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El peine del tejedor

Palestinos sin revoluciones

No hay manifestaciones en los Territorios Palestinos. Las primeras en Gaza y Cisjordania, coincidiendo con el levantamiento de Egipto a finales del mes de enero, fueron reprimidas y/o disueltas por la fuerza y un movimiento popular masivo, secular y pacífico inspirado en Túnez ni está ni se espera. Al menos de momento.

A los palestinos les ha pillado esta ola de revoluciones con el pie cambiado. Enseñaron al mundo árabe la resistencia a través de dos Intifadas dolorosas, que les han costado muy caras, y esa experiencia extenuante unida ahora a otros factores como el crecimiento ficticio, la ilusión de bienestar o la falsa sensación de seguridad que se vive especialmente en las grandes ciudades de Cisjordania, ha dejado a la población sin ganas de más revueltas.

La profunda división interna también está pesando lo suyo. Hasta el punto de que las (escasas y fracasadas) iniciativas juveniles que está habiendo para salir y conquistar la calle chocan las opiniones de quienes creen que el objetivo debería ser tumbar la estructura de poder encabezada por Mahmmud Abbás, las de los que exigen que las protestas sean contra la fractura Hamás-Fatah que tanto ha debilitado la posición palestina y la de los que reivindican que el blanco de una revolución de libertad tiene que ser uno solo: la ocupación israelí. Los blogueros palestinos, que los hay, no están encontrando un eco suficiente.  

Esta mañana ha habido ante el control militar judío de Qalandia, -la barrera que corta el paso entre Ramala y Jerusalén-, una protesta aprovechando la celebración del Día Internacional de la Mujer. Si, han gritado contra la ocupación, pero apenas eran un centenar y medio de participantes. Desconcierta mirar a Egipto, a Yemen, a Libia, a Jordania, Irak, Bahrein… y compararlo con el inmovilismo palestino. En los últimos días, ha surgido en Facebook una campaña que pide escribir en los billetes de curso legal de todo el mundo el mensaje “Free Palestine” como forma de impulsar y universalizar la reclamación del Estado pendiente. Demasiado silencioso, demasiado triste, demasiado pobre. Pedir libertad por escrito sobre la cara de la reina de Inglaterra en las libras la de George Washington en los dólares o en el papel moneda israelí palidece ante la fuerza que están demostrando otros pueblos árabes.

Israel inventó wikileaks

¿Qué pasaría si las conversaciones de Barack Obama con Netanyahu salieran a la luz? Por ejemplo, aquella de marzo en que el norteamericano se fue a cenar a mitad de reunión y dejó plantado al israelí, presuntamente harto de que no cediera en nada. ¿Y si se conocieran los cables de la Embajada estadounidense de Tel Aviv sobre los encuentros de sus oficiales sondeando, por qué no a Ehud Barak o a Tzipi Livni, sobre como presionar a Netanyahu a aceptar otra moratoria en los asentamientos?, ¿y la información de Inteligencia que Tel Aviv proporciona a Washington sobre el programa nuclear de Irán o el suministro de armamento que viaja en dirección contraria?, ¿qué pasaría si se supiera la verdad sobre el papel de Jordania, o de Egipto, en el tablero de la creación del futuro Estado palestino, y se revelara la trastienda de los contactos con Mahmmud Abbás?. ¿Y si se abrieran los documentos de la época de George Bush?

De momento pasar, no pasa nada. Porque la ausencia de madre de todos los conflictos es clamorosa en el mastodóntico destape de Wikileaks. Gracias a el, estamos al tanto del interés de Washington por el estado psicológico de Cristina Kirchner, de las orgías de Belusconi o de que consideran a Putin como un “macho alfa”. (Impagable el comentario del columnista israelí Ben Caspit al respecto de los cotilleos: “resulta que Estados Unidos es en realidad el inspector del mundo. Desafortunadamente, el inspector Clouseau”). 

