Barcelona libre

La ciudad de Barcelona es deudora del mar, hija de una fértil historia, obra de millones de almas que a lo largo de los siglos la fueron esculpiendo hasta llegar a la hermosa realización de urbe española abierta a todos los vientos… Hasta que irrumpió el nacionalismo de Pujol y la convirtió al aldeanismo. Ahora, el populismo de Colau la ha hecho más pobre y menos libre. La alcaldesa dio ayer su autorización a colocar grandes pantallas en el territorio común de la ciudad condal para visionar el partido entre España y Rusia, pero lo hizo tan tarde y con tantas trabas, que imposibilita a los organizadores colocarlas. Detrás del gesto inicial de prohibición -y no es el primero- subyace el tic totalitario que realmente alienta a la extrema izquierda desde sus orígenes. Menos mal que el seny siempre acaba por aflorar, y la Barcelona de hombres libres, la punta de lanza de España en tiempos pasados, la que acogía a los mejores escritores en lengua española, regresará. Porque su alma está construida sobre el irrefrenable deseo de libertad, como toda obra de ser humano, y volverá a ser la locomotora de una tierra recuperada para la democracia española.