EL PROPIETARIO

Probablemente sea uno de los pocos periodistas en España al que no le parece mal que Pablo Iglesias y su compañera, Irene Montero, se compren un chalé de 600.000 euros. Al contrario, lo veo muy bien. Sobre todo, si lo pueden pagar. Como no critico que se promocione al padre de Rita Maestre, buen profesional, en la Hacienda municipal de Madrid, o que el sobrino de la alcaldesa Carmena, Luis Cueto, sea su jefe de gabinete. Incluso aplaudo que cualquier concejal que necesite un coche oficial lo utilice. Lo que ya no me gusta de todos ellos, es que vean la viga en el ojo ajeno. Que hayan agitado la envidia. Qué menos que aspirar a una buena vivienda y tratar de afrontar una hipoteca cuando todavía se tiene larga vida laboral por delante. Pero esta izquierda antisistema creyó haber descubierto problemas y soluciones que los de antes no veían ni olían, y lo que es mejor: que se podía dar una patada al tablero para ocupar ellos la silla, la vida y el estilo de los políticos de siempre, pero con ellos sentados en la poltrona. Es humano y comprensible, no siempre justificable. Por eso entiendo a Pablo Iglesias y su legítima ansia de ser propietario.