Junto a ello, es innegable que también se ha expuesto un imponente tsunami de informaciones críticas sobre Venezuela, Irán o Marruecos, amén de sobre cómo se las gasta Estados Unidos. Y sí, solo e ha revelado una diminuta parte de las filtraciones, pero Israel y los palestinos no están. La razón sería doble: el conflicto es materia de la Casa Blanca, y lo que tiene Julian Assange son los papeles del Departamento de Estado. El conflicto es “top secret”, y, de momento, el grado de protección de los cables aireados tiene clasificación menor, de “confidencial” o “secreto”.

Menos mal. Porque si no alguien podría pensar que el lobby judío está detrás de las cuentas suizas del intrépido australiano con el fin de desacreditar a Obama, o que el que dio al botón pudiera ser un discípulo aventajado de Jonathan Pollard. Peores cosas se han oído por aquí, y mas rocambolescas, como la idea absurda de que no hay comunicaciones que afecten a este territorio endiablado porque la estratosfera del poder mundial ya pasa y ni habla de ello.

Anyway. Israel respiró aliviado el 28 de noviembre cuando se abrió la espita, y ahí sigue. Como tantos otros Gobiernos, Tel Aviv habían recibido días antes el aviso preventivo de EE.UU. de que podrían verse envueltos en el embarazoso escaparate de la diplomacia al desnudo. Ante la alerta, lo contaba el Yedioth Ahronoth, las autoridades israelíes hicieron “supremos esfuerzos” por tratar de conocer en qué medida se iba a ver afectadas y prepararse. De qué tenían tanto miedo, cualquiera puede sospecharlo: intercambios, promesas, amenazas, estrategias dichas en foros restringidos solo para los oídos de unos pocos, que se convertirían en dinamita política en un altavoz. Un material que constituiría el sueño de los espías y de todo periodista, y que permanece a salvo porque las transcripciones, -y EE.UU lo tiene todo grabado y transcrito-, siguen inéditas.

En realidad, difundidas las primeras filtraciones, Israel se convertía probablemente en el único país del mundo beneficiado (y casi agradecido) por el trabajo de Assange: los cables demostraban que Washington está profundamente preocupado por la amenaza iraní, -la obsesión de Netanyahu-, que está aplicando enormes presiones contra Teherán, que el rey saudí también quiere un ataque y no menos Ammán. “Bombardea Irán o tendrás que aprender a vivir con su bomba” es la advertencia de un oficial jordano extraída de uno de los telegramas diplomáticos. “El mundo piensa como nosotros”, titulaba el analista Sever Plocker en una columna en la que decía “si wikileaks no existiera, Israel tendría que inventarla”.

A estas alturas la atención de la prensa israelí sobre el asunto es muy pequeña. El par de revelaciones que han interesado -que el jefe del Mossad propuso a EE.UU un plan para tumbar al régimen iraní, que Ehud Barak dijo en junio de 2009 que había un plazo máximo de 18 meses para el ataque o que Erdogan “no es digno de confianza” para Washington-, tampoco han aportado nada que no se supiera antes. Es más. Wikileaks ha servido hasta para llenar de orgullo a Netanyahu, que presume de transparencia ante sus ciudadanos ahora que se ha podido comprobar que la información que comparte con la Embajada norteamericana, -por ejemplo, que Hizbulá tiene 40.000 cohetes y misiles y Hamas posee Grad capaces de golpear Tel Avi- coincide con la que el Gobierno judío traslada a su población puntualmente. 

Pero esto no ha hecho más que empezar. Es más que probable que la bomba de relojería que sería la exposición pública de la fontanería del conflicto de Oriente Próximo se haya activado, y sea imposible evitar su explosión en el futuro. Solo es cuestión de tiempo. Estados Unidos debió encriptar, blindar y proteger sus secretos para ponerlos a salvo del exterior, incluido hackers indeseados, pero olvidó que dentro tiene a cientos de miles de funcionarios Bradleys Manning. Y quizás alguno de ellos haya dado también al botón de los top secret.

Hay motivo, pues, para la inquietud por aquí. Al menos para un ministro israelí no identificado citado por uno de los diarios del país, que lo expresaba así: “este asunto tiene escala para colapsar un imperio, y cuando EE.UU se debilita, el primer perdedor es Israel. Esto es malo para Israel directa e indirectamente, y incluso antes de que una sola mala palabra se haya publicado sobre los lideres de Israel”. O no.

