MALOS PASOS

Me temo que plantear una moción de censura al actual Gobierno por hechos acontecidos hace más de quince años puede tener rentabilidad mediática, pero es un desastre para el país. Salvo que lo que se pretenda con esa iniciativa sea instalarse de nuevo en el tumulto de la monserga parlamentaria, más cercana al filibusterismo que a la solución real de los problemas de España. Volvemos a colocar la política en tiempos recientes, que creíamos felizmente superados. Días en que el objetivo central –y casi único– de los diputados de la variopinta oposición era consumar un gobierno Frankenstein, no supimos nunca muy bien para qué: si para arreglar el conflicto independentista, abordar reformas o preocuparse de verdad por las cosas de la vida. Que la división de poderes haya funcionado y un tribunal condene una causa de corrupción que afecta al partido del Gobierno demuestra que la democracia goza de buena salud en este país. Fiscalizar al Gobierno es un acto democrático, pero en esta ocasión tener sentido de Estado y responsabilidad lo es todavía más.