ascendencia europea que representa la “clase A” en el estatus social, y para impedir la mezcla,  sus progenitores ya han hecho de todo. La segregación étnica empezó hace tres años, y en 2009 levantaron un muro para separar en dos alas la escuela, fijaron horas distintas para los recreos, uniformes diferentes, puertas de entradas distintas para impedir contactos indeseados. También obligaban a las mizrahí a recitar las oraciones con pronunciación ashkenazí. El tribunal ya tuvo que poner orden, y mandó levantar “toda apariencia de discriminación” a riesgo de que el centro, que recibe fondos públicos, perdiera su licencia.

Pero, finalmente, estas niñas blancas y de estatus high level han sido llevadas a un aulario nuevo e ilegal, donde son atendidas por sus maestros y amparadas por la Red Haredí de Educación. “No cedemos porque esto no es racismo. Nuestras hijas no irán al a escuela con chicas cuyo nivel de observancia religiosa es insuficiente”, argumentaba una madre en declaraciones al Yedioth Ahronot, que insistía en que el problema no es el color ni la etnia, sino de índole religiosa. “En los últimos años, han llegado (a Israel) muchas familias que han vuelto a la observancia religiosa, pero su nivel de práctica es inferior. Nuestras hijas, que no saben nada de robos, asesinatos y ciertas groserías, están expuestas a eso”, ha dicho otra. Al dato. El juez baraja delitos por desacato, ha impuesto al colegio una multa diaria de 5.000 shekels por cada día que se viole el “derecho a la igualdad” de las alumnas discriminadas… a las que, por cierto, nadie más ha salido a defender.

Las comunidades judías ortodoxas tienen el dudoso honor de estar contra todos: los homosexuales, los refugiados de Darfur, los extranjeros ilegales, los extranjeros legales, los que no rezan a su mismo Dios, los que lo hacen, pero poco… Pero no tienen la exclusiva en esto de la discriminación ni en la segregación escolar. El capítulo de Petah Tikva puso en evidencia el rechazo social generalizado a los etíopes, judíos de piel negra, que este curso sólo eran admitidos por 5 de las 20 escuelas de la ciudad. La excusa es que los niños de origen africano, -hijos de familias fundamentalmente pobres, que emigraron a Israel en los 80 y os 90-, no tienen suficiente formación y rebajan el nivel de la enseñanza de los demás. Menos mal que lo aclaran, porque sino cualquiera podría hablar de aparheid…

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