Un compañero de gabinete y miembro del equipo de Seguridad, esta vez con nombres y apellidos, Benjamin Ben-Eliezer, reflexionaba sobre la imposibilidad de poner puertas ya a lo que ha llamado “la guerra electrónica”. Va a tocar, dice, revisar todos los sistemas de Inteligencia del planeta, puesto que “esencialmente, todo ha quedado en abierto hoy”. Todo no. Pero su lectura es que “esto podría servir a nuestros intereses (los de Israel) en el futuro”. Si no los está sirviendo ya.

Lo dicho Plocker, como si la Wikileaks la hubieran inventado ellos…

 

  

Las verduras salen de Gaza

Lo ha dicho hoy el Gobierno de Israel: que van a dejar salir de Gaza productos de la agricultura, muebles y cerámica. No será de repente, sino de forma “gradual” y según las “evaluaciones logísticas y de seguridad”, pero si, que van a permitir las exportaciones.

En el lenguaje de los titulares, esto se llama “suavizar el bloqueo”, en el de Israel “ facilitar la vida a la población que vive bajo el régimen de terror y represión impuesto por Hamas” y en el de la Comunidad Internacional, “es un significativo paso adelante”, palabras del enviado del Cuarteto para Oriente Próximo, Tony Blair.

Me pregunto qué pensará de la buena nueva Sobhi Heschazi, miembro de la que fue una de las empresas familiares más importantes de la franja dedicadas a la floricultura, y que el año pasado empezaron a destinar sus tierras al ruinoso negocio del tomate y las patatas. Lo hicieron después de sus vacas se tuvieran que comer diez millones de flores, las que Israel no les autorizó vender a Holanda entre 2008 y 2009, gracias a lo cual tuvieron que echar a 20 trabajadores a la calle.

Otra plantación, esta vez de huertos e invernaderos, la “Gran Compañía Huerto Verde”, no aguantó tanto y cerró directamente en 2008 porque ya no podía pagar los sueldos a sus 200 empleados. Para su propietario, Majed Hadaye, esta generosidad de Benjamin Netanyahu de consentir otra vez el tráfico de hortalizas llega demasiado tarde.

Hace una semana, el miércoles 1 de diciembre, el depuesto primer ministro palestino, Ismail Haniye, convocó la prensa internacional en Gaza e hizo un repaso de varias cuestiones de actualidad. Habló del embargo a la franja, para decir que cualquier información sobre su levantamiento es “una gran mentira” y “un engaño al mundo”. Que las carencias siguen siendo las mismas, que el cerco es “financiero, humanitario y social” y es la otra cara de la moneda de la “ocupación directa”.

Israel empezó a “suavizar el bloqueo” el pasado junio, cuando tenía a gran parte de la Comunidad Internacional en su contra por el asalto el 31 de mayo a la flotilla que intentó romper el bloque de Gaza, operación en la que el Ejército judío mató a nueve personas.

Ahora Israel ha vuelto a “suavizar el bloqueo” seis días después de anunciar que va a construir 620 casas en el asentamiento de Pisgat Zeev y a la vez que EE.UU ha anunciado que se da por vencido y que abandona los intentos de que Netanyahu congele esa actividad colonizadora, aunque sea temporalmente.

Por cierto, Tony Blair -que representa por aquí a EE.UU, a la UE, a Rusia y a la ONU- ha añadido que recibe “con agrado” la noticia de que las verduras podrán salir de Gaza.

El Ejército más moral del mundo

A los israelíes les gusta decir que su Ejército es el más moral del mundo. Tengo un conocido que siempre pone el mismo ejemplo: cuando en 2006 su aviación bombadeaba las aldeas del Líbano, antes lanzaban desde el aire hojas de advertencia a la población para que pudiera escapar a tiempo. En fin.

Esta mañana nos despertábamos con la noticia de que una corte militar ha decidido suspender por tres meses la sentencia impuesta a dos soldados que el pasado octubre fueron condenados por obligar a un niño palestino de 9 años a abrir unas bolsas sospechosas de contener explosivos durante la ofensiva de Gaza de 2009. O sea, como escudo humano. El tribunal consideró entonces probado que los militares habían incurrido en los delitos de “abuso de autoridad en un modo que pone peligro la vida” y “conducta impropia”.

