Después del plasma

El denominado «Gobierno bonito» va tomando formas cada vez más feas. De nuevo tenemos en La Moncloa a un presidente que, además de no haber sido votado por nadie, solo quiere gobernar para la mitad de los españoles, mientras deja al resto estupefacto. Y eso que no ha hecho nada más que empezar. Lo que sí es evidente en él es que sus creencias democráticas flojean. Lo sabíamos desde hace tiempo, pero ahora queda aún más claro, no solo por haber aceptado llegar al poder a cualquier precio y forma, sino también por no haber dado ni una sola rueda de prensa en territorio español después de 42 días en el cargo. Lo del plasma de Rajoy era una broma al lado del silencio sonoro de Sánchez. Vamos, un demócrata lleno de coraje y valor. Tiene miedo a las preguntas de los periodistas. Este Gobierno necesita más compromiso con todos los españoles y menos espectáculo. Sánchez y sus ministros se sienten obligados a llevar la contraria en todo a sus predecesores. Por eso ofrecen cada día un dislate. Tal vez, para justificar que se quedan con lo esencial de Rajoy: el presupuesto, la reforma laboral y un país en vacaciones que ya no sufre la crisis.