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El peine del tejedor

Purim, disfrázate de espía

 

 

 

 

Acabamos de celebrar el Purim, lo que vulgarmente se conoce en Israel como el “carnaval”. Una vez más, han triunfado los disfraces de árabe, -quizás por que es muy fácil hacerse con un turbante y un caftán vistoso-, los detalles de insecto a lo Abeja Maya, -la gente suele ir incluso al trabajo con unas antenas o unas alas de mariposa-, pero el “top ten” ha entre los jóvenes ha sido vestirse de agente del Mossad en las fiestas nocturnas. Un traje y corbata, gafas negras, el teléfono pegado a la oreja y una raqueta… imitando a esos espías que, según Dubai, se pasearon por los hoteles del emirato como si fueran a jugar al tenis para pasar inadvertidos antes de ejecutar a un comandante de Hamás, Mahmmud al Mabhouh. Ya hay que tener humor negro…

 

Purim es buena ocasión para recordar que el pueblo judío se rige por su propio calendario, que determina las estaciones en función del ciclo solar, pero sus fiestas religiosas según las fases de la luna. Así, por ejemplo, la fecha de Fin de Año ( el Rosh Hasaná) se corresponde cada vez con un día diferente del calendario Gregoriano utilizado en Occidente, de modo que ahora estamos en 5770, que empezó al atardecer del viernes 18 de septiembre, aunque 5769 se inició el 29 del mismo mes.

 

Purim, por ejemplo se celebra el día 14 del mes de Adar, que este año ha coincidido con el 28 de febrero, pero con el 1 de marzo en las ciudades amuralladas de Israel, que conmemoran las ceremonias siempre un día después. Todas las celebraciones judías están llenas de símbolos evocadores, de rituales ancestrales enraizados en la Biblia, de cánticos bellísimos, y de dulces, en este caso las llamadas “orejas de Amán”.

 

El Purim tiene su origen en el Libro de Esther, donde se narra que Haman, el gran visir del Imperio Persa, identificado por algunos historiadores como Jerjes I, pidió al rey Ajashverosh que exterminase a todos los judíos de su reino. Corría alrededor del año 450 a. C.. Según el Antiguo Testamento, el rey emitió un decreto para ordenar la masacre, pero la reina Esther intercedió y logró la salvación de los judíos. En memoria del “milagro”, se vive esta fiesta llena de disfraces, en recuerdo de que los ángeles se disfrazaron de hijos de Hamám para entretenerle.

 

Una de las costumbre más curiosas de esta fiesta es que los hombres están autorizados para tomar vino hasta el nivel de confundir los nombre de amán y Mordejai”, que era el tío de Ajashverosh y líder entonces de los judíos. Eso se llama emborracharse, y algunos lo llevan a rajatabla, como un mandato.

 

  

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