Los dos soldados se enfrentaban a una pena máxima de tres años de cárcel. En su defensa, subrayaba hace unas horas la Radio del Ejército, ambos sostuvieron siempre que el “procedimiento del niño” era conocido por sus mandos y utilizado frecuentemente. También declararon repetidas veces sentirse “traicionados” por el mismo Ejército al que habían estado sirviendo, y sugirieron que no eran más que la cabeza de turco elegida por Israel para intentar calmar las intensas presiones internacionales, que clamaban contra la actuación militar en Gaza.

No ha habido prisión para ellos. Hoy han sabido que tienen por delante tres meses de libertad condicional y que han sido degradados. La corte militar ha estimado que, si bien los cometidos operacionales “no garantizan la inmunidad”, tampoco se pueden ignorar las “difíciles condiciones” en las que se encontraban los “combatientes”, sobre los que recuerda que nunca quisieron hacer daño al niño, que trabajaban bajo una limitación de tiempo extrema y que son unos “excelentes” soldados que se arriesgaron por su país.

Una proposición indecente

¿Qué hay detrás del exorbitante paquete de regalos que EE.UU ha ofrecido a Netanyahu a cambio de que congele las colonias 90 días, ni un minuto más, y además dejando fuera a Jerusalén Este?.

Que Obama haya ofrecido 20 cazas E-35, -que dispararán al infinito la capacidad bélica de Israel por encima de la sus vecinos-, más el blindaje diplomático total de los intereses israelíes en la escena internacional, -lo que implicaría segar ya de raíz las pretensiones de los palestinos de pedir a la ONU su reconocimiento como Estado-, por una tregua de tres meses en las obras de los asentamientos chirría lo suyo. Por desproporcionado, porque el tamaño de la gratificación no se corresponde de manera alguna con el esfuerzo.

Puede ser que Obama este comprando a Netanyahu algo más. Sin ir más lejos, la renuncia israelí a lanzar el tan manoseado ataque sobre Irán. Sólo así, pensando que existen contraprestaciones secretas y que el paquete tiene sorpresa, se entendería que el primer ministro judío todavía se esté pensando si aceptar o no los generosos presentes que el aliado norteamericano le está sirviendo en bandeja.

Como no podía ser de otro modo, la prensa israelí hierve hoy en análisis sobre el trasfondo de esta gran tentación norteamericana. Hay quien opina que es ante todo una trampa de Obama para comprometer a Netanyahu a hacer concesiones para un acuerdo de fronteras con los palestinos dentro de esos 90 días de moratorias. De no alcanzarse, la consecuencia sería una nueva crisis con EE.UU, posiblemente penosa para Israel.

Pero para entrar en esa fase, Netanyahu tendrá primero que convencer a sus ministros de que hay que aprovechar la oportunidad y agarrar los obsequios. Tiene la plaza dividida, con los ultranacionalistas del Yisrael Beitenu y sus 17 escaños soportando el Gobierno jurando que no tragarán con un solo segundo de congelación colonial. También hay quien piensa que esa es la baza de Obama: hacer reventar el Ejecutivo de Netanyahu y provocar la sustitución del Yisrael Beitenu por el Kadima y al inasequible Lieberman por Tzipi Livni. Con una carambola de ese calado, Netanyahu tendría que hacer frente a acusaciones de zigzageante y de claudicador, pero a los ojos de Obama habría ganado puntos como interlocutor serio en la búsqueda de la paz, lo que daría al norteamericano alas para seguir sobrevolando ese sueño suicida de pacificar Oriente Próximo.

