Casualidades, pocas

Las casualidades y el azar existen, incluso en política, aunque es en este campo donde menos me fío de ellas, ya que suele ser terreno fecundo y abonado para las conspiraciones. No creo que Sánchez, al que nadie ha votado y ocupa La Moncloa con 84 escaños, haya llegado por suerte ni por un brote repentino de dignidad social, fomentada por Bildu y los independentistas catalanes. La situación actual de España se vuelve de enorme gravedad por momentos. Impera una corriente de autodestrucción y odio, alimentada –no se sabe muy bien el motivo– por un sistema mediático absolutamente desquiciado, mientras el Gobierno sale a ocurrencia por día, pero siempre en dirección contraria a la lógica. Llaman progresistas a iniciativas de involución, demócratas a los golpistas, defensores de la libertad a quienes nos la quieren recortar y generadores de riqueza a aquellos que nos arruinan y meten la mano en el bolsillo del ciudadano. Solo faltaba Nadia Calviño para confirmar lo que ya sabíamos: con el gasto anunciado por un Ejecutivo cada día más feo y represor, no vamos a cumplir el objetivo de déficit de la UE. Es decir, por mal camino.