LA BUENA VIDA

Nicolás Maduro, el amigo de Podemos e Iglesias Turrión, dice que Antonio Ledezma viene a España a darse la gran vida. Ese concepto de gran vida del sátrapa bolivariano consiste en poder salir a la calle, pasear sin que tu vida corra peligro, tomarse un café en un simple bar, leer periódicos libres y distintos, recibir a los amigos, hablar con ellos sin miedo a ser grabado, dormir sin temor a que la Policía aparezca abruptamente de madrugada en tu domicilio, comer algo cuando el cuerpo te lo pida y hasta incluso comprobar que esos zapatos que te gustan, que comprarías de buena gana, siguen costando lo mismo hoy que ayer. Por increíble que parezca, nada de lo que acaban de leer puede hacerse en el paraíso izquierdista de la Venezuela actual. La buena vida para un venezolano es sencillamente la vida cotidiana, normal, rutinaria y hasta en ocasiones aburrida de España. Pues sí, Maduro, Antonio Ledezma viene a darse la normal buena vida, la que tu le has hurtado a los venezolanos.

PRECIPITADO ADIÓS

La capacidad que el día y la vida tienen para sorprendernos sigue siendo infinita. Ayer, en Buenos Aires, cuando nadie lo esperaba, se murió José Maza, el fiscal general del Estado. Su súbita muerte, inesperada como casi siempre, nos pone de nuevo ante la fragilidad de la vida y lo efímero del tiempo, que discurre como un soplo de aire, que apenas uno percibe. Junto a su rigor y determinación como jurista y estudioso del Derecho, adornaba su personalidad con un carácter extremadamente cordial y campechano. Estaba a punto de cumplir un año de su llegada a su actual responsabilidad. El verano pasado pude compartir con él una amena y distendida cena previa a presentar su tesis doctoral sobre «La responsabilidad penal de los partidos políticos». En agosto me dijo que se iba a perder unos días por los caminos de la Galicia interior en compañía de su hijo, para recordar su tiempo de joven juez. Se ha ido demasiado pronto, aunque la suya fue una vida bien utilizada, lo que endulza siempre el lastimoso y precipitado adiós.

CONFUNDIR AL VOTANTE

Tras tanto torrente de mentiras proveniente del independentismo catalán, cuesta prestarles la más mínima credibilidad a sus portavoces. Ahora una tal Marta Rovira, a la que no se le conoce oficio ni beneficio, se descuelga contando que el Gobierno central amenazó con muertos en la calle. Deberían querellarse contra ella. La impunidad con la que se han movido es lo que les ha hecho crecerse. Solo cuando ven que el Estado de Derecho funciona es cuando se arrugan estos arrojados sediciosos. Lo de Rovira no es una posverdad ni una fake news. Es, sencillamente, una mentira. Una falsedad más con la que han adobado el potaje ideológico que ha logrado la dudosa honra de empobrecer Cataluña, de que huyan las empresas y de que finalmente la Agencia Europea del Medicamento no vaya a Barcelona. Entre otras razones, porque va ser difícil creer a Ada Colau, la mujer de lágrima fácil y corazón de piedra, después de haber utilizado con excesiva frecuencia y desahogo la mentira como argumento. La estrategia consiste en enmarañar para que los catalanes no se aclaren en las próximas elecciones.

LA MANO QUE MECE EL ADOCTRINAMIENTO

Lo sabemos. Lo hemos escuchado mil veces. Otras tantas, lo hemos escrito. Pero habrá que seguir insistiendo, porque toda repetición es poca: gran parte del problema catalán, y del populismo rampante, tiene su origen en la educación. Mejor dicho, en el adoctrinamiento. Cuando se educa, se forman ciudadanos libres; cuando se adoctrina, se narcotiza el espíritu crítico de las personas. En Cataluña, nada menos que el sesenta por ciento de los profesores es independentista. ¿Se imaginan cómo pueden ser esas clases? Y sobre todo: ¿los padres vislumbran el futuro que les espera a sus niños? Educación y medios de comunicación necesitan ser repensados allí porque, en nombre de la libertad, la fulminan. Invocan la democracia para ir en su contra, aparentan moderación para permitirse ser profundamente inmoderados, además de presentarse como pacifistas cuando violentan permanentemente la convivencia. Hasta ahora nada se ha hecho para contrarrestar todo esto. Se tardará años en normalizarlo, si es que alguna vez siquiera se intenta.

NO SÓLO CONFIAR

Mariano Rajoy cree en el sistema, en el nuestro, el que sitúa a España en decimosexto lugar del mundo en cuanto a calidad democrática. Por esa razón, el presidente del Gobierno, tanto ayer en el Congreso como el martes en la cadena Cope, mostró su confianza en que los catalanes se movilicen el 21 de diciembre e impidan que el independentismo vuelva a instalarse en la Generalitat. Está bien presuponer la buena voluntad de las personas, reflejo de que mantenemos un alto concepto de la condición humana. Pero también es cierto que una de las causas más poderosas por las que las sociedades terminan deslizándose por el precipicio es el exceso de confianza. Cataluña es el mayor problema de España y queda mucho por hacer al respecto, entre otras razones, por la dejadez de muchos gobiernos centrales durante años. Falta, por ejemplo, restañar heridas, cauterizar cicatrices, hacer pedagogía, contar la verdad a tanta gente de buena voluntad que fue engañada. No sólo hay que fiarse, hay que trabajar, aunque, cuando uno confía, manifiesta fortaleza de ánimo.

