Rectificar

El Gobierno de Sánchez, el hombre que tiene miedo a las urnas, solo acierta cuando rectifica. Le ocurre aquello que solía decir Fraga. Ayer protagonizó la enésima enmienda. Primero se ponen estupendos, en plan ejecutivo bonito, negándose a vender un paquete de armas a Arabia Saudí, para a continuación envainársela ante la presión de los trabajadores de Navantia, que veían peligrar sus puestos de trabajo. Esto demuestra de nuevo que Sánchez no tenía –ni tiene– proyecto alguno para España. Solo quería, como se temían los peor pensados, dormir y ocupar La Moncloa y volar en avión oficial a una diversión privada. No imaginaba que gobernar entrañaba tantas dificultades. Nadie le debió de explicar que no te puedes poner estupendo con la inmigración, ya que no admite pavoneos ni exhibiciones, algunas tan obscenas como la de los ministros recibiendo al Aquarius. En realidad, el único plan que traía es desenterrar a Franco. Con semejante empeño, no arreglará ningún problema, pero intentará agarrarse, cuan naufrago, a esa madera, en medio del océano de la gobernación para la que parece que no estaba preparado.