Más futuro, menos muertos


Pe­dro Sán­chez, que es­tá en La Mon­cloa sin que los ciu­da­da­nos ha­ya­mos vo­ta­do tal in­te­ri­ni­dad, tie­ne so­bre la me­sa un buen nú­me­ro de pro­ble­mas: el de­sa­fío in­de­pen­den­tis­ta ca­ta­lán; la in­mi­gra­ción; el sui­ci­dio de­mo­grá­fi­co; la sos­te­ni­bi­li­dad de las pen­sio­nes; re­du­cir el pa­ro o ha­cer fren­te a la dis­rup­ción tec­no­ló­gi­ca y sus con­se­cuen­cias so­cia­les y eco­nó­mi­cas. Es de­cir, mu­cho ta­jo por de­lan­te, y to­do él orien­ta­do al fu­tu­ro, que es el te­rri­to­rio que que­re­mos ha­bi­tar en pa­cí­fi­ca con­vi­ven­cia quie­nes tran­si­ta­mos por el pre­sen­te. Sin em­bar­go, Sán­chez quie­re dar­le vi­da a su go­bierno in­te­ri­no a ba­se de los muer­tos. Una pa­ra­do­ja co­mo otra cual­quie­ra, con el agra­van­te de que esa ob­se­sión por el pa­sa­do so­lo sir­ve pa­ra po­ner en pe­li­gro la con­cor­dia de­mo­crá­ti­ca. Más fu­tu­ro y me­nos muer­tos. Nues­tras es­pal­das es­tán can­sa­das de lle­var­los a cues­tas, por eso si Sán­chez fue­se sa­bio, que no lo es, re­cor­da­ría el ver­sícu­lo de Ma­teo: «De­ja que los muer­tos en­tie­rren a sus muer­tos. Tú ven y sí­gue­me».

Barcelona libre

La ciudad de Barcelona es deudora del mar, hija de una fértil historia, obra de millones de almas que a lo largo de los siglos la fueron esculpiendo hasta llegar a la hermosa realización de urbe española abierta a todos los vientos… Hasta que irrumpió el nacionalismo de Pujol y la convirtió al aldeanismo. Ahora, el populismo de Colau la ha hecho más pobre y menos libre. La alcaldesa dio ayer su autorización a colocar grandes pantallas en el territorio común de la ciudad condal para visionar el partido entre España y Rusia, pero lo hizo tan tarde y con tantas trabas, que imposibilita a los organizadores colocarlas. Detrás del gesto inicial de prohibición -y no es el primero- subyace el tic totalitario que realmente alienta a la extrema izquierda desde sus orígenes. Menos mal que el seny siempre acaba por aflorar, y la Barcelona de hombres libres, la punta de lanza de España en tiempos pasados, la que acogía a los mejores escritores en lengua española, regresará. Porque su alma está construida sobre el irrefrenable deseo de libertad, como toda obra de ser humano, y volverá a ser la locomotora de una tierra recuperada para la democracia española.

SE IMPONEN LAS MINORÍAS

El problema actual de Pedro Sánchez, más allá de permanecer en la poltrona, es que no sabe exactamente cuál es el objetivo de su Gobierno. Se dirige a algún destino, pero que ni él es capaz de concretar. Solo tiene claro que quiere vivir en La Moncloa. A partir de ahí, se abren cientos de interrogantes. Uno de ellos es si, con el acercamiento de presos de una u otra estirpe, pretende sacrificar el apoyo del resto de España por lograr la estéril simpatía de nacionalistas e independentistas. De ser así, y de este modo está siendo, vamos a precipitarnos por el agujero del populismo, donde las minorías se imponen a las mayorías y, por tanto, la idea de la democracia gobernada por la voluntad con mayor respaldo social queda prácticamente en peligro de extinción. Podrá parecer exagerado, pero en España vivimos esa situación. No es un juicio de valor. Es la constatación de un hecho objetivo. Los españoles seguimos esperando saber qué piensa Sánchez de nuestros grandes desafíos pero, como ya habrá comprobado el lector, del inquilino sobrevenido de La Moncloa solo conocemos que su oficina de prensa es muy activa en el campo fotográfico.

