CORAZÓN DE PIEDRA

Ada Colau, mujer de lágrima fácil y corazón de piedra, lleva malgastados dos años de su mandato municipal en Barcelona sin lograr la felicidad de sus ciudadanos, que era lo que ella prometía. Para alcanzar tan noble objetivo ha llegado a proponer que «si no te gusta una ley, puedes incumplirla». Esa es la síntesis de todo el pensamiento que está arrasando con los cimientos de las sociedades democráticas y avanzadas en las que tenemos la suerte de vivir. Lo que nos puede salvar de tanto fanatismo es justamente respetar las leyes, y ser conscientes de que esta opulenta sociedad en la que vivimos está llena de contradicciones, por las cuales el democrático juego electoral le permite a una persona como Colau llegar a ser la alcaldesa de la segunda ciudad de España a pesar de su escasa fe democrática que se evidencia en el hecho de no aceptar una recomendación del Ministerio del Interior para proteger las Ramblas con bolardos y maceteros. En esa infinita frivolidad en la que se mueven los populismos infantiles que nos gobiernan aparece de vez en cuando la dura realidad de la barbarie. Pero eso preocupa poco a Ada Colau, de lágrima fácil y corazón de piedra.

OPORTUNIDAD PERDIDA


A Puigdemont le preocupa más su «procés» que el yihadismo que puede arruinar la economía de Cataluña. Los de Podemos no entienden la importancia de la unidad en algo tan crucial como defender la vida de los ciudadanos; por eso no se suman al pacto antiyihadista. Y en la desnortada Navarra, un concejal se niega a condenar el atentado de las Ramblas. Tenemos un serio problema. Tal vez algunos de estos políticos juegan a ser nuevos ricos, convencidos como están de que aquí no hay que invertir ni un céntimo en los valores democráticos y de que podemos malgastar todo el caudal de civilización acumulado durante siglos. Somos así. Sabemos a quién tenemos que reprobar y censurar, sobre todo si es un político cabal que nos gobierna, pero no nos enteramos de cómo defendernos de la barbarie. Es otra consecuencia más del populismo: prefieren ignorar el mal y las causas que lo provocan. Por eso Puigdemont seguirá a lo suyo, Podemos mirará a otro lado, como hace siempre cuando hay víctimas inocentes -Venezuela, como ejemplo-, y en Pamplona ahondarán en su deriva totalitaria. ¡Qué oportunidad han perdido!

DEFENDED A OCCIDENTE


Esto es una guerra de verdad. Con campos de batalla distintos a las contiendas clásicas, pero una guerra al fin y al cabo. Así lo entienden los franceses o los británicos, también los holandeses y los alemanes, por eso ponen en marcha el nivel 5 de alerta máxima y despliegan a los soldados en las calles de París o Londres, pero en Cataluña, pese a registrar la mayor concentración de yihadistas de España, no se puede hacer lo mismo que en esas zonas de la civilizada Europa. Entre otras razones porque la vieja idea de la civilización occidental y democrática, según la cual no hay más autoridad que la ley y su justicia, está arrumbada por una emergente clase política populista, cuya incultura en este campo es enciclopédica, y por lo que nuestras sociedades se van agotando de manera ominosa e inapreciable. Es por ahí por donde se nos está inoculando la inesperada blandura de nuestras supuestas poderosas sociedades, que no saben enfrentarse al mal que ayer arrolló la vida de 13 personas y dejó a un centenar malheridas. Debemos llorar y condenar el espanto del atentado y reafirmarnos en las ganas de vencer.

JUSTICIA SEMIÓTICA

Lo que de verdad haría valientes a los magistrados que hoy convocan al presidente del Gobierno de España como testigo de una de las piezas de la Gürtel sería no citarlo. El camino fácil es el que han tomado, como en su día sentaron en el banquillo a la Infanta Cristina, cuando seguramente no habrían citado a otra persona sin vínculos con la Familia Real. Pero en la España actual el Estado de Derecho se nos va de las manos, y el coraje de los jueces es exactamente lo contrario: no hay narices para desatender al populismo reinante. En realidad, lo menos importante de este miércoles es lo que diga Mariano Rajoy, que igual podría haberlo declarado desde su despacho. Lo que se busca es humillarlo. La foto: el presidente sentado ante los jueces y atribulado por abogados y fiscales. Claro que, en todo lo que está pasando, alguna culpa tiene este Gobierno. Si hiciesen examen de conciencia, identificarían rápidamente sus pecados a la hora de defender la esencia de una sociedad libre basada en un Estado de Derecho. Como tantas otras veces, en el pecado está la penitencia.

UCRONÍA CATALANA

Los independentistas catalanes se envalentonan por momentos, y parece que siempre encuentran enfrente a unas autoridades un poco asustadas. Es algo que el común de los ciudadanos no comprende bien. Un Estado moderno y fuerte como es España no debería mostrar tanto temor a actuar. Bien es cierto que el Gobierno tampoco recibe demasiado apoyo de la oposición, más allá de Ciudadanos. Los socialistas se han convertido en parte del problema. Su recurrente invocación al diálogo con quien dice que va a desobedecer y que declarará la independencia de manera unilateral es como proponer parlamentar con un atracador armado. Son muchos, también entre la Izquierda, los que alaban la serenidad y aguante de Rajoy ante las provocaciones de Puigdemont y compañía. Otros insisten en el diálogo, y muchos pensamos que hace tiempo que la ley, la razón y la mayoría democrática del país avalan que la fortaleza del Estado y su solidez jurídica se hagan sentir. Habrá que hacerlo antes de que sea tarde. De todos modos, ¡cuántas energías malgasta la Generalitat en todo esto!: lo que podría ser y no está siendo.

