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El peine del tejedor

Que sepan quien manda aquí

Ya están los ultras judíos provocando a los palestinos a ver si, con un poco de suerte, se monta una guerra campal en Jerusalén que sirva de cortina de humo para que las televisiones, y Obama, y los de la ONU,  y los de los derechos humanos, dejen de hablar ya de tanta colonización y de tanto Estado Palestino.

Lo de la provocación no lo digo yo. Lo ha dicho por escrito la oficina del Primer Ministro, que este fin de semana, supuestamente, trató de paralizar una manifestación legal de radicales de derechas, apenas medio centenar, que fue a parar al mismo corazón de Silwan, un barrio árabe en Jerusalén Este con una población de 55.000 palestinos, entre los cuales ya viven 300 colonos que se han propuesto hacer de este lugar otro Hebrón.

“Esta marcha estaba organizada por elementos extremistas que están buscando provocar a la población árabe en Jerusalén, -decía el comunicado oficial-, semejante actividad en este momento puede incendiar la ciudad y dañar los esfuerzos diplomáticos liderados por Netanyahu para ayudar a los americanos a impulsar el proceso de paz”

Hubo que desplegar cientos de policías, el helicóptero de vigilancia, uno de los zeppelin con las cámaras de observación con los que Israel controla todas las concentraciones humanas. Y aún así hubo palos, piedras, insultos y heridos, aunque no tantos como para que los de la protesta cumplieran su objetivo de poner en agenda las imágenes de la batalla con los feroces palestinos gritando “Allahu Akbar” y eclipsar así el incómodo debate sobre la partición de Jerusalén.

De todo este circo, lo que no tiene desperdicio son las proclamas de los cabecillas de la manifestación: “Hemos demostrado a Mitchell quien es el verdadero jefe en Jerusalén”, decía Itamar Ben Gvir. “Estamos encantados de que a Mitchell no le guste esta marcha, es una oportunidad para nosotros de probar quien es el señor de la casa en Jerusalén”, añadía este famoso alborotador de masas, obsesionado el domingo por escenificar con su protesta un pulso al enviado especial de EE.UU, George Mitchell, ese hombre que hace meses peregrina en vano de Jerusalén a Ramala tratando de imponer las negociaciones que Obama quiere.

Mejor no engañarse: esta vez el Gobierno de Netanyahu ha afeado las intenciones de los ultras, pero estos “elementos extremistas” actúan así y porque se saben impunes, que se les protege, se les escucha y se les acaricia porque son la mejor excusa para seguir prolongando la ocupación. Son “el verdadero jefe en Jerusalén” y en las colonias, aunque ahora toque descalificarlos para que los norteamericanos puntúen positivamente a Israel en sus deseos de búsqueda de paz.

Por una vez, habrá que darle la razón al ministro del ultranacionalista Yisrael Beitenu Uzi Landau. “Es una vergüenza que tales provocaciones tengan lugar. No debemos prestarles atención. Son solo un centenar de personas empeñadas en provocar. No se les debe limitar, pero debemos entender que no significa nada”.

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