El presidente de los Estados Unidos también ha dado a los palestinos 150 millones de dólares, anunciados la semana pasada. No es mucho, si se tiene en cuenta que cada avión de combate ofrecido a Israel vale 130 millones, por lo que no habrá que asombrarse si pronto se ve que los “incentivos” destinados a Ramala se multiplican para conseguir que se conformen con esos 90 días de moratoria y los consideren suficientes como para volver a negociar. Y eso está por ver. El presidente Mahmmud Abbás ya ha empezado a decir esta misma mañana que los palestinos están esperando sus “garantías“. También esta misma mañana, el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, ya se ha mostrado partidario en voz alta de que Israel trinque las dádivas estadounidenses y selle un “entendimiento” antes de que la Casa Blanca se canse y les ofrezca eso mismo a los árabes. Lo mismo va a ser que la política del talón y las proposiciones indecentes funcionan y echan esto a andar, aunque habrá que ver si hacia la paz o hacia el precipicio.

 

UN ÁRABE PARA QUE TE ARREGLE LA NEVERA

En los últimos quince días, en Israel se han puesto en marcha tres iniciativas legales que conviene no perder de vista.

La primera, acordada ya por el Gobierno y pendiente de la votación parlamentaria, es la que exigirá jurar lealtad a Israel como “Estado judío y democrático” a todos los no judíos que quieran obtener la ciudadanía.

La segunda, impulsada esta misma semana, prevé clasificar como área de “prioridad nacional” Jerusalén, incluida la parte oriental arrebatada a los palestinos en 1967 y unilateralmente anexionada por Israel en 1980.

La tercera era aprobada ayer por el Comité parlamentario de Constitución y Justicia, y plantea dar a los órganos de Absorción el derecho a rechazar como residentes de las pequeñas comunidades de Israel a quienes no cumplan determinados criterios de “adecuación al punto de vista fundamental” de cada ciudad.

Durante la discusión de esta última iniciativa, el diputado Talab al-Sana, de la Lista Árabe Unida, se ha levantado de la mesa y se ha marchado por entender que se trata de una propuesta “racista” que solo busca dejar a los árabes fuera de determinadas comunidades.

El jefe de la comisión, David Rotem, del ultranacionalista Yisrael Beitenu, principal socio del Gobierno de Benjamin Netanyahu, le ha querido quitar esa idea de la cabeza. “En mi opinión, -ha dicho- cada ciudad judía necesita al menos un árabe. ¿Qué ocurriría si mi nevera se avería en sábado?”.

El sábado, el sabat, es la jornada sagrada del descanso judío.

Y el rabino Ovadia Yosef, es el jefe espiritual del Shas, el partido de los ultraortodoxos sefardíes que constituye el segundo apoyo en número de diputados del actual Ejecutivo de Israel.

Inevitable recordar sus palabras de hace apenas dos semanas después de lo de Rotem… “Los gentiles (RAE: entre los judíos, se dice de la persona o comunidad que profesa otra religión) nacieron para servirnos. Si no, no tendrían lugar en el mundo, sólo servir al pueblo de Israel”, decía el religioso en un sermón reciente. Y añadía, “¿para qué sirven los gentiles? Trabajarán, ararán la tierra y recogerán sus frutos. Nosotros nos sentaremos como un efendi (título de honor equivalente a “señor” entre los turcos) y comeremos”. Eso. Y mientras, con un árabe a mano para que te arregle la nevera.

A solas con Ariel Sharon

En la galería Kishon de Tel Aviv no daban ayer abasto a gestionar la avalancha de peticiones para asistir a la inauguración del jueves. Nada como una buena dosis de provocación para revolucionar los corrillos culturetas y atraerse el brillo de los flashes, hambrientos como nunca de imágenes impactantes que colgar en Internet. El artista, Noam Braslavsky, debe estar satisfecho. Las fotos de su criatura, -una representación hiperrealista de Ariel Sharon, acostado en la cama en la que permanece en coma desde 2006-, arrasan en la Red y le han dado una publicidad planetaria, digna de los más grandes, aún antes de que casi nadie haya visto su exposición. Eso si que es arte.

Otra cosa es que tan eficaz reclamo sea de buen gusto, condición al parecer prescindible en los tiempos que corren. La estatua de cera recubierta de plástico, con los ojos abiertos y a tamaño natural, tiene un ingenio debajo de la sábana que simula el movimiento del pecho al respirar. Está encerrada en una habitación vacía, del tamaño de una sala de UCI donde como máximo caben dos personas a la vez, y la propuesta del autor es los visitantes tengan un encuentro privado con el que fuera primer ministro de Israel. A solas por fin con el más odiado, el más amado, el más general y el más carismático líder.