LA NUEVA CONDUCTORA

Ada Colau, la mujer de lágrima fácil y corazón de piedra, quiere convertirse en la gran lideresa del independentismo catalán, a pesar de que se ha pasado media vida de alcaldesa predicando lo contrario. Ahora, gracias a Pisarello, un argentino de Tucumán que jugó al fútbol en Madrid y al que le irrita la bandera del país que lo acogió, la regidora de Barcelona acaba de vislumbrar el horizonte de erigirse ella en la conductora de Cataluña hacia la secesión. El eterno sentido mesiánico de la extrema izquierda. Tampoco nos sorprende: ella ayudó a celebrar el 1-O y participó en él, se puso al frente de todas las manifestaciones contra España y, llegado este momento, rompe con el PSC. De todos modos, conviene tener presente que, desde el maniqueísmo histórico de estos antisistema, su estrategia consiste en generar el desorden, que es lo que está arruinando aquella esquina de nuestra península. Mientras queden cenizas del procés, todo serán sombras del viento revolucionario.

UN PUEBLO LONGEVO

En este país de los recortes y gobiernos crueles y opresores, resulta que estamos a la cabeza, junto con Japón, de la esperanza de vida del todo el mundo. Eso se debe, según los expertos, a un sistema sanitario de calidad e igualitario. Como también estamos a la cabeza en la menor mortalidad infantil o somos, desde hace un cuarto de siglo, el país que lidera los trasplantes de órganos en hospitales públicos. Claro que si usted hace caso a los propagandistas de los sediciosos catalanes o a la extrema izquierda, vivimos en el peor de los mundos, con policías represoras, políticos que oprimen al ciudadano, y que desprecian el buen ejemplo cubano, iraní o venezolano. ¿Es posible que todavía en España se compre semejante falacia? Es cierto que no tenemos una gran opinión de nuestro país. Estamos a la cola de la autoestima, pero va siendo hora que nos rindamos a la evidencia: España es aquel lugar del mundo, junto con el imperio del sol naciente, donde la gente vive más años. No obstante, alguien esta noche tratará de convencerle de que usted habita en un campo de concentración.

PULSO FIRME

Que nadie se equivoque: los sediciosos que están en la cárcel no son ni presos políticos ni hermanitas de la caridad. Son personas que llevaban dos años delinquiendo de manera organizada y deliberada. Han desobedecido a los tribunales y han atentado contra el Estado español, guareciéndose en el poder legítimo que el mismo Estado de derecho les había otorgado. Tal vez al PP y al PSOE les convenga verlos en libertad para no victimizarlos. Pero si creemos que la Justicia tiene que ser igual para todos, deberemos celebrar que nuestra democracia supere una nueva prueba y salga fortalecida de todo este envite. Al fin y al cabo, Junqueras, “los Jordis” y compañía han sido infractores consentidos durante mucho tiempo y atesoran para la Historia el dudoso mérito de haberse llevado por delante la paz ciudadana de Cataluña y su economía, además de comprometer seriamente el futuro de la tierra que decían defender. Por tanto, más allá de los cálculos electorales, me parece bien que la Justicia funcione. Menos mal que estaba la jueza Lamela. Otra decisión que no hubiese sido encarcelar a quien delinque, seguramente, sería un desastre.

COMBATIR LA DESIGUALDAD

La desigualdad es un problema casi tan viejo como la humanidad pero, en estos tiempos en que la sociedad es de una trasparencia casi obscena, la brecha económica entre unos y otros debería corregirse lo más posible. Ocurre, sin embargo, que a la derecha socialdemócrata que ahora gobierna buena parte de Europa sólo se le ocurre subir los impuestos y convertir el campo de juego de la economía libre en un terreno lleno de restricciones. Una economía más abierta y flexible, por paradójico que parezca, combatiría más eficazmente la desproporción entre rentas. Los seres humanos no somos iguales. Los hay más débiles, más aventureros, menos inteligentes, muy vagos… El catálogo es enorme. No todos servimos para todo. Pero algunos principios son, además de básicos, conquistas de nuestro tiempo: la igualdad de oportunidades y la educación. A partir de ahí, la libertad y la responsabilidad harán el resto… y la política fiscal del Gobierno de turno.

CATALUÑA COMO ENSAYO

Los independentistas catalanes no son conscientes de ello porque tienen una altísima opinión de sí mismos, pero fueron manipulados. Están convencidos de que son el centro del mundo. Por eso viajan poco y, cuando lo hacen, se llevan la vara en la mano. Así les va. Desde Sócrates hasta nuestros días, un poco de humildad nunca sentó mal. Lo cierto es que, más allá de su autoengaño, alguien ha querido aprovechar el dislate catalán para un peligroso ensayo: romper la UE por la vía de los sentimientos y las vísceras, y provocar un efecto dominó. Una Europa fuerte no interesa a casi nadie, salvo a quienes la habitamos. Sigue siendo el mejor proyecto de ciudadanía y de progreso que se oferta ahora mismo en todo el globo terráqueo. Primero fue el Brexit y ahora la sedición de Cataluña, afortunadamente abortada. La historia viene de lejos, por supuesto, pero alguien quiso pescar en un río revuelto, donde ciertos políticos perdieron el sentido de Estado y despreciaron la democracia y sus reglas. Pretendían reinventar el mundo, mientras actuaban de tontos útiles de alguna ambición de más altos vuelos.