CAMPAÑA DE PUBLICIDAD

Alguien ha definido la acción de gobierno de Sánchez como una inmensa campaña de publicidad. La conclusión no puede ser más atinada. Todo es propaganda, postureo y apariencia, lo que no garantiza absolutamente nada bueno para el futuro de este país. Nuestros problemas siguen siendo los mismos que en mayo, con el único agravante de que, por lo expresado hasta ahora, las soluciones que se avizoran son ciertamente inquietantes. El peligro de Sánchez es que gobierne para él y su troupe, y se olvide del resto. El actual interino de La Moncloa no puede obviar que está ahí sin que lo hayan votado los ciudadanos. Camina, pues, sobre arenas movedizas y, cuanto más insista en lo formal, en el colorido y en la publicidad sin abordar la esencia real, además de hacernos perder un tiempo precioso a todos los españoles, estará banalizando y frivolizando todavía más la política. Está bien preocuparse de la imagen, pero resulta más importante cuidar de la vida. Esta obsesión sanchista por la iconografía de los grandes líderes, además de infantil, es peligrosa.

PRECIO

La única moción de censura que triunfó en democracia, la que ha colocado a Sánchez en La Moncloa, tuvo que contar con el apoyo de Bildu, el brazo político de ETA, y de los independentistas catalanes. De lo contrario, no habría salido adelante. El PNV fue el último en sumarse. Todos nos preguntamos aquel 31 de mayo a qué precio. Parece que vamos conociendo detalles. Ayer tuvimos algún adelanto. Da la sensación de que se ha puesto en marcha un plan de cesiones para Cataluña: reforma de la Constitución, aceptación del Estatut ilegal, retirada de recursos ante el Constitucional, aplazamiento de la negociación autonómica para que quienes quisieron romper el país disfruten de una negociación bilateral aparte… Pero ahí no termina el pago, costeado por España, sin que la ciudadanía haya manifestado conformidad en las urnas y dando privilegios a unos para agravio permanente del resto. Hoy Esquerra quiere que el PSOE apoye una moción en la que se establece la relación bilateral entre el Reino de España y la Generalitat de Cataluña. Sánchez en La Moncloa nos va a salir muy caro.

VOLVER A ARAR

Ni un solo problema de los que atenazaban a España hace un mes está arreglado hoy, con Sánchez en La Moncloa, sin haberlo votado los ciudadanos y merced a un moción de censura espuria, que contó con el apoyo de Bildu y los separatistas catalanes. Será legal, no lo niego, pero también es todo eso. Mientras, Mariano Rajoy, como Cincinato en la Roma clásica, volvió a su trabajo cotidiano. Sánchez ya merienda en La Moncloa y el Cincinato español ara en su registro de Santa Pola. Lucio Quincio Cincinato fue un cónsul romano al que dos veces llamaron mientras cultivaba su tierra. En la primera resolvió una serie de problemas empantanados. Se marchó. Vino después la guerra y lo reclamaron de nuevo. Estaba labrando. Ganó y regresó a su granja. Renunció a los honores del general victorioso tras derrotar a los ecuos y a los volscos, y fue considerado arquetipo de rectitud, honradez e integridad. Tenía a su favor que entonces no había redes sociales ni canales de televisión. Vayan tomando nota de cómo nos gobiernan, instalados en una delirante obsesión por la imagen. Una de las lecciones que imparten los años es que solo vale la autenticidad.

