LA JAURÍA

Prolifera en España una jauría que destroza reputaciones y trayectorias profesionales. Tiene razón Màxim Huerta cuando la denuncia, pero se equivoca al situarla a un solo lado del espectro político. Desgraciadamente, esa retórica que Sánchez y los que le apoyaron utilizaron para auparse al poder con solo 84 escaños es la misma que se volverá contra ellos. Acaso creen los socialistas que los demás ni sangran ni les duelen sus heridas. Tal vez confían en mantenerse ajenos a la pulsión inquisitorial que también ellos han fomentado: agitaron con gusto a una justiciera sociedad española que clama cada mañana, en radios y televisiones, por ejecuciones simbólicas e inmediatas en la plaza pública de los medios. Dice Joaquín Leguina que para ser político hoy se requiere ser tan virtuoso como la Virgen María. Bastaría con que se serenase a la ciudadanía y valorásemos más a quienes están dispuestos a comprometerse con el servicio público. De todos modos, hace años que hemos expulsado a los mejores de la política. Por eso pasa lo que pasa. La jauría está con sus dientes afilados en las dos orillas del río.