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El peine del tejedor

Mubarak al final del túnel

Hay algo que no funciona cuando un pueblo está obligado a cavar túneles y más túneles y a arrastrarse por ellos como si fueran ratas para conseguir comida. Es lo que  pienso cada vez que voy a Rafah, el sur de la franja de Gaza fronterizo con Egipto donde están las bocas de todos esos túneles y veo a los palestinos, muchos casi niños, meterse ahí en agujeros que parecen pozos sin fondo. O tumbas, porque cuando no colapsan y se derrumban, viene Israel con sus F-16 y los bombardea.

He colgado un video muy corto que grabé hace unas dos semanas, donde puede verse a uno de esos chicos salir de un túnel de 24 metros de profundidad. Suben y bajan suspendidos en columpios de cuerda tirados por una polea mecánica, que parece que se va a tronchar en cualquier momento.

Claro que por muchos de esos túneles se trafica con armas y con explosivos, pero no hay que olvidar que son la única vía de contacto de Gaza con el mundo exterior, con el gran supermercado que es para la franja el Sinaí de Egipto. Y Egipto está construyendo ya otro muro, esta vez subterráneo, para cegar estos canales, con lo que el bloqueo de Gaza será total. Su millón y medio de habitantes quedará encerrado entre las alambradas, las torretas militares y las vallas de Israel, el mar también controlado por Israel y el nuevo telón de acero de los egipcios.

 

 

Los palestinos se han topado con Mubarak al final del túnel. Pasé buena parte de una mañana con uno de los jefes de Hamás hablando de esto, no quiere que aparezca su nombre, pero me contó que no hay ningún problema, que ya han hablado con el Gobierno de El Cairo y que les han dicho que todo es una operación cosmética para calmar a los norteamericanos y a Israel. Que nunca se terminará la obra del muro subterráneo y que no tienen intención verdadera de cortar los túneles.

En la calle, la gente está asustada, los precios de los bienes que llegan de Egipto ya se han multiplicado, y en el mercado de Rafah la gente asegura que si esos canales se cierran, Gaza estará muerta. En el túnel de 24 metros de profundidad, los braceros siguen a lo suyo, tranquilos, aunque uno de los jóvenes decía que, si el proyecto de Mubarak sigue y acaban instalando un tabique de acero que llegue hasta 30 metros bajo tierra, ellos cavarán los túneles más abajo, más hondo, porque no van a dejar que sus hijos pasen hambre. Definitivamente, si esto es lo que una población de un millón y medio de habitantes tiene que hacer para comer, y toda la escena internacional mira para otro lado, hay algo que no funciona

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