¿TODAVÍA EN CRISIS…?

La crisis económica de la que ahora está saliendo España –porque hay otras crisis más graves de las que no parece fácil encontrar solución– estuvo bastante mal diagnosticada allá por el 2008 y totalmente distorsionada en su análisis en el 2011. Todavía quedan restos de humedad y aún no hemos alcanzado el nivel pre crisis, del 2007, y en algunos desequilibrios la recuperación será lenta. La realidad, de todos modos, es que España mejora mes a mes, a pesar de que la oposición política ignora ahora las dificultades sobre las que basó su discurso en pleno ojo del huracán económico. Las familias gastan más, se compran coches, el consumo interno crece, vuelven a subir las viviendas –el ahorro de la inmensa mayoría de las familias españolas–, exportamos más que nunca, crece la inversión extranjera y batimos récord de turistas. El FMI nos sitúa a la cabeza del crecimiento de las economías desarrolladas. Convive todo ello, sin embargo, con el pecado de la deuda, que hipoteca el futuro del país, el punto negro de la fiscalidad confiscatoria, y una oposición dispuesta a embarrar cualquier atisbo de luz.

ELOGIO DEL DESCANSO

Si Dios inventó el descanso al séptimo día, no parece que tenga mucho sentido que Cristina Cifuentes se cargue de golpe, en un acto de dudoso populismo, la idea de las vacaciones. El descanso es algo tan antiguo como el hombre, pero solo adquirió rango de ley y de obligación hace relativamente poco, cuando la civilización se impuso y el sentido común de personas como Bismarck o Churchill, dos revolucionarios de derechas, actuó de locomotora del progreso y sentó las bases del Estado de bienestar. Ahora, sin embargo, como todos los políticos, especialmente los de derechas, andan instalados en la demagógica carrera de demostrar quién es más de izquierdas, aparece la presidenta de la Comunidad de Madrid y renuncia a sus vacaciones, dejando en evidencia a todos aquellos que sí las esperamos con ganas y necesidad. Siempre desconfiaré de los trabajadores, directivos y políticos que están todo el día, toda la semana y todo el año en su lugar de trabajo. Por favor, no más lucecitas nocturnas ni mesiánicas para redimirnos. Ya sabemos hacerlo solos.

LOS LÍMITES DEL DOLOR

Entre las grandes lecciones de la vida, se encuentra el sobrellevar el dolor. No deja de ser una falta de coraje el no enfrentarse al sufrimiento y buscar escape por una vía de tan difícil explicación como suele ser el suicidio. Cuesta entender los pliegues últimos del alma de aquella persona que un día decide quitarse la vida. Cuando eso ocurre, siempre nos preguntamos por qué todavía no sabemos profundizar lo suficiente para llegar al fondo de la aflicción humana. La lucha contra la corrupción en España es necesaria, se está demostrando especialmente eficaz y se debe mantener la tolerancia cero sobre ella. Ahora bien, como sociedad tenemos un debate pendiente acerca de los límites del reproche moral que, a través de los medios, puede llevar al infierno en vida a muchas personas. Tal vez Blesa no tuviese fácil defensa, pero la desproporción con que la Prensa aborda todos estos casos puede provocar situaciones límite que nos sonrojan por la deshumanización y el arrase de costumbres que ya no afectarán al muerto, pero sí amenazan a los vivos.

LA IMPUNIDAD DEL FÚTBOL

También el fútbol debe ser igual ante la Ley. Durante muchos años, el llamado deporte rey y sus protagonistas, en especial la clase directiva, se movieron con una impunidad pasmosa. Les estaba permitido eludir a Hacienda y a la Seguridad Social, se malversaba dinero público, se utilizaban de manera gratuita instalaciones municipales, se pagaban cantidades desorbitadas y ser alto cargo garantizaba quedar blindado para casi todo. Ocurría así porque ellos invocaban la mística del fútbol. Como siempre que hay fechorías, la emoción se imponía a la racionalidad, y las aficiones estaban dispuestas a lo que fuera con tal de que su equipo ganase. Por eso buen número de clubes estaban quebrados y, a pesar de ser rescatados cada diez años, volvían y volvieron a las andadas. Menos mal que el tiempo, inapelable juez, acaba dando la razón a quienes hemos denunciado ese expolio una y otra vez. El deporte es importante para la sociedad española, pero no más que las pensiones, y no por eso las vamos a dejar quebrar. Nadie está por encima de la Ley, tampoco el fútbol.

AVANZA EL DETERIORO

En Cataluña, el deterioro de la democracia y del Estado de Derecho avanza inexorablemente, mientras el Gobierno central espera detener el proceso con alguna carambola kafkiana, que nadie conoce y todos ignoran. Quienes en Cataluña quieren cumplir la ley o muestran su temor a desacatarla son cesados fulminantemente. O bien se van antes de que los echen, como ayer hizo el máximo responsable de la policía autonómica, Albert Batlle. Su abandono es muy significativo. Se marcha asustado, argumentando sin rodeos «motivos políticos». Asistimos a un golpe de Estado en toda regla, con un organismo, la Generalitat, que fantasea con una constitución propia y un país independiente, en un claro delito contra el Estado, su integridad y su legalidad. Mientras, en La Moncloa, parecen tener miedo a utilizar todos los resortes del Derecho para defender a los ciudadanos de quienes nos quieren agredir. La unidad en algo tan esencial tampoco acompaña a la clase política: en un momento de emergencia nacional, Sánchez merendó ayer con el partido comunista pro separatista, Podemos.