CONTINÚA LA IGNOMINIA

El Rey Felipe VI sigue cumpliendo con Cataluña, y allí acude siempre que su presencia es necesaria. Por su parte, Torra, el presidente de la Generalitat y líder interino de los golpistas, mantiene su retórica arrebatada, consciente de que su razón de ser se fundamenta solo en una permanente confrontación con el resto de España. Un enfrentamiento descarnado y recalcitrante contra los valores democráticos que hoy representa nuestro Estado de Derecho. Lo sorprendente es que el Gobierno salido de la moción de censura, que no de los votos de los ciudadanos, se muestra complaciente y en apariencia dialogante en uno de los mayores ejercicios de estulticia política que se conocen. ¿Acaso Sánchez pretende arreglar la cuestión catalana con más medicina de la ya suministrada en su día por Zapatero y Montilla? Esas dosis nos trajeron hasta aquí, donde seguimos atrapados en un tormentoso conflicto que se alimenta de populismo, desorden, ineficiencia y deterioro económico. Lo siento por la mayoría de los catalanes. No merecen vivir así, pero todo puede ir a peor, y no será por no avisar. También en esto Sánchez se puede equivocar.

PENSAMIENTO ÚNICO

A la extrema izquierda española no le gusta la libertad. En realidad, nunca le gustó la libertad. Solo quiere mandar ella e imponer su paradigma. Por eso se irrita cuando alguien demuestra que existe biodiversidad ideológica, que no cabe unanimidad sobre ninguna materia y que la sociedad, afortunadamente, es plural. El pensamiento único, tan rentable para una parte de la izquierda española, ya no es posible. Las democracias se cimentan sobre principios que garantizan ese arcoíris de puntos de vista. Entre ellos sobresale el respeto a la opinión del otro, del diferente. De ahí que llamen la atención los ataques a la libertad de expresión de esos que se exculpan en nombre de lo políticamente correcto. La derecha en España arrastra un problema serio al no atreverse a reivindicar sus valores, mientras la izquierda anda en un permanente ajuste de cuentas desde una superioridad moral que no se sostiene sobre nada, y menos sobre los hechos objetivos de los últimos tiempos. Las relecturas de los clásicos siguen siendo buenas para recordar con Plutarco que, si no tienes enemigos, es que no has dicho la verdad. Pues eso.

CIUDADANO RAJOY

La salud democrática de España, superados casi doscientos años de trágica historia, se medía por el número de expresidentes vivos. El último asesinado, tras Cánovas del Castillo, Prim, Dato y Canalejas, fue Carrero Blanco. A partir de Adolfo Suárez, el primero elegido en las urnas con plena libertad, podíamos celebrar la buena forma de la que han gozado nuestros ex primeros ministros. Faltaba tan sólo que fueran capaces de superar el síndrome del jarrón chino y marchar con dignidad y alegría. No fue posible. Casi todos los inquilinos de La Moncloa se fueron enfadados y con cierto punto de amargura. Supongo que Mariano Rajoy está dolido por la forma en que terminó su Presidencia. Nada nuevo, por otra parte, en la contemporánea sociedad líquida, populista y del fraccionamiento electoral. Ha pasado, sin embargo, a ser el ciudadano Rajoy. Abandonó de manera ejemplar la primera línea y ahora vuelve a su puesto de trabajo, ganado a pulso hace muchos años. No habrá pensión, ni puertas giratorias, ni consejos… solo su empleo, como cualquier otro contribuyente. Otra vez ha puesto el listón muy alto. Por su normalidad y sentido común. Gracias.

RESPETO

Emmanuel Macron acaba de dar una lección a un joven compatriota que osó tutearlo en la distancia, en el curso de un acto oficial. Le explicó que debe tratarlo de usted, que él es el presidente de la República Francesa, que hay que cantar el himno del país y que, si quiere hacer la revolución, trabaje para merecer el respeto de los demás. Parece increíble que algo tan obvio se haya convertido en la noticia más comentada en Francia el día de ayer. La dictadura de lo políticamente correcto nos está haciendo menos cultos y, sobre todo, más maleducados. Recordemos a ese otro muchacho que golpeó a Mariano Rajoy de manera inopinada en la misma ciudad de Pontevedra. Desconocemos aún el trauma que desencadenó en el chaval semejante violencia. Macron tiene toda la razón: si educas a tu hijo en el rigor, el respeto, la disciplina y en los buenos modales, estás creando un demócrata; si le permites chillar en los actos públicos, insultar o agredir, estás modelando un dictador. La pedagogía que ayer ejerció el mandatario galo es una buena vacuna contra las dictaduras.