CAMPAÑA DE PUBLICIDAD

Alguien ha definido la acción de gobierno de Sánchez como una inmensa campaña de publicidad. La conclusión no puede ser más atinada. Todo es propaganda, postureo y apariencia, lo que no garantiza absolutamente nada bueno para el futuro de este país. Nuestros problemas siguen siendo los mismos que en mayo, con el único agravante de que, por lo expresado hasta ahora, las soluciones que se avizoran son ciertamente inquietantes. El peligro de Sánchez es que gobierne para él y su troupe, y se olvide del resto. El actual interino de La Moncloa no puede obviar que está ahí sin que lo hayan votado los ciudadanos. Camina, pues, sobre arenas movedizas y, cuanto más insista en lo formal, en el colorido y en la publicidad sin abordar la esencia real, además de hacernos perder un tiempo precioso a todos los españoles, estará banalizando y frivolizando todavía más la política. Está bien preocuparse de la imagen, pero resulta más importante cuidar de la vida. Esta obsesión sanchista por la iconografía de los grandes líderes, además de infantil, es peligrosa.