Empobrecimiento

La situación que vive Cataluña es un enorme disparate, cuyo coste pagamos todos los españoles. No obstante, las peores consecuencias de los próximos años afectarán a los propios catalanes. Han sido advertidos hasta la saciedad, pero los independentistas se aferran al error con la contumacia que acompaña a todas las tragedias. Desde luego, el empobrecimiento de Cataluña no alcanzará a los Pujol, Mas o Puigdemont, por no mencionar conspicuos apellidos de estirpes empresariales que se hicieron ricas a costa de todos los españoles y que conforman una elite felona marcada por extraños complejos, más propios de Freud que de un sereno análisis racional. Porque, si algo es la Cataluña de hoy, es irracional y anacrónica. Por eso las grandes empresas se van, el turismo se resiente y el futuro se presenta negro, sin que Sánchez ni Torra ofrezcan esperanza alguna a los millones de ciudadanos que habitan allí y que no se creen nada del vaporoso discurso de ambos. En realidad, Sánchez dice sobre Cataluña una cosa distinta cada día. Torra, mientras, camina hacia la melancolía más absoluta. Y Cataluña se empobrece.