Pero lo cierto es que Ariel Sharon, el auténtico, sigue vivo aunque en estado vegetativo y está a muy pocos kilómetros de allí. En el hospital de Tal Hashomer, Tel Aviv, donde su familia le protege como hace casi cinco años de miradas morbosas. Apenas una decena de amigos tiene acceso a esa intimidad. La controversia sobre el derecho al honor y el debido respeto al ser humano, al enfermo, no se ha hecho esperar.

Ni tampoco el discurso de auto defensa de Braslavsky. En esta ceremonia de máxima expectación donde todo huele a prefabricado, el artista afincado en Alemania ya se ha apresurado a reclamar que Sharon es de todos. “Este hombre no es solo una persona privada, tiene una inmensa influencia sobre las vidas de cada uno de los que viven en este país (Israel), es mi derecho devolverle a los titulares”, ha dicho. Y el comisario de la muestra, Joshua Simon, ha añadido el barniz rimbombante del simbolismo: “el cuerpo de Sharon que respira es una alegoría del cuerpo político de Israel, una existencia dependiente y asistida, perpetuada artificialmente, que abre los ojos pero no puede ver”.

Lo del icono y el paralelismo pseudo trascendente no han convencido. Es decir, la apertura mañana de la exposición dará para la curiosidad, el espectáculo, quizás el escándalo barato o reseñas de farándula. Pero los medios serios de Israel lo que han dado por ahora a Braslavsky es la espalda. Nadie ha creído que haya despertado a Sharon para despertar conciencias. Tendrá su minuto de gloria, pero la pinión pública-publicada de Israel ni se ha conmovido.

El burka judío

En Israel ya hay una propuesta en el Parlamento para prohibir el uso del burka. La ha presentado la diputada del Kadima Marina Solodkin tras un reciente viaje al sur de Francia, durante el que cuenta que quedó espantada al ver a las mujeres ataviadas con el llamado velo integral. Mordaza integral sería más correcto. La diputada se prometió “nunca permitiré eso en Israel”, y de ahí la iniciativa legislativa.

No se ven burkas en Israel. Sí pueden verse raramente niqab, que usan en todo caso algunas ancianas árabes. En realidad, para encontrar un burka habría que irse a la comunidad ultraortodoxa judía de Beit Shemesh. Allí,  hace unos años saltó la alarma cuando se detectó que algunas mujeres habían decidido vestirlo en su intento por proteger y llevar al extremo su modestia. Los rabinos han planeado prohibirlo.

Preocupación ha levantado también en Israel una nueva y sorprendente modalidad de burka, o velo, o sometimiento visto hace muy poco en el aeropuerto de Tel Aviv. Se trata de un paño usado por los peregrinos sobre la cabeza que apenas les permite mirarse los pies para no tropezar y está pensado para impedirles que vean “cosas prohibidas”. Por ejemplo mujeres, o brazos desnudos o televisiones. La foto de arriba es de Alon Ron y ha sido publicada en Haaretz.  

 

La cábala, el colapso de Occidente y un virus llamado “Chernobil”

 

Hace quince días que el calendario judío entró en el año 5.771 y con ocasión del nuevo ejercicio, los rabinos especializados en el misticismo de la Cábala han emitido sus profecías, nada inocentes por cierto. Básicamente, porque las profecías solo son buenas, -o muy buenas-, para Israel, donde la máxima desgracia que se vaticina es una plaga de “medusas gigantes” que invadirán sus costas allá por junio o julio. Para el resto del mundo, el catálogo de desgracias que están por acaecer en los próximos doce meses va del colapso de imperios a terremotos, por no hablar de un amenazante virus informático de nombre apocalíptico: Chernobil.

Las predicciones con el sesgo más político corresponden a Nir Ben Artzi, un rabino conocido por sostener junto a otros que el mesías de los judíos aparecerá antes de la muerte de Ariel Sharon. Estamos aún a tiempo, el primer ministro está aún vivo, aunque en coma hace casi cinco años.

