El ejemplo Rajoy

Hay que saludar con regocijo democrático todo lo que acontece en el PP. El reproche recurrente sobre su inmovilismo ya no vale de munición a sus oponentes. El congreso iniciado ayer, y todo el largo mes y medio previo, no puede despacharse, como suele hacer la izquierda mediática, a base de simplezas y sectarismos. Tal vez no hubo debate de ideas, como ocurrió con Sánchez, que en su día se presentó como el ala liberal del socialismo y ha acabado por aceptar el apoyo de los golpistas. Pero se ha estrenado una manera de llegar a la dirección del partido, que nada tiene que envidiar a la de ningún otro. Habrá tiempo para valorar esta nueva etapa. Hoy merece especial consideración Mariano Rajoy. Su bonhomía y ejemplo se agrandan día a día. Retornó a su plaza de registrador en un pueblo de Levante, sin apego alguno a los oropeles de los políticos cesantes. Abandonó su escaño y declinó privilegios y rentas vitalicias. Se gana el sueldo trabajando y viviendo con la mayor normalidad, como la inmensa mayoría de los ciudadanos. No tocará las narices a ninguno de sus sucesores, ni en Génova ni en La Moncloa, pero acudirá siempre que se le llame y lo necesiten.