…Y SI SE EQUIVOCAN LOS FRANCESES

ruleta rusa

En Francia también votamos el resto de los miembros de la UE, aunque no tengamos derecho a ello. Las elecciones de hoy son trascendentes para Francia, pero también para todos nosotros. Porque como Le Pen puede cantar victoria, no es solo que con ello persiga restaurar la desastrosa República de Vichy –poblada de ciudadanos de pura raza francesa– sino que además se empeñará en cumplir su promesa de abandonar la UE y el euro. A Francia, en algunos aspectos, le ocurre lo mismo que a España, el populismo no quiere la alternancia en el poder; sencillamente, se quiere cargar el sistema. A ello le ayuda una opinión pública superficial y espectacularizada que trabaja con todo empeño a favor del populismo. Los matices parecen no importar: entre la vieja derecha estatalista y nada liberal, el progresismo yupi y los monolíticos sindicatos, han colocado al país vecino al borde del abismo. Ojalá no se equivoquen los franceses. Porque en esta ocasión todos nos jugamos mucho. Nos apasiona la ruleta rusa, y de alguna manera se ha perdido la orientación democrática.

LA NUEVA POLÍTICA EN FRANCIA

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Al ser humano en general le fascinan los abismos. Solo así se explica que en la vecina Francia se debatan entre votar a la extrema derecha o a la extrema izquierda. Y como el país vecino, desde que hizo la Revolución francesa –fraternidad, igualdad y libertad–, en muchos casos fue por delante, sería bueno que aprendiésemos a mirarnos en su espejo, para preguntar qué nos pasa y cómo podemos evitar el caer en los precipicios políticos y sociales a los que suelen arrastrar a los seres humanos las opciones políticas extremistas (Historia dixit). Esos abismos ya tienen referencias inmediatas. Solo hay que mirar hacia Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, que no tiene pan en las panaderías, aunque bate el récord de generales en activo, nada menos que 1.500. También están Beppe Grillo en Italia, Puigdemont y Artur Mas en Cataluña, Wilders en Holanda, Petry en Alemania, Nigel Farage en el Reino Unido y, por supuesto, Iglesias Turrión en España. ¿Qué hemos hecho mal para que los rezagados de la clase se vengan arriba y estén a punto de arruinar a sus respectivos países?

…Y LA NAVE VA

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La luz cegadora de los casos de corrupción nos obliga, en ocasiones, a distraernos del discurrir cotidiano del resto de la ciudadanía. A dejar aparcado lo importante en favor de lo urgente. Y siendo muy grave la corrupción, sería aun peor que existiese y no fuese perseguida, o que la división de poderes en España no se manifestase, al margen de la ganancia de pescadores oportunistas y populistas. Porque en este país que algunas televisiones reducen a la caricatura maloliente de la malversación política -y ya escribimos muchas veces que terminaría volviéndose contra ellas-, la vida continúa con su inexorable caminar: se entrega el Premio Cervantes a un magnífico y simpático escritor español, nacido en Cataluña; se conmemora un cuarto de siglo de la inauguración de la Expo de Sevilla, la economía crece por encima de lo estimado, y la subcultura de la queja se va reduciendo a la otra trama de acusadores, en la que se entremezclan populistas sobrevenidos con aprovechados de derechas junto a los eternos socialdemócratas, que en nombre de la democracia aprovechan cualquier fallo de las personas para cuestionar el sistema. Y el sistema va.

SERENIDAD

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A la vida política española le falta serenidad. Todos tenemos cierta cuota de responsabilidad en esta tormenta emocional que nos afecta. Aunque unos más que otros. La Historia, como el tiempo, colocará a cada uno en su sitio, como ha hecho inexorablemente a lo largo de los distintos períodos del discurrir del hombre. Mantenerse paciente y flemático no siempre es fácil, aunque sirve para forjar un carácter. Mariano Rajoy, que está creando escuela en ese sentido, tal vez necesite doble ración de estoicismo y sobredosis de serenidad. Cuando la acusación popular busca sacar otro rédito distinto al de hacer justicia, el aplomo tiende a flaquear. Estamos en el todo vale. Buena prueba de ello es el bus de Podemos, otra demostración de la falta de respeto a los derechos ajenos. En su día hostigaron a ciudadanos en sus domicilios, acosaron la sede de la soberanía nacional, el Parlamento, y ahora asedian el honor ajeno con el autocar. Es todo lo mismo, totalitarismo de manual que sobrevive gracias a unos medios de combate de extrema izquierda, insólitos en toda Europa.

EL DISFRAZ DEL CÍNICO

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Primero dijeron, como Hugo Chávez, que estaban contra «la casta». Y como Chávez, imitaron lo peor de ella; el nepotismo. Colocaron a sus maridos y novias, especularon con viviendas sociales, se entregaron a las mariscadas que esquivan a los parados, cobraron por no trabajar, vuelan en business, se escaquean ante Hacienda, dicen un cosa y hacen la contraria, y envuelven de democracia asamblearia lo que no es más que un viejo y soviético culto al líder, que roza la náusea. Ahora han descubierto «la trama». Y su supuesta denuncia no consiste en mayor aportación que mostrar los pecados de una economía libre que ya pasa por los juzgados cada vez que el radar de la Policía y la Justicia detecta irregularidades. La experiencia nos dice que, cuando ellos tocan poder, su trama se instala y ese fiscalizador, que se llama división de poderes en democracia, deja de funcionar. La historia, que sigue siendo necesario estudiar sin adulteraciones, enseña que los cínicos, cuando conocen bien su trabajo, terminan simulando ser honestos y hasta alcanzan la osadía de denunciar a los demás. Acabarán siendo trama.