Artzi insiste con la buena nueva, íntimamente relacionada con el brillante futuro inmediato que le espera a Israel. “No habrá fin para los bienes en Israel. El estado crecerá y apartaremos a Siria y Jordania. Israel será el país más rico del mundo en dinero y espíritu”, ha dicho, y “aunque suene ingenuo, el mesías se revelará en esos días”. Al cabalista se le acaba el optimismo cuando mira alrededor: “Dios limpiará el mundo y borrará a China del planeta este año, habrá allí vientos agitados”. A Europa y Estados Unidos exactamente igual de mal: se “vendrán abajo”. Los poderes sobrenaturales del cabalista han esclarecido que 2la tierra está cansada de la impunidad en el mundo y por eso habrá terremotos”.

De terremotos habla también otro experto, el rabino Mordechai Ganot, admirado como un reputado maestro astrónomo que nunca estudió Astronomía. Un terremoto, según sus augurios, precederá “muy probablemente” a la muerte de un “gran rey gentil”, -no judío-, “sin hay un eclipse lunar en el mes de Sivan (mayo o junio)”. Parece que sus cálculos cosmográficos no han dado para certificar el evento celeste. Tampoco un eclipse de sol, que Ganot dice que “se espera en el mes de Tevet” ( diciembre o enero), y que de suceder traerá “una gran confusión al mundo, y del lado en que empiece el eclipse vendrá el diablo y las más altas montañas serán destruidas”.  

En fin. Para el caso, la única catástrofe contra la que se puede hacer algo de antemano va a ser el desastre informático del virus “Chernobil”. Ya tiene fecha, el 22 de Nissan, que se corresponde en el calendario gregoriano con el aniversario del accidente nuclear ocurrido en 1986.

El precio del Twitter @Israel

Una abultada suma de dinero, un operador porno y entre medias… el Gobierno de Israel. Son los ingredientes que han bastado para hacer triunfar en la Red una historia anecdótica, pero que está obligando al Ministerio de Exteriores judío a dar más de una explicación sobre lo que está costando a su erario público la legítima aventura de aumentar su presencia en el universo digital.

El New York Times, o el británico The Guardian se hacían eco de una transacción, cerrada a finales de agosto, según la cual Israel ha adquirido a un internauta español afincado en Miami su identidad Twitter. El propietario, -identificado como un empresario de 36 años y también gestor de una web para adultos-, se llama Israel Melendez. De ahí que en 2007, cuando Twitter era aún una herramienta desconocida, registrara la dirección @Israel referida a su nombre.

Con la evolución del sitio social, las autoridades de Israel se pusieron en contacto con el joven para comprar la cuenta. La polémica aparece cuando Meléndez asegura haber recibido una suma “de cinco ceros” por la venta. Desde el departamento de Exteriores, su portavoz, ha tenido que salir esta mañana a desmentirlo.

“El precio fue significativamente inferior que el que inicialmente pidió el propietario. No voy a entrar en detalles sobre la negociación, pero en principio pidió una suma de cinco dígitos y todo lo que pagamos fueron 3.000 dólares”, ha precisado al Jerusalem Post la voz oficial, que no ha perdido oportunidad de subrayar que la compra ha merecido la pena. “En unas horas, -ha dicho- conseguimos miles de nuevos usuarios”.

El vicecónsul de Israel en Miami, que actuó como intermediario entre las partes, también ha entrado en la cuestión crematística. No ha dado números, solo ha explicado que se entregó una suma “razonable” y ha añadido: (Meléndez) “nos dijo que quería llevar a su esposa y sus hijos a un lindo restaurante y pagar una buena cena”.

Y Meléndez puede que haya hecho el negocio de su vida. No hay más datos. Por lo que parece, también ha ganado quitándose un peso de encima. Según su testimonio, hacía meses que tenía aparcada la luego lucrativa cuenta de Twitter a su nombre, porque en ella “recibía montones de mensajes todos los días de personas que pensaban que era la cuenta del Estado de Israel” y le inundaban de mensajes políticos.

 

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