Nada nuevo

Al socialismo español, a diferencia de los del resto del mundo, le fascina el nacionalismo. Demuestra incluso una especie de complejo de inferioridad, no se sabe muy bien por qué. Sólo hay que escuchar al secretario general de UGT, cuyos endebles argumentos parecen más propios de las antípodas del socialismo que de un pensamiento clásico de izquierdas. Allá él. El bueno de Josep Borrell se acaba de sumar a semejante ceremonia de la confusión de las supuestas fuerzas progresistas. El que se presumía la garantía de un gobierno sensato y firme frente a los golpistas. Ahora quiere la libertad de los sediciosos sin juzgarlos y la declaración de Cataluña como nación. Se olvidan ambos de una palabra que ha avalado a las democracias en los últimos doscientos años: igualdad. Pero un Ejecutivo sustentado con los votos independentistas está dispuesto a imponer su demagogia al resto de la sociedad. Ayer, por cierto, se celebró la tradicional Diada, y tanto el periodismo como la Policía local seguimos sin saber contar. Nada nuevo bajo el sol de España, aunque la crisis catalana compromete la continuidad de la propia democracia.