LA PELIGROSA SIMPLEZA POLÍTICA

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España acusa un proceso de deterioro del orden público desde las propias instituciones. Contribuye a ello la inmensa mayoría que, con la mansedumbre tonta de siempre, prefiere mirar para otro lado antes que pedir que se cumpla Ley. Ignoran, y tal vez ignoramos, que siempre que en la Historia los mansos no quisieron enfrentar de cara las infamias y las injusticias, terminaron degollados por la minoría violenta. Escribo a propósito del alcalde de Cádiz y su impostura moral, además de ilegal, de izar una bandera republicana en medio de una rotonda de la ciudad. Lo que me preocupa es que no es la excepción. Invocando a la sacrosanta libertad, hemos decidido que podemos hacer lo que nos dé la gana. De esta manera, todo lo que en democracia creíamos asentado sobre consensos de complicada y enrevesada construcción se tambalea al socaire de chuscadas y atrevimientos impregnados de simpleza mediática e irresponsabilidad política. Pensábamos que no habría Brexit, y ahí está. Hasta puede ocurrir que la abundancia se trueque en miseria. Y será por nuestra culpa.

REINVENTAR EL PASADO

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Que nadie caiga en la necia tentación de ser condescendiente con ETA. Lo mejor que se puede hacer es escribir con rigor la historia de la victoria del Estado de Derecho y de la democracia sobre los asesinos. El mínimo tributo que podemos ofrecer a las víctimas y sus familias. No cometamos el error de mirar para otro lado cuando algunos traten de reinterpretar el relato de un infierno en el que los terroristas mataban de manera vesánica y contumaz, y el resto de la ciudadanía ponía los muertos. A ETA la derrotaron las Fuerzas de Seguridad del Estado, la Justicia y quienes se opusieron al trapicheo impúdico envuelto en la parafina de diálogo progresista. Tras tantos años de combatir el mal, los demócratas de buena voluntad deberíamos sacar la enseñanza de que solo se vence con principios y con la Ley. Valga, por tanto, ese paradigma para los otros desafíos que, desde la impostura moral de unos falsificadores, se plantean al conjunto de los españoles. Por favor, que nadie falsifique el pasado. Tal vez sea este uno de los mayores problemas actuales de España: la reinvención de su propia historia.

CONVERSACIÓN VENEZOLANA

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La denominada revolución bolivariana solo puede terminar en contrarrevolución, como así lo atestigua la Historia cada vez que ponemos la lupa sobre procesos similares. Salvo que Nicolás Maduro, en un arranque de lucidez, proponga un diálogo real y sincero para pactar una salida con la oposición a través de un gran pacto nacional de reconciliación. O se acuerda algo parecido, o Venezuela se aboca a un conflicto con derramamiento de sangre. El peor escenario. De todos estos años de chavismo, no queda más que un país desorientado, empobrecido, cuyos supuestos ideales de redención del pueblo se cuentan por fracasos. Solo así se explica que uno de los territorios más ricos del mundo en recursos naturales camine al borde de la hambruna. Las revoluciones son una oportunidad para cambiar. Cuando se empeñan en perdurar, degeneran en insufribles, intolerables e intolerantes. Gobierno y oposición deberían dialogar, es decir, escuchar al otro, incluso preguntar. Tal vez Rodríguez Zapatero ya no tenga toda la credibilidad para actuar de catalizador en esa necesaria conversación venezolana.

FUERA ES FUERA

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Pretender que una decisión excepcional, como la de Gran Bretaña de abandonar la UE, no tenga consecuencias de igual calibre refleja una ceguera suicida frente al resquebrajamiento de Europa. Los británicos, a tenor del contenido de la carta que activa el Brexit, buscan seguir disfrutando de todo lo bueno de la UE -en especial, del máximo acceso libre a su mercado único-, pero sin poner un euro ni someterse a sus leyes. Sería algo así como una cobarde adaptación del proyecto común a sus exigencias, que además los euroescépticos terminarían imponiendo para otros países. Es decir, las cesiones al nacionalismo y al populismo se cargarían el sueño europeo. Por eso es bueno que quede claro que quien quiere estar fuera de la UE está fuera, con todas sus implicaciones. En Europa vivimos tan sólo el 6 por ciento de la población mundial. Representa el 20 por ciento del PIB global y en su Estado del bienestar se invierte el 60 por ciento del gasto social de todo el planeta. Pertenecer a este exclusivo club implica un coste y el que sale lo hace a todos los efectos. Te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro.

LA INTUICIÓN DE SUSANA

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Susana Díaz es un animal político de enorme tamaño. Que nadie se la tome a la ligera. Tal vez no tenga la formación intelectual de Felipe González o de Alfonso Guerra, pero posee la virtud de saber llegar a la gente. Su gestión al frente de la Junta de Andalucía no la avala para hacerse con el Gobierno de España, pero posee mucha más experiencia de gestión que su verdadero rival en las primarias, Pedro Sánchez, ya que me temo que Patxi López tiene muy poco que rascar. Susana es una mujer con determinación, a la que acompaña una intuición política que en muchas ocasiones es más eficaz que un doctorado en la materia. Es la respuesta perfecta que el socialismo español puede confrontar con el populismo rampante de la extrema izquierda. De momento, su primer asalto consiste en derrotar a la versión meliflua de ese populismo, representada por el anterior secretario general. Es el sparring con el que la lideresa andaluza va a hacer guantes para dar batalla por La Moncloa. Todavía tiene una larga lista de tareas pendientes, pero mucho me temo que al PSOE, o lo salva Susana, o nada tiene que hacer en el futuro inmediato de este país.